Una travesía musical con Chicano Batman


Así vivimos la visita de la banda originaria de Los Ángeles.


POR Héctor Elí Murguía  



Todas las fotos por Priscila Nuñez

Chicano Batman se encuentra en tierra tapatía para presentar su segundo álbum de estudio, Freedom Is Free y más que eso, viene para dejar un mensaje a los mexicanos. Previo a su presentación, la banda hizo una prueba de sonido en el Foro Independencia ubicado en el centro de la ciudad. Después de tener todo listo, Chicano recibe a sus seguidores en el lugar para convivir e intercambiar experiencias de vida. “Todos somos hijos de latinos y residimos en Los Ángeles”, dice Bardo mientras un seguidor le cuestiona: “¿Tienes otros pasatiempos aparte de la música? … sí, en algún momento fui maestro de escuela y enseñaba sociología. Me interesa mostrarle a la gente su historia, sus raíces”.

Bardo contempla el cielo de Guadalajara y lo describe como una fotografía de Gabriel Figueroa en alguna película de la época de oro del cine mexicano. Carlos cambia de cuerdas a su fender strat y Eduardo intercambia algunas palabras con Gabriel mientras el olor de la tortilla con carne llega a la terraza del hostal Villacalavera. “Ser único es lo que importa, ser uno mismo”, dice Bardo mientras toma una bebida de jengibre y se prepara para enviar un mensaje de unión para el mundo.

“Todos somos parte de lo mismo y eso es lo que importa. No importa si tus padres te dijeron una cosa, si la escuela te dijo otra o tus maestros, que influyen mucho en ti. Lo importante es ser consciente de sentirse uno mismo con el universo”, menciona el vocalista. Existen muchos migrantes que están convirtiéndose en las personas que están cambiando las cosas en Estados Unidos y para muestra de ello se encuentra Chicano Batman como forma de expresión artística.

Como músicos, el sonido de Motown fue el soundtrack de su vida y una generación entera los influyó de manera directa como Stevie Wonder o Marvin Gaye. También, sus padres exportaron toda la música de Los Pasteles Verdes, Los Freddys y Los Ángeles Negros. Durante la charla interviene Fernando Tapia, bajista de Los Freddys, pues tocará en la noche junto a Chicano un cover de una canción legendaria de su autoría. “La originalidad es lo que vale la pena, cuando escuchas esa voz o aquel instrumento y dices esa es la banda, es lo que debe ser”, apunta el maestro de la nostálgica banda.

“Es curioso porque yo descubrí esta música a través de mi suegro, que migró a Estados Unidos en los sesenta. Toda la música romántica de esa época cambió mi vida cuando él la ponía en el coche”, dice Gabriel, quien emigró de Colombia a Norteamérica.

“La influencia de la música de los setenta y sesenta ha sido muy importante para nosotros. Es como cuando has comido pan toda tu vida pero ahora le pones mantequilla, mermelada o lo que sea para que sepa mejor. Eso siempre ha estado ahí para nosotros. Chicano es una fusión de culturas”, afirma Eduardo Arenas, un bajista que sabe como incluir desde el jazz hasta el funk. “Los Ángeles es un México pequeño. Hay muchas familias mexicanas que residen ahí”.

Eduardo enfatiza el origen del problema en la mentalidad de los migrantes y los latinos, los que algunas vez fueron parte de la generación dreamer y los que siguen siendo: “Pertenecemos a una comunidad que todavía le tiene miedo a todo: la religión, la escuela, la familia, a todo prácticamente. Hay cosas que son para los gringos que tal vez un joven no puede ni imaginarse haciendo, como por ejemplo ir a patinar en hielo. ‘Esas cosas son para otro tipo de gente’, te diría. Eso no es verdad, uno puede hacer las cosas trabajando duro y quitándose de la cabeza lo que uno cree. El mensaje de este nuevo álbum es que todos somos uno mismo con el universo”.

Después de esta declaración, la íntima conversación llega a su fin y Chicano se alista para una sesión de fotos. Se visten con trajes clásicos de los sesenta: saco y pantalón azules, una camisa con olanes y tenis. Gabriel es más atrevido, muestra los tatuajes de sus brazos con una camisa sin mangas pero del mismo estilo.

Luego de dos horas, nos trasladamos al íntimo Foro Independencia. Está repleto. Es un logro descomunal para la banda llenar el pequeño recinto. Francisco y Madero es la banda encargada de amenizar la apertura del concierto y toca un rock psicodélico semejante al de La Revolución de Emiliano Zapata a finales de los sesenta.

Mientras tanto, Eduardo hace ejercicios de calentamiento y platica con su esposa. Bardo se concentra en su guitarra y cuando ve llegar a Caloncho, otro de los invitados especiales de la noche, comienza a practicar la canción que cantarán juntos. Por su parte, Gabriel mueve las baquetas a la par de practicar en sus rodillas y Carlos no deja de tocar una y otra vez los solos de guitarra que le pertenecen.

Angel Child” es el primer tema que suena en el Foro que está adornado con tiras de papel plateadas en la parte de atrás, muy al estilo de los ancestros del romanticismo mexicano. “Passed You By” y “Cycles of Existential Rhyme” son coreadas por el público tapatío. Llega la sorpresa de la noche, el maestro Fernando Tapia de Los Freddys acude al escenario para interpretar “Déjenme Llorar” y Bardo levanta su mano, asume que existe un gran ambiente en el lugar que acongoja con la sensación de calor debido a la euforia y el poco espacio dentro del mismo.

La noche se llena de agitación, pues los tapatíos sorprenden con cada línea de voz cantada por el eufórico Bardo, quien exalta al público mexicano. El concierto concluye con “El Sonidito”, clásico tema regional de los Hechizeros Band lanzada en 2008, para cerrar una fiesta que reverencia las raíces de dos culturas.

Después de una noche de festejo, Chicano Batman abre sus alas para emprender su viaje a la CDMX, donde llenará el Lunario del Auditorio Nacional y hará historia. Un héroe sin capa trae un mensaje de paz y unión.



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