1977: El año mas grande


Un nuevo ‘box set’ captura los épicos conciertos que The Grateful Dead dio en ese año. Pero detrás del escenario, el conflicto iniciaba.


POR Staff Rolling Stone México  



Un nuevo ‘box set’ captura los épicos conciertos que The Grateful Dead dio en ese año. Pero detrás del escenario, el conflicto iniciaba.

Un nuevo ‘box set’ captura los épicos conciertos que The Grateful Dead dio en ese año. Pero detrás del escenario, el conflicto iniciaba…

Por David Browne

Para cuando The Grateful Dead llegó a Manhattan a las cinco fechas programadas en el Palladium en abril de 1977, lo tenían todo. Los Hells Angels montaron sus motos hasta los camerinos exigiendo que tocaran “Truckin”, John Belushi se apareció en un camerino para compartir un poco de mariguana durante el auge de su época en Saturday Night Live, pero sobre el escenario, algo distinto ocurrió en esos shows. Remontándonos a sus primeras actuaciones una década atrás, los Dead podían ser, flojos, fuertes, indisciplinados, descuidados y feroces, a veces todo eso en una misma noche. Pero los Deadheads –como se les llama a los fanáticos de la banda– que asistieron al Palladium fueron testigos de un espectáculo sorprendente: Un The Grateful Dead enfocado y decidido. “Salimos bastante fuertes”, comenta el percusionista Mickey Hart, acerca de esos y otros conciertos que la banda dio en la gira de la primavera de 1977.

Recordando algunas de las canciones nuevas que el grupo estrenó aquel entonces, Hart añade, “Estábamos listos para tocar ‘Estimated Prophet’ y ‘Fire on the Mountain’. Era el momento perfecto”. Los fans coinciden en que algún momento de 1970 fue clave. Cuando la banda grabó las obras maestras Workingman’s Dead y American Beauty; o 1972, cuando los Dead se fueron de gira a Europa durante dos meses y dieron algunos de sus mejores shows, dejando como resultado otro álbum histórico: Europe ’72.

El cantante y guitarrista Bob Weir, menciona el final de los años ochenta, justo antes de la muerte de su tecladista Brent Mydland, como año clave. “Para mí, ese fue nuestro momento cumbre”, cuenta. “Podíamos escuchar y sentir lo que el otro pensaba, podíamos intuir nuestros movimientos. Jerry, Brent y yo llegamos a un nuevo punto como cantantes”. Pero, pocos años ponen tan nostálgicos a los Deadheads como 1977. En el transcurso de dos horas, The Grateful Dead dio lo que muchos consideran los conciertos más satisfactorios y sólidos de su carrera. “Es lo que más se acerca a una gira impecable”, dice el archivista de la banda, David Lemieux. “No hubo ningún accidente”. Se han lanzado alrededor de una docena de conciertos de ese año en CDs y descargas digitales, pero el pasado 11 de junio, llegó el lote más grande con May 1977. Una caja de 14 discos que incluye cinco shows completos de esa gira. “Teníamos todo ese material nuevo que nos emocionaba tocar”, recuerda Donna Jean Godchaux, quien cantó con los Dead durante ese período. “Todos querían decir: ‘Está bien, este es el momento de hacer una gran declaración y no sólo ser una banda rara, psicodélica y hippie’”.

The Grateful Dead venían saliendo de años tumultuosos. En 1973 su querido miembro fundador, Ron “Pigpen” McKernan, murió como resultado de un añejo problema con la bebida. Al año siguiente, el experimento de los Dead con su costoso sistema de audio, Wall of Sound, falló. Su intento por manejar su propio sello discográfico, Grateful Dead Records, fracasó y los dejó en un aprieto cuando Ron Rakow, el presidente del sello, huyó con $225 mil dólares que él creía que le debían. Rex Jackson, uno de los integrantes de su equipo murió en un accidente automovilístico en septiembre de 1976.

Al mes siguiente, el grupo firmó con Arista Records de Clive Davis, la disquera de músicos como Lou Reed y Patti Smith. Por sugerencia de Davis, acordaron trabajar con el productor orientado al pop, Keith Olsen, quien acababa de producir un álbum exitoso para Fleetwood Mac. “Tratábamos de hacer un verdadero disco para Clive”, cuenta Hart.

Al comenzar enero de 1977, la banda y Olsen, se dedicaron al nuevo material, incluyendo la épica suite “Terrapin Station” y el tema con influencia reggae de Weir, “Estimated Prophet” en Sound City, el vibrante estudio de San Fernando Valley, recientemente inmortalizado en el documental de Dave Grohl, Sound City. Mucho más que cualquier otro colaborador de estudio, Olsen les marcó el paso a los integrantes del grupo, poniéndolos a ensayar y a tocar una y otra vez las partes, hasta que las tuvieran bien.

Normalmente, los Dead se hubieran enfurecido, pero no esta vez: “Keith nos daba con el látigo, pero nos gustaba, nos hacía más capaces”, dice Hart. “Nos volvimos mucho más disciplinados. Y Keith era muy pequeño para golpearlo; así que se salió con la suya en varias cosas”.

Aunque sí se drogó en más de una ocasión con Garcia, Olsen no se aclimató por completo al universo de los Dead, hasta las sesiones finales en Nueva York cuando Belushi llegó, dio vueltas de carro en el estudio y pasó el rato ahí. “Se tomó todo lo que pudo y después se desmayó en la consola”, recuerda Olsen. “Todos decían: ‘No lo molestes, déjalo ser’. Todo esto era muy nuevo para mí”. Sin embargo, Olsen estaba impresionado con la creatividad imparable de Garcia: “Él tenía 20 ideas para todos. Decía: ‘Tengo un montón de ideas’ y llevábamos a cabo todas. Realmente disfrutó del proceso”.

Durante el verano de 1977, mientras las sesiones de grabación pasaban lentamente, Steve Parish, un miembro del equipo (y posteriormente el manager de Garcia), llegó con una novedosa idea: Cerrar por completo la puerta del estudio. “Era una broma”, cuenta Parish. “Pero estábamos bajo presión y eso mantuvo a los chicos ahí”. El resultado fue, Terrapin Station, su obra más pulida y profesional hasta la fecha, adjetivos extraños que no necesariamente emocionaban a todos en la banda.

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