Lollapalooza día 1


Ozzy parece transformarse en cuanto toma el micrófono, agita su larga melena como en los viejos tiempos, impecables líneas de bajo de Geeser Butler. Tony Iommi luce intacto…


POR Staff Rolling Stone México  



Ozzy parece transformarse en cuanto toma el micrófono, agita su larga melena como en los viejos tiempos, impecables líneas de bajo de Geeser Butler. Tony Iommi luce intacto...

Por @Paos García
Fotos de Giancarlo Viloria

Un día antes del festival las calles de Chicago lucían tranquilas, como si nada fuera de lo común estuviera a punto de suceder. No se respiraba ese ambiente festivalero como en ocasiones anteriores, donde por todos lados veías anuncios de Lollapalooza. Sin embargo, la tranquilidad se rompió por completo el día de ayer.

Por las calles aledañas al Grant Park se veían enormes masas de gente, todos desfilando por debajo del legendario letrero de Lollapalooza. El calor era inclemente, como siempre, pero de vez en cuando la fuente principal recibía a los visitantes con alguna brisa refrescante. A diferencia de años anteriores, el parque lucía lleno desde las primeras horas, muchos estaban a la expectativa de grupos como Anamanaguchi, los neoyorkinos de 8 beats que lograron llamar la atención tras la creación del soundtrack de Scott Pilgrim vs. The World.

En el escenario Sony poco a poco se reunía la gente para ver la actuación de Tame Impala, quienes lograron conquistar con canciones como “Lucidity” y “Solitude is Bliss”, donde sus riffs lograron envolver a la gente en un aire psicodélico que ocasionaba que muchos cerraran los ojos y se dejaran llevar por el momento y el calor.

De camino al escenario Bud Light, una voz hizo que nos detuviéramos en uno de los escenarios que están en medio del bosque, el BMI, donde Dry The River entonaba la melancólica “No Rest” ante un público que los observaba atento. Las bandas británicas pocas veces tienen buena aceptación en festivales estadounidenses, pero este quinteto de Londres parecía tener hipnotizado al público, que permanecía sentado sobre el pasto coreando “New Ceremony”. Sin duda una gran imagen.

Por su parte, los canadienses de Metric no tuvieron mucho por qué pelear, años de gira en el país vecino les ha valido tanto su lugar en los escenarios principales, como en el gusto de la gente, por lo que su set no va encaminado a los clásicos seguros que presentan en México, por ejemplo, sino que se fueron directo y sin problemas al nuevo disco, con una actuación confiada, eso sí, parecida a todas las que les hemos visto antes.

Quienes sí lograron dar una actuación brutal fueron los de SBTRKT. Escenario pequeño, el Google Play en medio del bosque, que poco a poco se transformó en una enorme fiesta que te hacia olvidar que estabas en un festival y que había más bandas tocando al mismo tiempo. Aaron Jerome destrozaba la batería y soltaba los sampleos de M.I.A. y Basement Jaxx, mientras Sampha interactuaba con la gente y soltaba algunos loops de dubstep y house. Sólo dos tipos contra cientos de personas bailando, definitivamente no querías ni moverte de ese lugar.

Una de las actuaciones que lograba curiosidad entre muchos era la de Thenewno2, la banda liderada por Dhani Harrison, hijo del ex Beatle. Aunque no era su primera vez en el festival -hace un par de años se presentó en el escenario infantil Kidz Palooza con Perry Farrell– sigue escalando su posición en el cartel. En esta ocasión estuvo en el BMI presentando su nuevo disco thefearofmissingout, donde el sencillo “Make it Home” fue la clave para activar al público. Aunque muchos estaban ahí por tratarse del hijo de George Harrison, al final su combinación musical que va desde un sucio dubstep, hasta lo acústico y amable de un ukelele, logró sorprender a muchos, sobre todo a Perry Farrell, quien lo observaba entre la gente con orgullo.


Del otro lado del parque, The Shins hacían que la tarde se llevara mejor. El Sol poco a poco se ocultaba mientras James Mercer y compañía embelezaban a todos con melodías amables de su nuevo álbum Port Of Morrow, como “It‘s Only Life“ y “Simple Song” que, sorprendentemente, hizo coro en un campo repleto de gente. La magia de The Shins hacía que el cansancio del día se olvidara por instantes, o al menos durante su set, que era disfrutado incluso por los integrantes de The Black Keys, quienes atentos observaban detrás del escenario.


Ya caída la tarde, en el Bud Light se daban las últimas indicaciones para la presentación de Black Sabbath. “No se asusten si Ozzy les avienta agua”, les decían los encargados de prensa a los fotógrafos. Y es que al lado del micrófono podía verse la enorme cubeta de agua con la que más tarde Ozzy se bañaría para soportar el calor. En las pantallas del escenario comenzaron a correr videos de los primeros años de Black Sabbath, todo ese poderío legendario que lograba incendiar escenarios y que los hicieron formar parte de la historia del metal y del rock de hoy en día.

A pesar de los años, del salvaje estilo de vida y de los incidentes, Black Sabbath estaba de regreso, lamentablemente sin Bill Ward en la batería, pero con un Tommy Clufetos decidido a dejar el alma sobre el escenario para rendirle pleitesía a la historia del grupo. Ozzy parece transformarse en cuanto toma el micrófono, agita su larga melena como en los viejos tiempos, mientras entona la memorable “Iron Man” con toda esa crudeza de los setenta gracias a las impecables líneas de bajo de Geeser Butler. Tony Iommi luce intacto, salvo por el paso del tiempo en su rostro, pero sigue destrozando guitarras con potentes riffs que hacen denotar por qué es considerado uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos. El cáncer, literalmente, le vio el polvo.

El llamado Príncipe de las Tinieblas trataba de redimir los mejores tiempos de la banda, una tímida interacción entre los tres con señales cómplices de que aquello iba bien. Los solos de Iommi dejaban sin aliento, aunque el ritmo en canciones como “War Pigs” no eran los mismos de antes, ahora son un poco lentos, pero conservan ese aire denso y crudo en las guitarras, como en “Paranoid”, canción con la que cerraron su actuación.


Del otro lado del parque, en el Red Bull, The Black Keys le cantaba a la Luna con “Howlin’ For You”. Su set fue seguro, canciones del disco Brothers que los trajo a la fama, donde sonaron “Lonely Boy” y “Gold On The Ceiling” bajo fuegos pirotécnicos. Resultó interesante ver la respuesta de la gente que, incluso sin poder llegar cerca del escenario por el cansancio, coreaba las canciones a lo lejos.

Personalmente me quedo con la imagen de Black Sabbath tocando “Paranoid”, teniendo de fondo la impresionante imagen de la ciudad iluminada.

Hoy nos espera otro día de largas caminatas y visitas a muchos escenarios, donde el plato fuerte serán los Red Hot Chili Peppers. Seguiremos reportando…

Lollapalooza

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