The Dresden Dolls en México


La emoción estalló cuando pasadas las diez de la noche The Dresden Dolls tomó el escenario; Brian Viglione vestido de agente de tráfico (incluidas las líneas reflejantes) y Amanda Palmer ataviada en un kimono beige.


POR Staff Rolling Stone México  



La emoción estalló cuando pasadas las diez de la noche The Dresden Dolls tomó el escenario; Brian Viglione vestido de agente de tráfico (incluidas las líneas reflejantes) y Amanda Palmer ataviada en un kimono beige.

Por Verónica Galicia
Fotos Oscar Villanueva

Pasaron dos años y un disco solista antes de la reunión, pero fueron necesarios seis largos años para que The Dresden Dolls pisara nuevamente los escenarios mexicanos después de aquella mítica presentación como teloneros de Nine Inch Nails en 2005. En ese entonces tenían sólo un disco de estudio y muy poca exposición en nuestro país, lo cual no fue impedimento para que dejaran una huella imborrable en el público mexicano con su magnífica presentación.

Más allá de las chicas caracterizadas de Amanda Palmer en primera fila, de algunos fans con caras pintadas de mimo o calavera, y de las muchas medias a rayas blanco y negro; entre la audiencia en general se sentía vibrar la expectativa por la presentación del dueto de Boston en un Teatro Fru Fru completamente lleno.

La emoción estalló cuando pasadas las diez de la noche The Dresden Dolls tomó el escenario; Brian Viglione vestido de agente de tráfico (incluidas las líneas reflejantes) y Amanda Palmer ataviada en un kimono beige. Abrir la noche con su delicado cover a “Cosmic Dancer” de T. Rex no fue sólo una gran decisión sino un augurio de lo que estábamos a punto de presenciar. Un arranque intenso al piano con “Sex Changes”, “Bad Habit”, “Gravity” y “Missed Me” demostró el impacto que tienen en el escenario y la increíble cohesión que sigue existiendo entre ellos.

Palmer se dio a la tarea de recopilar peticiones entre sus fans mexicanos para presentar un set con selectos temas de sus dos discos de estudio, inesperados lados b como “The Mouse and The Model” y un sinfín de covers que corrieron desde Black Sabbath hasta Nick Cave, pasando por “Science Fiction Double Feature” y una sorpresa inspirada en la presentación de Morrissey a la que asistieron la noche anterior en el Plaza Condesa. Cuando Amanda cantaba apasionadamente “Please, Please, Please Let Me Get What I Want” de The Smiths, extendiendo sus brazos al público y recibió un muñeco bebé de papel maché, con una escandalosa carcajada interrumpió el cover para preguntar “Dios, ¿esto es lo que realmente quiero?”.

The Dresden Dolls

Seguro había una línea inicial para delimitar el espectáculo, así como había una hoja blanca con un setlist pegada en alguna parte, sin embargo, Palmer demostró con su alta sensibilidad como músico, performer y excelente anfitriona, cómo convertir el show de una noche en un espectáculo íntimo e inolvidable de más de dos horas. “Les tenemos una buena noticia, no tenemos toque de queda, así que podremos hacer todos los encores que quieran. Veamos como se desarrolla la noche y cuánta cerveza queda tras bambalinas”.

A la mitad del espectáculo, Palmer salió del escenario para minutos después regresar enfundada en el famoso vestido vintage semitransparente con cuentas, de aquella alfombra roja de los Golden Globes que la llevó a ser acusada por la prensa de estar “zorreando por fama”. Con un sombrero militar y una botella de vino tinto en mano, comenzó a entonar una intensa versión de “Amsterdam”, y después compartió su emoción de regresar a México y la grata sorpresa que le causa que The Dresden Dolls sean tan bien recibidos a pesar de no ser una banda mainstream.

The Dresden Dolls son altamente carismáticos y talentosos (no olvidemos que Palmer considera a Viglione uno de los mejores bateristas de su generación). Esto parece ser la combinación perfecta para pasar de las escatológicas historias sobre calamar a frágiles momentos como “Delilah”, de la divertida historia detrás de “Última Esperanza”, a la personal e introspectiva “Half Jack”, de Amanda Palmer cambiándose de ropa en el escenario a la liberadora suavidad de “Sing”, del más crudo estruendo de su brillante interpretación de “War Pigs”, a no terminar una canción con risas porque se rompe una cuerda de guitarra.

Un detalle curioso de la noche, Palmer abandonó en la tarima junto al teclado su tan querido ukulele; instrumento al cual le compuso un himno y hace responsable de sentirse liberada musicalmente, mismo que le inspiró a realizar un disco de covers de Radiohead y compañero inseparable de sus últimas presentaciones en los campamentos de Occupy Wall Street.

Después de tres encores, más de veintidós canciones, un público satisfecho, sorprendido y contento; Palmer anunció que al final del show firmarían todos los discos, posters y playeras que la gente llevara o comprara en la mercancía oficial de la banda. The Dresden Dolls se despidieron del escenario tomados de las manos con una gran sonrisa de satisfacción.

Amanda Palmer ha sido criticada y calificada, desde su poco convencional belleza, hasta la manera independiente en que maneja su música. Medios y editores se han dado por vencidos tratando de etiquetar la música de The Dresden Dolls, sin entender que más allá de las poses teatrales, las letras dramáticas, el maquillaje de mimo, las playeras rotas de The Who y el exhibicionismo malinterpretado, hay una artista expresándose en muy completas, diversas e interesantes capas. Un espectáculo del estilo que nos gustaría ver más en nuestro país.

The Dresden Dolls

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The Dresden Dolls por Oscar Villanueva

“Ninja Gig” de The Dresden Dolls en el Parque España, de la ciudad de México



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