Mötley Crüe y Kiss en el Foro Sol


Como en los buenos tiempos, Mötley Crüe y Kiss rockearon al Foro Sol como nunca antes


POR Staff Rolling Stone México  



Como en los buenos tiempos, Mötley Crüe y Kiss rockearon al Foro Sol como nunca antes

Por Juan Carlos Villanueva
Fotos: Antonio Sánchez

…Y de repente, abres el clóset, quitas las telarañas que el tiempo ha tejido, y buscas todas esas rolitas en los cajones de tu memoria hasta que salen joyas como “Shout at the Devil”, de los Mötley Crüe o ese joyita de “Detroit Rock City” de Kiss, y te piensas en 1980-y-algo, y te sientes chavo, y te notas con mucha onda, hasta te ves melenudo, rebelde, ponzoñoso, caliente… qué importa, carajo, si por una noche el Foro Sol se convirtió en una fantasía adolescente hecha realidad: Tienes en frente a los Crüe y los Kiss, rockeando sin piedad, delicioso, tan bien o mejor que cómo lo hacían en sus años tiernos y lúcidos. No hubo ego, nadie fue protagonista, los dos dieron su show sin celo de por medio. Por un momento, el Foro Sol se convirtió en una máquina de túnel del tiempo donde, muy posible en los rincones de nuestra imaginación, andaban el Dr. Tony Newman y al Dr. Douglas Phillips empinándose unos tragos y metiendo mano a algunas chicas que Dr. Feel Good llevó a la bonita velada.


La noche del 29 de septiembre fue caótica, excitante y correosa. Una lluvia rebelde dijo: “Ahí les va el agua”. Pero el heavy metal no se oxida. Sólo un retraso, Mötley Crüe empezó hasta a las 22:00 horas. Ahí estaban Vince Neil con una voz impecable, recuperada pero algo cojo, seguro por “andar en malos pasos”, nada nuevo cuando hablamos de los rockstars más rabiosos de los años ochenta. Mick Mars con su guitarra se volvió el alma maestra como siempre; Nikki Sixx sigue jugando el papel de genio, algo silencioso, pero mordaz; Tommy Lee con sus piruetas y malabares, divertido y cabrón, no se raja y golpea los parches de la “bataca” hasta verlos “sangrar”. ¿Por qué las bandas de ahora ya no son tan coquetas, ni tan rabiosas, menos juguetonas, y tan poco deliciosas? ¿Por qué ya no tocan como Dios manda? Es muy posible que, de las cuatro veces que Mötley Crüe ha venido a México, ésta haya sido la mejor de sus presentaciones. Sonaron impecable “Saint of Los Angeles”, “Wild Side” (aunque se filtraban algunos coros pregrabados), la bonita “Shout at the Devil” y “Same Ol’ Situation (S.O.S.)”, hasta que a punta de “fucks”, “mother fuckers” y “shits”, el reverendo Lee pasó de la batería al piano para interpretar con la banda “Home Sweet Home” y en seguida su circense solo de batería donde, en una estructura circular, Lee giraba como le venía en gana. Luego, tocaron la longeva “Live Wire”, “Primal Scream”, “Dr. Feelgood”, “Girls, Girls, Girls” (donde un enfadoso Justin Bieber aparecía coqueto ilustrando el coro de “chicas-chicas”) y cerraron sublime con “Kickstar My Heart”. “Faltaron chichis”, exigían los presentes hacia las coristas-bailarinas que acompañaban al grupo. Los Crüe cumplieron, no hubo “chichis” sueltas, pero lograron calcar esa chispa de ingenio, provocación, incluso inocencia, eso que los hizo espontáneos pero que nos dejaron ver qué tan lejos estamos de los años ochenta…

A las 23:45 horas entraron los maestros de la teatralidad en el rock & roll: Kiss. Minutos antes de salir al escenario, Paul Stanley recibió una llamada donde le informaron sobre la muerte de su madre, Eva Eisen, cuestión de la que el resto de la banda se enteró hasta el término de su actuación y que, gracias a su profesionalismo, el público ni se enteró.

OK, está bien….en efecto, no era la banda la original, sólo Gene Simmons y Paul Stanley acompañados de dos impostores disfrazados de Peter Criss y Ace Frehley, pero qué importa, si Kiss –además de haberse convertido en una de las empresas más redituables del rock– es una tótem edificado por el tiempo y los miles y miles de fans que les rinden culto religioso. Espectaculares, explosivos y nostálgicos sonaron “Detroit Rock City”, “Shout it Out Loud” y un Stanley hablando en español: “Comprendo tus sentimientos y mi corazón es tuyo”; en seguida “Firehouse” y Gene Simmons tragándo fuego, la nueva “Hell or Hallelujah”, “War Machine”, “Shock Me” y el solo de bajo de Simmons que incluye reflujos de sangre y vuelos hacia el tope del escenario para seguir con “God of Thunder”.



Y si Simmons volaba hacia el techo, entonces por qué no Stanley lo hacía hacia el epicentro de la fanaticada. Así, cruzando por los aires y las manos arriba del público, Paul llegó a un pequeño estrado para tocar “Love Gun”. Luego, de vuelta con su banda, siguieron dándole a clásicos como “Lick it Up”, “Black Diamond” y tras el encore la rola sorpresa de la noche, esa que no tocaron durante toda la gira pero que guardaron para México para hacernos sentir apapachados y viajar a 1981 con “I Was Made for Lovin’ You”, recordar nuestras teles de bulbos y viendo el canal 8, cuando ponía el video cada vez que cambiaban de programa. Finalmente, tocaron “Cold Gin” y “Rock and Roll All Nite”. Y así, Tony y Douglas del Túnel del tiempo –enfiestados y con unos tragos encima–, el clóset de la abuelita de nuestros recuerdos, los parches de Kiss que se adherían con tan sólo pasar la plancha sobre nuestras ropas de infancia y adolescencia, incluso hasta el jocoso cuento de CHISS, de Simón Simonazo, pasaron por nuestra memoria mientras el delicioso aroma del vinyl queda impregnado en las manos y el tornamesas sigue tocando esas rolitas hasta que enciendo el iPod: El sueño se acabó.

Kiss en México

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Kiss en México por Antonio Sánchez



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