Libros: Vórtices Viles


Un franco ejercicio de exploración, no sólo de lo que entendemos como experiencia literaria.


POR Staff Rolling Stone México  



Un franco ejercicio de exploración, no sólo de lo que entendemos como experiencia literaria.

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Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2012
Ruy Feben
Cuento

“…no hay más destino que los traumas de la niñez pudriéndose en el intestino” – Ruy Feben

México adolece de lectores flotantes y escrituras mansas. Literaturas de movimientos conocidos, predecibles, influenciadas por corrientes y tendencias que, replicadas página tras página, inundan anaqueles, libreros personales y cerebros. Lecturas sobre las que se flota, pues pocas veces representan un verdadero viaje de inmersión, uno que implique visitar terrenos desconocidos, enfrentar riesgos y encarar desafíos.

Por ello, cuando en el mar casi muerto de las mil y una novelas negras y del narco y los incontables manuales de superación en diez sencillos pasos, nos encontramos con un ejercicio como Vórtices Viles de Ruy Feben. Dejarse llevar parece más que prudente y hasta inevitable. Inevitable, sí, por una sencilla razón que se nota desde las primeras páginas: Vórtices Viles es un franco ejercicio de exploración, no sólo de lo que entendemos como experiencia literaria sino también, de las totémicas figuras de “autor” y “lector” y sobre todo, de la colectividad que se construye entre éstas dos.

Todos y cada uno de los textos que componen la obra son apuestas – a veces lúdicas y a veces viscerales – poco condescendientes, oscuras a momentos y profundas, aunque nunca turbias. Cabe decir que todo esto es producto de la precisión con la que Feben construye sus cuentos y que hace que el lector se enfrente a experiencias que lo mismo pueden semejar una broma sobre la obsesión humana con el ‘destino’(Presagio), una invitación a envenenarse con la nostalgia dulce-amarga por infancias que aún sangran (Aqueronte) o un despiadado golpe al estómago del desesperanzado ‘Yo’ que nos habita (Saudade); siempre a través de personajes bien trazados y piezas completamente circulares que confirman que el autor conoce bien los lugares por los que navega su escritura y por ende, no entiende de limitantes.

Mención especial merecen ‘Kroll’, un gracioso y descarado guiño a eso que muchos llaman ‘espíritu del tiempo’; ‘Siete cosas sobre Jerónimo’, perverso hilo de Ariadna para los amantes de cualquier tipo de auto-análisis y ‘Experimento 18681’, una belleza que comprueba que aún hay mucho por decir en cuestiones literarias. Digan lo que digan los amantes de los ‘ismos’.

Este debut – que funge también como buen augurio- sirve para recordarnos que el cuento será siempre un remanso para los amantes de las letras, uno que puede representar un cambio de ruta con posibilidades infinitas como los llamados vórtices viles. De estos, se dice que son portales hacia parajes desconocidos aunque no se ha comprobado nada hasta ahora. Literariamente hablando, podemos decir que sí, que se dice bien.

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