Sonó el ritmo prodigioso de Ritmo Peligroso


Ritmo Peligroso nació rebelde, su cuna fue el punk y fue precisamente de ese anochecer setentero que abrieron con un bloque de sus primeras canciones, convirtieron al Teatro Metropólitan en un hoyo fonqui


POR Staff Rolling Stone México  



Ritmo Peligroso nació rebelde, su cuna fue el punk y fue precisamente de ese anochecer setentero que abrieron con un bloque de sus primeras canciones, convirtieron al Teatro Metropólitan en un hoyo fonqui

Por Chava Rock (@Chava_Rock)
Fotos de OCESA/Lulú Urdapilleta.

No fue noche de nostalgia como podría presagiarse el festejo de una banda de 34 años de formación. Fue una celebración a buena parte del rock que se ha hecho en nuestro país, a ése que forjo el camino hacia un rock mexicano. Bajo este esquema es que se realizó el sábado 25 de agosto el concierto de Ritmo Peligroso en el Teatro Metropólitan.

La noche la abrió Rostros Ocultos, una banda que mantiene tanto su frescura como su potencia, bastó apreciar a sus tres miembros originales: la destreza de Arturo en la guitarra, la fuerza de Bola en la bataca y la todavía impecable voz del Cala. Los tapatíos se animaron a abrir con su rola más conocida: “El Final”. ‘La Ciudad de México es como un orgasmo’, sentenció Cala al interpretar “Abre tu Corazón”.

Ritmo Peligroso nació rebelde, su cuna fue el punk y fue precisamente de ese anochecer setentero que abrieron con un bloque de sus primeras canciones, convirtieron al Teatro Metropólitan en un hoyo fonqui con un Caifán al frente, el maestro Sabo Romo, quien los acompañó en el bajo.

Up ‘n Down”, “Indocumentado”, “Colors”, y hasta un cover a los Sex Pistols, “No Feeling”, fueron uno de los grandes momentos de la noche.

Continuaron con un set más percusivo, destacando la participación de su baterista, “El Gato” Arce, con temas como “Tráfico”, “Pa’ qué Violencia” y “Contaminando”. Temas que levantaron de sus asientos a la gente que coreaba esas rolas que en algún momento fueron parte de su vida. También estaban varios niños recibiendo, quizá por primera vez, su primera gran lección de música.

Los invitados fueron tres dignos representantes del rock mexicano, un Caifán, Sabo Romo; un Botellita de Jerez, Sergio Arau, y un Maldito, Sax.

Una de las particularidades del Ritmo Peligroso es el alto nivel de ejecución de sus músicos: Avi Michel, al bajo; Jorge Arce, batería; Piro, voz; Mongoose Ávila, guitarra; Mosy, guitarra; Manuel Murillo, percusiones; Jorge Bautista, percusiones, y Felipe Saray, teclados. Un gran combo que simplemente sonó admirable, pese algunos problemas en el sonido.

Piro presentó con ironía “Narconación”: no sé en qué momento escribimos esta canción. También dijo con humor al presentar “En la Mira”, no me acuerdo por qué esta canción no la incluimos en el disco que lleva este nombre. Piro es un gran cantante, mantiene una gran vitalidad, tanta que hace decir a Sergio Arau: ‘cumplen 34 años, pero aparentan menos’.

Por esos 34 años es que programaron 34 canciones en casi 3 horas de música. Otro de los bloques fue el set acústico que se abrió con Piro solo en voz y guitarra (la armónica nunca se escuchó), interpretó un tema de Bob Marley, “Redemption Song”.

Disfrutables los arreglos a temas como “Tiempo de Amar”, “Rompe mi Sentimiento”, “Tu Cara y Verena” y “Amor en América” (de este corte presentaron sus dos versiones). Después siguió el cierre con mucha potencia, con “Marielito”, “La Guerra Acaba”, “Rock del Tercer Mundo” y “Algo va a Suceder”. El adiós se dio con “Déjala Tranquila”.

Una gran noche difícil de olvidar gracias a este Ritmo prodigioso.

Ritmo Peligroso

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Fotos de OCESA/Lulú Urdapilleta.



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