Cuando el niño dejó de serlo


‘Kid A’, de Radiohead, festeja sin chambelanes


POR Álex Carranco  



@AlexCarranco

El 2 de octubre no se olvida. Y aunado a aspectos sociales y políticos, la música siempre ha sido el ritmo de una nación. Pero fue hace 15 años cuando la banda inglesa, Radiohead, lanzó su cuarto álbum de estudio: Kid A, la respuesta al angustioso compromiso musical después de haber editado el conceptual OK Computer (1997), disco que la crítica especializada glorificó, aunque Thom Yorke nos contó que “estaba aburrido. Amaba ese disco. Pero la sola idea de tener que quedarme atrapado en esas canciones por un año y medio, sin variaciones, sin cambios, sin nada novedoso, fue algo con lo que tuve que lidiar muchísimo. Cada vez que terminábamos una canción, me quedaba ahí, congelado”. Después, nació Kid A.

Un teclado da forma a una melodía mientras unos susurros se confunden en nuestros oídos para escuchar el primer tema, “Everything In Its Right Place”. Radiohead nos daba la bienvenida a uno de los grandes discos de ese año. La suma de riffs, loops, distorsiones, ritmos, efectos, instrumentos de aliento y beats abrazaban la voz de Thom Yorke con un tono singular, como un grito desesperado en un solitario paraje.

Kid A fungió como el reflejo de una generación desesperada y aburrida a la comercialización de éxitos plastificados, esas canciones que rondaban por las listas de popularidad y que adormecían a sus seguidores.

Este álbum proyectó el pasado adolescente de Radiohead visto desde la perspectiva de músicos con experiencia. Traer esos recuerdos de rebeldía y ansiedad hacia melodías estructuradas con altibajos emocionales. Letras que parecen incoherentes, pero que en el fondo hacen un paréntesis para leer que Thom Yorke, Ed O’Brien, Phil Selway, Colin Greenwood y Jonny Greenwood son una amalgama de creativos sonoros que después de Pablo Honey (1993), The Bends (1995) y OK Computer (1997) engendran una atmósfera de sintetizadores, un Kid A que pone a prueba el término “rock”. 15 años que aún suena vigente. “The National Anthem”, “Everything In Its Right Place”, “How to Disapper Completely”, “Optimistic” o “Idioteque” son muestras de esa juventud que maduró en su generación. Dejó la inocencia para volverse crítico y festejar en grande sin necesidad de hacer movimientos en un vals impuesto. Felicidades, Kid A.



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