Peter Hook en la Ciudad de México


Durante más de una hora el Pasagüero se transformó en aquel Manchester de 1979, y el espíritu de Ian Curtis volvió a caminar entre nosotros.


POR Staff Rolling Stone México  



Durante más de una hora el Pasagüero se transformó en aquel Manchester de 1979, y el espíritu de Ian Curtis volvió a caminar entre nosotros.

Fotos y reseña de Oscar Villanueva

Antes de que Peter Hook tocara la primera nota pronunció unas palabras. Éstas lograrían marcar a la gente que al final logró conseguir boleto (los cuales se agotaron unas horas antes del concierto) y a los que llegaron desde temprano para apañar lugar hasta adelante ( o empujarse entre la multitud para estar cerca, en un concierto donde todos querían estar más cerca).

Aún así y con tal emoción, muchos desestimaron el concierto. “Otra oportunidad para sacar el nombre de Ian del baúl de recuerdos”, o “sacar dinero de su memoria” pensaron algunos; otros suponían que sería semejante a ver una banda de covers con un miembro original. La mayoría simplemente no sabía qué esperar. ¡Ah! Pero cómo los callaron cuando sonaron las primeras notas de “No Love Lost”, desde esos primeros segundos las cosas cambiaron súbditamente, todos se volvieron creedores porque estaban oyendo algo bastante especial y, conforme avanzó el setlist, hasta los más escépticos terminaron convertidos.

Peter Hook

No fue hasta después de la cuarta canción que la razón por la visita de la banda se manifestó: tocar Unkown Pleasures completito. La manera como interpretan el disco se oye magnífica (gracias a esa exigencia inglesa, se tuvo una gran sonido), fiel a lo que innumerables personas llevan décadas escuchando, pero donde las melodías fueron pasadas por un triturador para salir más abrasivas, con una urgencia de que si no se tocan ahora, jamás volverán a ser escuchadas. Pero terminado el ritual, ¿qué sigue? Continuar complaciendo a un público que no logra creer lo que está sucediendo, ya que es tal la reacción de éste que la banda decide agregar un encoré. El momento culminante de la noche lo formaron las últimas cuatro canciones con “Ceremony” como la punta.

Durante más de una hora el Pasagüero se transformó en aquel Manchester de 1979, y el espíritu de Ian Curtis volvió a caminar entre nosotros. Las palabras que pronuncio Hook antes de comenzar el concierto se volvieron proféticas de alguna forma: “¡Les dije que regresaría!”.



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