La primera edición de Rolling Stone


Hace 50 años, Jann Wenner y un pequeño grupo de creyentes del rock & roll se reunieron en un departamento de San Francisco con grandes ideas y poco presupuesto para crear Rolling Stone.


POR Staff Rolling Stone México  



Foto: Baron Wolman

Por Andy Greene

A principios de 1967 una joven empleada de una firma de abogados llamada Angie Kucherenko, llegó a su departamento en San Francisco y encontró al novio de su compañera de cuarto, un desertor de Berkley de 21 años llamado Jann Wenner, acostado en el sillón tocando una guitarra acústica. Tenía una gran idea que no podía esperar a compartir. “Se sentó, puso la guitarra a un lado y dijo ‘quiero empezar una revista de rock & roll”, recordó Kucherenko. “Yo dije ‘¿Rock & roll? ¿No es una fase pasajera?’”.

No para Wenner. Para él, los Beatles, Bob Dylan, los Rolling Stones y las bandas locales como Grateful Dead eran figuras culturales enormes que merecían su propio medio que los tomara en serio. “No había nada llamado periodismo de rock como profesión”, decía Wenner. “Si tomabas Billboard, podías tener alguna idea del negocio de la música, pero no lo pondrías como parte de tu rutina regular si estabas interesado en el rock & roll”.

Un periodista local resultó compartir la pasión de Wenner: Ralph J. Gleason del San Francisco Chronicle. El columnista de 48 años había pasado décadas escribiendo de jazz, pero estaba empezando a otorgarles espacio a artistas como Dylan y los Dead. En octubre de 1965, Wenner se encontraba en un concierto en la bahía de San Francisco organizado por los promotores locales, Family Dog, cuando se le acercó Gleason. “Dijo, ‘Sé quién eres’”, recordó Wenner. “Había estado leyendo lo que yo escribía en el Daily Cal. Nos caímos muy bien y me convertí en un visitante regular de su casa. Toda su familia me acogió”.

Aunque se llevaban más de 30 años, Gleason y Wenner se volvieron cercanos. “Contrario a todos los otros críticos de jazz, él tenía un gran sentido del humor”, decía Wenner. “Amaba a Lenny Bruce y a la política. Tenía una mente abierta y un oído atento. Veneraba a los poetas del rock, pero siempre tuvo perspectiva, que era el nombre de su columna: Perspectives. Cuando yo decía ‘¡Jerry García es el mejor guitarrista del mundo!’ él diría ‘Pero Jann, ¿has escuchado a Wes Montgomery?’”.

Para principios de 1967, San Francisco se había convertido en el epicentro de la contracultura. En el festival Human Be-In, decenas de miles llegaron al Golden Gate Park para tomar ácidos y bailar al ritmo de Grateful Dead, Jefferson Airplane y Big Brother and the Holding Company. “Las bandas estaban inundando el área” dice Kucherenko. “Jann estaba muy, muy entusiasmado. Ninguno de nosotros podía entender cómo, pero había una energía pulsante”.

Wenner comenzó a imaginar una revista que haría crónicas acerca de la creciente escena del rock, y enlistó a Gleason como su socio. El par pensó en muchos nombres, como Electric Typewriter y New Times, pero se decidieron por Rolling Stone. La inspiración llegó en forma de un ensayo que Gleason escribió en el American Scholar llamado Like a Rolling Stone, por la canción interpretada por Bob Dylan. El tema: la importancia del rock y la sabiduría de la juventud. Aún con un gran título, un concepto inteligente y un socio con muchísimos contactos, Wenner no tenía ni un centavo para empezar su revista.

“Cuando se acercó a mí para ser el fotógrafo, yo dije ‘Suena divertido, dime más’”, recuerda Baron Wolman. “Dijo ‘Bueno, primero que nada, ¿tienes $10,000 dólares que te gustaría invertir’”. Wolman no los tenía, pero se le ocurrió una idea en la que él trabajaría a cambio de acciones en la compañía y los derechos de sus fotografías, un trato que pagó dividendos en los años y décadas subsecuentes.

Wenner reunió a un pequeño grupo de inversionistas, inculyendo a los padres de su futura esposa Jane Schindelheim, sus propios padres, Gleason y Joan Roos, un amigo de la universidad (que por casualidad era primo de un joven actor llamado Robert De Niro). Juntos le dieron a Wenner $7,500 dólares. Él y su equipo se mudaron a un pequeño departamento en el número 746 de la calle Brannan cuya renta sería gratis si usaban los servicios de imprenta del dueño. Era tiempo de empezar el trabajo de la primera edición.

En septiembre de 1967, Wenner subió las escaleras de madera del edificio junto a un pequeño equipo de voluntarios que incluía a Kucherenko, Schindelheim, el director de arte John Williams y Michael Lydon, exescitor de Newsweek y Esquire. “Estaba polvoriento y casi no había nada ahí arriba”, dice Lydon. “Tenía este sentimiento de que este era un nuevo comienzo. Estos no era un monton de chicos que empezaron un diario. Eran Jann Wenner y la gente que lo rodeba realizando su sueño”.

“Recuerdo caminar ahí junto a Jann al principio”, dice Kucherenko. “Había un piso de madera y los rayos de luz relucían a través de las ventanas. Todos ayudaban a traer los muebles. Encontramos sillones viejos y todos trajeron cualquier cosa que podían. Es como toda nueva empresa que comienza hoy en día, sin socios capitalistas”.

Wenner tenía grandes planes para la nueva revista. Uno de las primeras tareas que le dio a Lydon, se convertiría en la historia principal de la primera página, hablaba sobre dinero faltante del Monterey Pop Festival. “Jann no quería una revista de fans”, decía Lydon. “Quería un reportaje investigativo”. Muchos artículos – incluyendo a David Crosby siendo despedido de los Byrds y la gran incautación de droga de los Dead – no tenían créditos. “No poníamos nuestros nombres en todo”, comenta Lydon, “porque eso hubiera mostrado cuán poca gente trabajaba para la revista”.

Los puestos de periódico estban llenos de diarios alternativos en ese tiempo, pero eran mayoritariamente asuntos que desaparecían después de unas cuantas publicaciones. ”Jann solía decir que lo que nosotros hacíamos y ellos hacían eran dos cosas diferentes”, recuerda Wolman. “Lo nuestro es totalmente profesional. Quiero que tenga una integridad de primera. Somos serios y nos tenemos que tomar a nosotros mismos seriamente”.

En su columna de inaugural en Rolling Stone, Gleason criticó a las cadenas de televisión por no dedicarle más tiempo a cantantes de soul como Wilson Pickett, Otis Redding y Jackie Wilson. “Son negros” escribió. “Y en America, para el poder que controla estas cosas, el color es una discapacidad”. Jon Landau, un escritor de 20 años originario de Boston, escribió una larga reseña que comparaba Are You Experienced de Jimi Hendrix con Fresh Cream, el debut de Cream. En el centro estaba una entrevista de dos páginas con Donovan la cual hablaba acerca del cantante de folk Bert Jansch, el movimiento hippie y el reciente viaje de George Harrison a Haight-Ashbury. “Aunque era todavía principante”, dice Wenner, “los huesos fundamentales de la revista estaban ahí.

Casi 50 años después, casi todos los involucrados en la primera edición recuerdan la energía de Wenner. “Siempre estaba corriendo” dijo Kucherenko. “Estaba tan conectado que podía estar en el teléfono, hablar con alguien más y saludar a otra persona todo al mismo tiempo. Era extraordinario verlo. Estaba saltando de escritorio en escritorio, como una pelota en el edificio”.

Para encontrar una portada, Wenner escogió de una pila de fotografías publicitarias hasta que llegó a John Lennon posando con su traje de militar de la Segunda Guerra Mundial que utilizó para el rodaje de la película I Won the War de Richard Lester. “Faltaban dos días para la impresión y no sabíamos qué poner en la primera plana”, recordó Wenner. “Era lo mejor que teníamos. Pero era definitivo, ya que abarcaba música, películas y política. Eso fue un afortunado accidente. Pero empezó nuestra asociación con John”.

En la segunda página, Wenner escribió una carta a sus nuevos lectores: “Probablemente te preguntes qué estamos tratando de hacer. Es difícil de explicar, en partes revista y en partes periódico. Los diarios regulares se han vuelto irrelevantes e inexactos y las revistas de fans son anacrónicas. Rolling Stone no es sólo de música, sino también de las cosas y actitudes que la música abarca. Hemos trabajado muy duro en ella y esperamos que les guste. Describirla más sería difícil sin sonar como mierda y la mierda es como llenarse de musgo”.

En octubre del 67 el ejemplar estaba listo para impresión y el equipo bajó las escaleras para verlo en la prensa. “La máquina comenzó a sonar ka-bunk, ka-bunk, ka-bunk”, dijo Lydon. Con cada ka-bunk salía una Rolling Stone, todavía mojada. Destapamos champaña y brindamos”.

Pero mientras Wenner veía su sueño hecho realidad, no pudo evitar sentirse un poco abrumado: “Recuerdo haber pensado ‘Cielos, nunca seremos capaces de superar esto. ¿A dónde iremos después de esto?’”.



comments powered by Disqus