¡Y cómo no volverse rockero…!


Just Like Heaven o los años en que los chavos de los años ochenta no querían otra cosa más que divertirse…. Memorias de una tienda de discos –que hasta en su función suena ya nostálgico


POR Staff Rolling Stone México  



Just Like Heaven o los años en que los chavos de los años ochenta no querían otra cosa más que divertirse…. Memorias de una tienda de discos –que hasta en su función suena ya nostálgico

Just Like Heaven o los años en que los chavos de los años ochenta no querían otra cosa más que divertirse…. Memorias de una tienda de discos –que hasta en su función suena ya nostálgico

Por Juan Carlos Villanueva

Eran los años ochenta, para muchos fueron tiempos inocentes, eran días de un gobierno priísta totalitario, censurador, represor, sus últimos pero mejores momentos. Los chavos de la ciudad de México sólo buscaban el reventón, la fiesta, las discos –como se les decía en ese entonces– y sus respectivas tardeadas para los que estaban en el apogeo de las espinillas y barros enterrados. En esos años, no ha había medias tintas, o eras fresa o rocker: Así se construyó una idiosincrasia radiofónica, estandarte de bandos, WFM y Rock 101, los chavos bien y en “buena onda” y los greñudos, reventados y desmadrosos.

No existía el Facebook, ni Twitter, ni el chat, menos el Whataspp; el CD ni para cuando estuviera en nuestra manos, ni soñar con un iPod o iPad; eran fábulas de lo incoherente e imaginario; la conciencia colectiva estaba sonorizada por las cintas y viniles, la radio tenía tanto que decir y proponer, y la costumbre del asombro aún no se coartaba: La primer estación de radio en programar a bandas como The Cure, U2, Depeche Mode, The Mission, Peter Murphy, Frank Zappa, etc, fue Rock 101. Era una fiesta sonora, pero ¿dónde podías comprar esos discos? Existían varias tiendas, Aquarius, Zorba, el Tianguis Cultural del Chopo –cuando funcionaba como un lugar de intercambio de discos, antes de que los skatos, los patinetos y demás huestes transformaran el concepto– pero entre ellas destacaba Supersound, “un verdadero nido de ideas, revoluciones e influencia que tocó el corazones e imaginación de muchos”, dice la directora del documental Just Like Heaven, Pilar Ortega, un documento fílmico que profundiza, hilvana y desmenuza las memorias de esta tienda de discos que surca en la memoria de nuestro disco mental.

Supersound estaba ubicada en Polanco en donde todos los melómanos encontraban new wave, post punk, rock progresivo y rock clásico, entre otros géneros. “Era una experiencia visitar esta tienda, porque todos los chicos que atendían eran verdaderos clavados, conocedores y emprendedores del rock”, dice Pilar.

El documental recoge entrevistas con personajes involucrados con la tienda, hacedores de esa historia que a la distancia parece tan nostálgica, tan inocente, tan onírica: “Es precisamente ese recuerdo que me conmovió. Por eso decidí hacer el documental, lo considero tan valioso para las nuevas generaciones porque retrata la forma en cómo crecimos. Cuando era un gran suceso el lanzamiento de un disco, cuando tenías que esperar hasta que llegara a la tienda para poder escuchar el nuevo álbum”, reflexiona Ortega.

Este set de entrevistas a personajes como Güili Damage, Nacho Desorden, Alejandro Marcovich y Hector Mijangos, entre otros, es un relato de memorias, no hay apreciación fílmica, ni una crítica a una industria galopante y devastadora que empezó a ultrajar desde aquellos años a la música con personajes como Tatiana, Flans o Timbiriche, sino consiste en recordar, recordar y recordar los años en que nos volvimos rockeros.

Just Like Heaven forma parte del festival Distrital en su tercera edición, programado del 1 al 9 de junio.



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