Slayer en el Palacio de los Deportes


Un mar de brazos levantados haciendo la señal de “maloik” es todo lo que se alcanza a en la pista, mientras Tom Araya mira satisfecho desde el escenario.


POR Staff Rolling Stone México  



Un mar de brazos levantados haciendo la señal de “maloik” es todo lo que se alcanza a en la pista, mientras Tom Araya mira satisfecho desde el escenario.

O cómo deje de preocuparme y deje que me taladraran el cerebro…
Palacio de los Deportes. 21 de junio

Por Oscar Villanueva
Fotos Salvador Bonilla

Un mar de brazos levantados haciendo la señal de “maloik” es todo lo que se alcanza a en la pista, mientras Tom Araya mira satisfecho desde el escenario.

SLAYER  07
Su labor y la del resto de la banda, han rendido los deseados frutos. Todos los asistentes tienen a partir de esa noche, ligeramente más hundido el cráneo (los que se metieron al slam seguro juntaron otras lesiones) causado por más de hora y media de la arrolladora batería de Dave Lombardo, las devastadoras guitarras de Kerry King y Gary Holt (sustituyendo a Jeff Hanneman, que continua en recuperación) y la voz Araya, que parece haber surgido desde algún pozo perdido en el infierno, donde lo único comestible son sus llamas perpetuas.

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Slayer maneja dos clases de canciones: rápidas y muy rápidas. La velocidad con la que uno mueve la cabeza depende de eso. Los demás movimientos del cuerpo se desprenden a partir de eso.

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A diferencia del concierto del 2007, los clásicos los guardaron para soltarlos hasta el final, pero desde que Tom mencionó: “Bienvenidos, vamos a tener un tiempo muy bueno” mientras sonreía (¡mon dieu, un metalero contento!), ya todos sabían que sería una noche inolvidable.

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Más fotografías del concierto en la edición empresa de julio.



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