“No hay nadie más exigente con uno que uno mismo”


En 2006, después de sufrir una trombosis, Cerati dejó de fumar –momentáneamente– y durante la gira de ‘Ahí Vamos’, su disco más rockero desde ‘Canción Animal’, nos concedió su última entrevista larga a solas. Éste es un outtake de esas conversaciones, en las que revisó como nunca antes su infancia, los años ochenta y las secuelas de una vida en la ruta. “Hace mucho que me considero un sobreviviente”, dijo.


POR Staff Rolling Stone México  



Por Óscar Jalil

Cuando Óscar Jalil y Ernesto Martelli entrevistaron a Gustavo Cerati en 2006, el exlíder de Soda Stereo venía de recibir una alarma sobre su salud —una fibrotrombosis le había impedido caminar, dejándolo en terapia intensiva—, el primer indicio de que algo no estaba bien. “Fue un susto suficiente como para decir: ‘¿Quiero que la próxima sea directamente el fin?’”, le dijo Cerati a Rolling Stone en una combi camino a Ezeiza, en el inicio de una serie de entrevistas on the road durante la gira de Ahí vamos, que continuó en Nueva York y el DF.

Después de 25 años de vida en la ruta, de giras interminables al frente de la banda más importante del rock latino, el cuerpo finalmente le había dado una señal y hasta había dejado de fumar. “Pero él no parecía asustado”, recuerda Jalil hoy. “Era como si tuviera una confianza inconsciente de que nada le podía pasar”. En el plano musical, estaba en el mejor momento de su carrera solista, experimentando el éxito individual justo antes de reunir a Soda. Además, se había dado el gusto de armar un grupo sumando antiguos colaboradores (Richard Coleman, Fernando Samalea, Tweety González) a los músicos de su etapa solista (Fernando Nalé, Leandro Fresco) y tenía en Ahí Vamos su respuesta individual a Canción animal. Este outtake es parte de las primeras tres horas de entrevista. “Justo, justo en ese momento”, dice Jalil, “él sabía que tenía algo grande entre manos”.

La etapa pre-Soda Stereo no es algo de lo que se hable generalmente, y antes de Soda tenías un grupo, Vozarrón. Era así, ¿cierto?
Sí, pero no fue precisamente la primera banda. Ni siquiera era una banda mía, era de Marcelo Kaplan, y por ahí desfilaron varios músicos, sobre todo músicos de un extracto más de fusión, de jazz, porque de eso era la banda.

¿Eso era lo que tú escuchabas en ese momento?
Sí. En realidad yo en esa época estaba escuchando mucho reggae, de una manera casual, si bien estaban empezando a sonar las primeras cosas post punk y new wave.

Hablamos de 1979, más o menos…
Sí, lo que vino después del punk, o lo que salía del punk mismo con gente como The Clash, que empezaban a incorporar el reggae. Pero, casualmente, en esa época mi madre estaba estudiando en la Facultad de Filosofía y Letras, una época un poco complicada para estar en eso. Una amiga suya había estado viviendo en Jamaica y le dio una colección enorme de discos, sabiendo que yo era músico y que por ahí me interesaba. Yo recién empezaba a entender de qué cuernos se trataba el reggae, así que me cayeron en las manos un montón de discos de Toots & The Maytals, discos que sacaba una compañía de aviación, por ejemplo; muchos sencillos con sus versiones dub del otro lado. Y en ese momento preciso yo estaba con esa música.

¿Viste el show de The Police en 1980, en Obras?
Sí. Los vi en realidad en el New York City, que estaba a la vuelta de mi casa. Ahí fuimos con Zeta (Bosio). La cuestión es que en ese momento yo estaba tocando con Vozarrón, cantaba un tema que se llamaba “Marítimo”. Yo mentía, decía que tocaba muy rápido, pero en realidad tenía una banda de música disco. Estaba como trabajando de la música. Estudiaba Publicidad, hacía un año que había terminado de hacer el servicio militar, así que había empezado recién. Y lo que pasaba era que yo trataba de meterles ritmos reggae a cuecas, a músicas que hacía Marcelo. Tocamos en La Trastienda. Una vez también tocamos en un Obras chiquito que se hizo, con toda una movida que tenía que ver con la música de jazz, de fusión y folclórica. Eran épocas en donde yo, al mismo tiempo que estaba escuchando los primeros discos de The Police, escuchaba Return to Forever, y que venía toda la locura Mahavishnu. Yo era un absoluto fan de Genesis, de King Crimson, de Yes, y ya en ese momento era como una especie de actualización lo que pasaba con el jazz rock, desde ese disco de Billy Cobham, Spectrum.

¿Y Steely Dan?
Steely Dan, claro. Y bueno, ya después… la locura Jan Hammer. Y todo eso empezaba a mezclarse con el rock, Jeff Beck, mi guitarrista favorito de esa época, tocando con Jan Hammer. Todo se me mezclaba, parecía que todos los héroes estaban juntos. Superhéroes juntos. Todos tocaban a mucha velocidad y, como todas las cosas, la excitación.

¿Y cómo crees que se pasa de todo eso a la simplificación que proponía The Police?
Claro, cuando aparecen grupos como The Police, especialmente The Police, que me llegó de una manera muy… Yo tenía muchas bandas, muchas bandas. Antes de formar Soda Stereo y dedicarme concretamente a una, tenía muchas novias musicales. Vozarrón era una, tenía mi grupo de música disco con dos inglesas, ya desde los 15,16 años me gustaban mucho Commodores, Earth, Wind & Fire, Parliament Funkadelic… Tenía también toda esa parte.

¿Esa era la música que pasaban en las fiestas donde ibas a bailar?
Escuchabas esa música, te la ponían con Led Zeppelin y aparecía Kraftwerk también. Me empecé a hacer como un poco especialista en esa parte negra pop, soulerofunkera de mediados de los años setenta que convivía con el heavy metal. Eso es una cosa que, vista desde hoy, parece una deformidad, porque después esas cosas se pusieron más tribales. Pero en esa época yo tenía una banda que se llamaba Koala y hacíamos música afro. Tenía un trío en Flores con el que tocaba blues, con el baterista de La Máquina, que tocaba con un palo de escoba, y por ahí pasaba de golpe a improvisar Pappo con unas bestias del blues y del rock.

¿Dónde empezó tu gusto por tocar la guitarra rítmica?
Bueno, en el grupo este de música disco tenía que ir sacando temas todos los días y se los pasaba a las chicas que cantaban en inglés. Yo también cantaba y hacíamos versiones. Y a veces se iban mezclando: De golpe, al tecladista que tocaba en Vozarrón lo llamaba Marcelo para que viniera a tocar el teclado en estas fiestas que hacíamos. Porque hacíamos muchas fiestas judías, eran los que hacían las fiestas que podías… ¿Cobrar? Son los que pagaban. De ahí salieron bandas como Nomady Soul, La Torre, nos cruzábamos. En uno de esos shows, me acuerdo de haberme encontrado con Pipo Cipolatti, que tenía una banda que se llamaba Tito y sus Espátulas. Cosas así. Eran trabajos, trabajo de músico. Tenía esa banda, Vozarrón… Con diferencias de tiempo empecé a trabajar con Zeta, con (Andrés) Calamaro, en lo que después —mucho después— iba a ser Soda Stereo. Pero era una banda que también intentaba hacer covers, tocar en fiestas.

Ellos estaban mejor posicionados, la banda de Zeta tocaba en Punta del Este. Morgan, se llamaba. El cantante se fue para hacer un proyecto discográfico y entré yo, y Calamaro también estaba. Venía de Raíces y después se fue a Los Abuelos, directamente. Un Calamaro new wave.

¿Qué te pasó cuando viste a The Police?
Nos volvimos locos. Con Zeta éramos absolutamente fans de The Police, y no podía creer que tocaran a media cuadra de casa, así que desde temprano estábamos ahí. Incluso llegamos a ir hasta el Sheraton. Yo me hice firmar un póster que tenía, que había salido en la revista Pelo; que era terrible, una de las fotos más feas que le pudieron haber sacado a los tipos. Era tan fea que me pusieron como: “¡¿Qué es esto?!”, una cosa así.

¿Los tres te lo firmaron?
Los tres. Los encontramos a los tres, no pudimos ni hablar, yo estaba re… incluso tengo una foto muy ridícula que me sacó Zeta al lado de Sting, pero es imposible. No reconoces a nadie, salió todo movido. Y en realidad, era uno de los tantos que estaban ahí. Era muy, muy fan.

Muchos años después, cuando los conociste, ¿les hablaste de eso?
Sí, les comentaba lo que había pasado aquella vez, nos reíamos. Dos de los The Police terminaron ofreciéndote tocar con ellos.

¿Fue un sueño de infancia hecho realidad para ti?
De alguna manera sí, lo que pasa es que es un sueño a destiempo, en un lugar en donde no parecía corresponder. Un día yo estaba en Chile y sonó el teléfono. Contesté y era una persona, no recuerdo ahora su nombre, pero que hablaba en nombre de Miles Copeland (manager de la banda). Yo no entendía muy bien, era por un disco tributo a The Police. No lo tomé muy en serio, me pareció medio raro todo. Después, directamente el que habló fue Miles Copeland, entonces me cuenta un poco la cosa, me pide que elija un tema, que lo iba a hacer con los dos (Andy Summers y Stewart Copeland), porque Sting no participaba en el proyecto (Outlandos D’Americas, un disco de rock en español tributo a The Police, de 2000); en ese momento, Sting era muy popular y estaba tocando un montón, así que era una cosa que iba a involucrar a Andy Summers y a Stewart Copeland. Yo no lo podía creer, dije: “¡Qué increíble!”. Me puse a buscar: “Carajo, ¿qué tema hago?”. Di mil vueltas, llegué a “Bring on the Night”, sobre todo porque siempre admiré mucho la estructura armónica y melódica, y la onda de guitarra que tenía. Me producía mucho placer, así que me fui por ese tema. Cuando llego allá, me entero de que Stewart Copeland, con el cual había tenido una cena la noche anterior, decidía no participar en la misma grabación con Andy Summers, entonces Stewart Copeland terminó con Jaguares, y yo con Andy. No nos conocíamos y fue genial. Andy Summers y el baterista Vinnie Colaiuta, un animal. Yo fui con la versión y la idea mía. Decía: “Mira, lo que quiero es grabarla como si fuera The Police”. Yo en esa época estaba trabajando más con electrónica y cosas así, pero realmente quería grabarlo como lo hacían ellos, con ese virtuosismo pero tocado con una energía primaria. Entonces me colgué el bajo. A mí me gusta mucho tocar el bajo, tengo como buen feeling para tocarlo. Y ahí estaba Vinnie Colaiuta y yo no lo podía creer. Estaba realmente en el paraíso tocando el tema. Una vez que supimos la estructura, fueron tres minutos y se grabó de una toma. Pero pobre Andy, le cambié la nota, la afinación del tema, el tono, entonces ese riff tan maravilloso de guitarra ya no le funcionaba tan bien desde el punto de vista mecánico, y tuvimos que hacerlo a cuatro manos. Tengo fotos increíbles. Hay una de los dos haciendo el riff.

¿Seguiste en contacto con Andy Summers?
Nos hicimos amigos y fue como una persona de consulta. Yo en esa época recién había terminado el tema Soda Stereo, y era toda una situación muy fuerte para mí, emocionalmente, cómo resolver todo ese tipo de cosas.

¿Cómo quedaban las relaciones así?
Fue alguien con quien charlé mucho de ese tema, además de mi natural admiración por lo que habían hecho ellos y por lo que eran como músicos. Y te invitaron a hacer gira con ese disco de versiones en español, también. Hice la versión, Miles la escuchó y me llenaron de elogios. Pero después la cosa no terminó ahí. Cuando yo vuelvo a Buenos Aires, me llama Miles y me dice: “Voy a ir a Buenos Aires porque quiero hablar contigo”. Y vino a Buenos Aires, específicamente para hablar conmigo, para convencerme de hacer una gira.

¿Y tú ibas a cantar?
Sí, sí. Me dice: “Ellos murieron contigo”. O sea, Stewart se agarró la cabeza, según lo que me contó Miles. Odió no haber podido tocar, le encantó la versión Andy estaba muy contento, así que estaban muy emocionados con esa idea. Una de estas ideas locas de Miles, otro personaje increíble. Para mí, él también era como un libro. Un tipo que venía con el padre de la CIA, toda esa historia, seguía manejando a Sting; tenía que manejar las relaciones con los otros.

Pusiste primero tu decisión artística que tu fanatismo adolescente. Aunque debe haber sido difícil para ti decidirte, ¿no?
Después de The Beatles, no hubo otro grupo en producirme la sensación de querer estar ahí como lo hizo The Police. Esa situación de querer vivir con eso, incluso de teñirte el pelo si es necesario. Después de tanto escuchar rock, y virtuosismo, y yo mismo caer en esa situación de ver qué tan rápido puedo tocar, fue encontrarme un grupo que naturalmente vino de Sex Pistols y cosas que dieron vuelta a la tortilla, pero que lograba tener una sensibilidad pop bastante profunda y conocedora. Porque The Police existe porque existieron The Beatles, está clarísimo eso. Y encontrarme de vuelta con esa sustancia pop y con esa energía, fue como único ese momento, y fue muy instructivo para salir a tocar. Cuando Soda Stereo sale a tocar, salimos tratando de emular esa energía. Esa fue la escuela.

El primer disco que tú te compraste, que fuiste a una tienda y dijiste “quiero éste”, ¿cuál fue?
Los éxitos (del programa) Modart en la noche. Le pedí a mi padre: “Cómpramelo”. Porque yo no recuerdo cuál fue el primero que compré con mi dinero o con el dinero que me dieron. Básicamente, le pedí que me lo comprara por un tema muy pedorro, que se llamaba “Señor Yamamoto”, que era un silbido (la canción, de Hervé Vilard, en realidad es medio tarareada). Un hit, muy pop. Pero en ese disco (se refiere específicamente al segundo volumen de los compilados Más de Modart en la noche) venía con un cargamento pesadísimo; venía “Purple Haze” de Jimi Hendrix; dos temas de Bee Gees, “El desastre minero…” y “To Love Somebody”; y un tema de The Who, “Pictures of Lily”. Y después un montón de otras cosas. Bueno, con esos cuatro temas ya puedes armar un pedazo de la historia del rock. Yo tenía uno de esos clásicos combinados, con la bocina grande al medio y los dos al costado. Si ves el video de “Ella usó mi cabeza como un revólver”, un poco de ahí salió la idea, porque mi placer era poner la oreja en el amplificador grave, escuchar los graves. Cuando escuché “Purple Haze” de Hendrix, sobre todo ese y “Pictures of Lily”, lo que pasaba con el equipo me volvía loco. Me acuerdo la excitación del rock.

¿Cuántos años tenías ahí?
1967, 1968. ¿“Purple Haze” de qué año será?

Es de 1967.
Así que tiene que haber sido ahí, 1967, 1968. Era chico.

¿Cuál fue el primer concierto al que fuiste?
El primer concierto al que fui fue Santana, en (la vieja cancha de) San Lorenzo. Y por mucho tiempo más no fui a ninguno. Fue lo único que vi, fue un flash totalmente increíble: Santana en su momento más glorioso.

¿Cómo fuiste? ¿Te llevaron?
Fui con unos amigos más grandes. Y yo ya estaba escuchando todo lo que había pasado después de Woodstock, y Santana venía con una formación así, matadora. Recuerdo lo último que dijo: “Vamos todos a culear”, o algo así. Pero me quedó marcadísimo (risas). Otro con el que terminé tocando en un concierto: Con Santana toqué en Colombia, prácticamente no hay registro de eso. Es curioso porque tocamos los dos: Soda Stereo y Santana juntos, en un tremendo estadio. Un flash. Después Santana me invitó a tocar con él, solos, imagínate. Charlando le pregunté por gente como Chepito Arias. Me acuerdo que Santana decía: “Ustedes manténganse juntos”. Lo decía como… Nosotros ya estábamos a punto de tronar, estaba todo medio mal.

Todo eso definió tu manera de entender la música.
Habíamos acumulado mucha información. En realidad con Soda Stereo, antes de empezar a tocar, acumulamos información. Música. Teníamos miles de nombres para un grupo, ideas. Pero con Zeta no podíamos hacer mucho nosotros dos, nos faltaba baterista, estábamos buscando cómo armar la cosa. Así que básicamente con los teclados de Calamaro hacíamos música electrónica con un aparato llamado 202: Unos teclados que había dejado Calamaro por ahí (y que después vino a buscar), y con eso grabábamos horas y horas mientras estudiábamos para la facultad. Pero escuchábamos música todo el tiempo. También, como estábamos un poco en el asunto de la publicidad, tratando de meter la nariz ahí, decidimos armar una agencia nosotros, con Zeta y un chico que se llama Ernesto Savaglio (que hoy tiene otra agencia). Entonces Alfredito Lois, Zeta, Savaglio y yo conformábamos nuestra agencia, que en realidad era un proyecto muy ridículo. Era una agencia de Prode que tenía el padre de Savaglio, y arriba nosotros funcionábamos y vendíamos como una especie de semanario para Villa Adelina, para la zona, para conseguirnos un par de cuentas. Una era (la funeraria) Cochería Paraná, imagínate, a ese nivel. En realidad estábamos tratando de ver si podíamos hacer algo con eso, porque a mí las experiencias que había tenido en agencias de publicidad no me habían gustado. En realidad hacíamos esto para escuchar música todo el día. Y estábamos enloquecidos: Desde Ramones a Skatalites, pasaban muchísimos discos, y yo me acuerdo que lo que hacíamos todo el día prácticamente era eso. Savaglio era un tipo que quería realmente meterse en publicidad, así que un día, caminando por la 9 de Julio, me acuerdo que hizo la pregunta que decidió nuestro destino: “¿Qué carajo quieren hacer, se quieren dedicar a la publicidad o quieren seguir escuchando música?”, porque estábamos ya planeando cómo iba a ser nuestro grupo antes de que tuviéramos el grupo en sí mismo. Y ahí tomamos la decisión, dijimos: “No, seguimos con la música”. Y Alfredito, Zeta y yo nos pusimos en campaña para encontrar un baterista para armar el grupo.

¿Cómo calibras tu ego? ¿Cómo manejas la diferencia entre lo que ven los demás de ti y lo que tú ves?
He tenido crisis de no poder enfrentarme con eso, de darme cuenta de que probablemente estoy tratando de manejar algo que es inmanejable. En un punto, hay una necesidad mía de controlar las cosas. Eso que quizás se muestra ante los ojos de los demás: Alguien que parece que está siempre en sus cabales y es verdad que yo hago fuerza en ese aspecto, necesito tener como ese control. Pero muchas veces no lo he conseguido y se me ha complicado la situación, y he perdido el control sobre mí mismo y me han tenido que reconstruir a pedacitos, directamente. Y esos son duros golpes para el ego.

¿Algún ejemplo, para entenderlo mejor?
Por ejemplo, recuerdo haber estado tres meses sin salir de mi casa, con paranoia de salir. Pero no porque me fuera a pasar algo, sino por no poder enfrentarlo. Prácticamente es un ataque de pánico, no del todo declarado; no es que me faltó el aire o algo así. Con la muerte de mi viejo las cosas cambiaron muchísimo. Ahí apareció la debilidad, la posibilidad de la muerte, el arrastre que lleva consigo eso y hubo muchos cambios en mi personalidad en ese aspecto, de creerme así un poco inmune, de caminar un poco en el éxito de las cosas y no darle importancia a los fracasos que están ahí y son patentes, y que tienen que ver con… Fracasos no, errores. Situaciones que no solucionas y que, en algún momento, explotan. La cuestión de las relaciones, el no tener tu casa, el vivir todo el tiempo en una especie de nube, porque realmente en una gira… Es tu vida, pero hasta que empiezas a entender que es tu vida, no
sabes bien si quieres que eso sea tu vida.

Hasta Soda Stereo no había un antecedente en el rock argentino de lo que les pasó a ustedes: Las giras, los hoteles, la histeria, la locura, y esas sensaciones. Sin embargo, es como si a ti no se te midiera con la misma vara que a Charly García o Andrés Calamaro.
Bueno, lo tomo.

¿Tú no lo ves así?
No sé, puede ser. Sí, evidentemente siempre he generado como una especie de cosa, gente que me pone como el anti-esto. He funcionado así. Quizás porque sí, se espera mucho de mí. A veces he tomado caminos que a lo mejor han dejado afuera a un montón de gente que le interesaba una parte de lo que yo podía desarrollar. No sé, digo, por ejemplo, cuando empecé a hacer más música electrónica.

Además, con Soda Stereo armaste el soundtrack de toda una generación. Muchos quieren volver a esa euforia adolescente.
Sí, eso también. Pienso que de alguna manera se transmite como una especie de soberbia mía que no es real, porque no tengo una actitud así. Sí, como todo el mundo, he sido de separar las aguas: “Me gusta esto, pero esto otro no tanto”. Por ahí yo me he animado o he dicho cosas que otros no han dicho, con respecto al panorama musical, o me he ubicado en algún lugar con cierta crítica que ha producido molestias. Pero a mí me pones un blues y te voy a tocar un blues.

Eso no lo sabe tanta gente.
Pero yo creo que la gente lo percibe, se da cuenta. Igual no hay nadie más exigente con uno que uno mismo. Cada vez me pesa me nos lo que dicen, y me parece una empresa imposible tratar de agradar. Porque así como ahora, qué sé yo, este disco (se refiere a Ahí Vamos)… Porque realmente es este disco, ma ñana qué sé yo… Mañana puedo hacer un disco acústico. Haré cualquier cosa que me resulte divertida en ese momento y en la que me parezca que tengo algo que puedo decir.

Federico Moura fue el productor del primer disco de Soda Stereo (Soda Stereo, de 1984) ¿Cómo fue tu relación con él? ¿Llegaron a tener una amistad?
Federico fue probablemente el músico con el que más cercanía y amistad tuve en toda esa época. Era una especie de hermano mayor, por decirlo de alguna manera, porque él ya era más grande y tenía más experiencia. Pero teníamos una sintonía de quedarnos a charlar muchísimo con Federico, y de ir a su casa y pasar mucho tiempo juntos. Sobre todo a partir de lo que pasó con Soda Stereo. En realidad él conoció a Soda Stereo por (el empresario Carlos Rodríguez) Ares, estábamos en la misma agencia, le gustó el grupo y quiso producirlo; pero no nos conocíamos mucho todavía. Y después de eso entablamos una relación, particularmente mía con Federico, aunque también con Julio, Marcelo, los chicos. Entre Soda Stereo y Virus fuimos como muy compinches. Daniel Melero me contó que, una vez, Tweety González le pegó una calcomanía en el teclado, mientras los dos tocaban con Soda, que decía: “De tocar ni hablemos”, y que él lo tomó como un halago porque a él no le interesaba tocar. Pero que en el grupo había como ese tipo de competencias. Sí. Daniel estaba, como te imaginas, adelantado a su tiempo, y además también hacía gala un poco de esa escuela Eno. Alguna vez definí a Daniel como “Sandreno”, una mezcla de Sandro con Eno. Él pregonaba la cosa del no-músico, pero nosotros ya desde ese aspecto vimos su capacidad. Daniel iba a ser uno de los integrantes de Soda Stereo, como fue Richard (Coleman), como fue Ulises Butrón en su momento, antes de que decidiéramos seguir como trío. Daniel también fue una de esas personas que venía y con sólo un dedito hacía maravillas. Se notaba claramente cuánta música tenía adentro. Era resistido dentro de Soda, había resistencia. Pero como una resistencia sarcástica, tampoco era una resistencia real.

¿Cuáles serían tus clichés?
Y… de golpe hay ciertos lugares por los que de alguna manera he pasado, y que me doy cuenta en las formas de las estructuras GUSTAVO CERATI 1959-2014 de las canciones, en algunos sonidos. Me relajé mucho no teniendo el prejuicio de repetirme cosas, aunque no hay repeticiones concretas, sino citas. Y no hay una cita, o sea… a este disco se lo ve como más cercano a Soda Stereo. Parecería como más “englobador” que el resto de mis discos so listas. Yo digo que sería como una especie de reconciliación con muchos momentos míos. Sin haber estado peleado y sin haber estado en otra postura. Cuando hice Bocanada, quería hacer electrónica. En realidad, Soda Stereo de alguna manera era una prisión artística para mí. Llegó a serlo porque además nuestras relaciones estaban estancadas y la cosa se endurece y se quiebra, por no tener la elasticidad del movimiento. La sensación que yo tuve después de Soda fue: “Ahora puedo hacer cualquier cosa, puedo tocar con quien yo quiera”. De hecho, Bocanada es una especie de collage de muchas músicas que me gustan, y de lo que se me iba ocurriendo, y de músicos que venían y desfilaban, y de mi casa, y de la cosa íntima. Y al mismo tiempo era el proyecto después de Soda Stereo. Siempre es hoy ya empieza a ser una búsqueda más de instantaneidad, una cosa más grupal, más social, que en Ahí vamos se expresa todavía más.

¿Cómo te hacen sentir los hitos de tu carrera, las 250 mil personas en el Obelisco? No muchos artistas de Latinoamérica han logrado algo así.
Por eso siento que uno va construyendo su propio camino, y es difícil mirar hacia los costados y pensar qué relación tiene esto con otra cosa. Sin duda tengo relaciones con muchos músicos, incluso con solistas, qué sé yo, con Charly (García), con gente así, que tengo mucha cercanía. Pero las experiencias son intransferibles, son caminos diferentes. Tanto Soda Stereo como yo, no he pertenecido a ninguna camarilla o grupito dentro del rock. Quizá por cierto prejuicio a ser encasillado, ¿no? Nunca pertenecí a una escena. Creo que una de las cosas que también funcionó, cuando yo siento que en la prensa se instala la idea del artista cool, parecía que era el dueño del midtempo yo acá. Ahí me asusto, digo: “Yo no soy así. Yo toco la guitarra”. Tampoco es que mi música sea una reacción, pero cuando se pone en el contexto del mundo alrededor, sí. Y también de lo que yo mismo espero de mí. Hubo una época en donde me puse en esa situación también, me sentí más afectado, sentí como que se estaba dibujando un perfil mío con el cual me parece que no tenía tanto que ver. Yo no creo que Spinetta sea inmune, debe tener un nivel de paranoia. Pero lo profesan de otra manera. Yo estoy más en el aquí y ahora, ¿eso es lo que dices? Eso puede ser, sí. No lo había pensado así.

¿Cómo hiciste para mantener tu personalidad a lo largo del tiempo?
No, la fui construyendo, no es que la mantuve. Hubo seguramente alguna línea más o menos coherente.

¿No hay una convicción inicial que mantienes?
Hay ciertas convicciones que son iniciales y que mantengo totalmente, desde el momento que yo decidí hacer la música que yo quería y nadie iba a proponerme. La intención de tener éxito la teníamos. Una banda necesita juntar su gente, tener discos y que todo eso funcione. Pero hay costos que yo no estaba dispuesto a pagar de ninguna manera. Y eso son convicciones. Eres chico, firmas contratos leoninos, pero jamás dejé que intervinieran en la parte artística. Tuve suerte.

Cuando miro hacia atrás, es verdad que he mantenido ciertas formas porque es mi característica personal. En realidad he descarrilado muchas veces y a lo mejor no han coincidido necesariamente con situaciones públicas. En el caso mío han sido más que situaciones así, realmente explosivas, acumulaciones, ¿no? Acumulaciones. Y no estoy hablando solamente de drogas.

Pero hay una especie de sabiduría pop que has construido a lo largo del tiempo, ¿no la percibes?
Hay una sabiduría pop, y sí, con el tiempo van cayendo fichas. Pienso que yo he ido mejorando la forma en la que puedo componer. Yo siento que eso ha mejorado. De qué manera te afectó esa doble vida, de tener como muchos antecedentes rock y al mismo tiempo manejar ese conocimiento pop, una combinación bastante inusual. La verdad es que no sé, supongo que te pasará igual: Vivimos la década de los años setenta y hablamos de qué era lo que bailábamos. Yo iba a los bailes, a las fiestas, y sonaba Led Zeppelin, sonaba Kraftwerk; y Led Zeppelin, más allá de un tema, nunca tuvo hits, y sin embargo era pop. Para mí, el pop es lo que logra el rock cuando se sensibiliza y adquiere esa especie de… yo le llamo “doradez”. Y en ese aspecto, todas esas grandes bandas con esos increíbles discos, eran pop. Y vinieron de la cultura del rock, que es donde yo me siento más cómodo. Yo participo mucho de esa cultura. A mí el rock sin el pop no me sirve mucho, no me interesa tanto. Es una demostración de energía, es un sonido. Se me cae. A mí me gusta el rock cuando tiene esa parte pop, cuando te sale de la radio, te explota en la cabeza. Y cuando se conjugan esas dos cosas, realmente se produce algo que ha sido lo que me ha motivado a mí para estar donde estoy.



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