El sueño americano de Camila Cabello


Tristeza, conflicto y millones de reproducciones: cómo una inmigrante cubana de 21 años se convirtió en la nueva superestrella pop.


POR Staff Rolling Stone México  



Foto: cortesía Sony Music

Basta con decir que Camila Cabello abraza mucho. Los abrazos que concede no están limitados a: meseros, manicuristas, representantes, hijas de representantes, madres de hijas de representantes, su mamá, su coreógrafo, sus bailarines, fans que han pagado para abrazarla y fans que no lo han hecho pero desean abrazarla profundamente. Cuando se encuentra con su baterista en las calles de Los Gatos, California (el idílico lugar donde se quedó durante sus dos presentaciones en Santa Clara donde fue “telonera” en la gira Reputation de Taylor Swift), lo abraza y luego él abraza a su novia. Cuando, durante el almuerzo en un restaurante italiano el día anterior, un fan le mandó un sorbete de durazno y una solicitud para una selfie, consiguió la fotografía y además un abrazo.

Sus abrazos parecen sinceros, no una estrategia de una estrella de pop que se formó en el concurso de popularidad de Simon Cowell, The X Factor, como Cabello lo hizo en 2012, cuando, en vez de una fiesta de 15 años, pidió que la llevaran a una audición ante los productores del show, y su mamá, papá, hermana menor y abuela se subieron en la minivan familiar para un viaje de 12 horas de Miami a Carolina del Norte.

Camila fue elegida como suplente, y después fue enviada a casa algunas semanas más tarde, sólo para que Cowell la integrara a otras cuatro chicas como un girl group que llegó al tercer lugar en la competencia y obtuvo un contrato. Fifth Harmony, como el grupo fue nombrado (por los espectadores), fue visto como las hermanas de One Direction, a quien Cowell había formado precisamente de la misma manera. Giras en centros comerciales, después estadios. La profundidad de la pasión que vive en el corazón adolescente no puede sobreestimarse.

Pero si eso se puede decir de los fans, también se puede decir de los artistas. Cabello no parecía oponerse a compartir el centro de atención pero quería compartir su alma, exponerse. Y así, en los baños de los hoteles (“La acústica es buena en los baños”), con su laptop en el asiento del inodoro, comenzó a sentir una forma de autoexpresión. El resultado, cuatro años después de que comenzó a escribir, es Camila, un álbum debut que llegó a mil millones de reproducciones en apenas un mes y al primer lugar en iTunes en 100 países. Si aún no es la estrella de pop más grande la generación Z, parece ser una buena apuesta que lo será. Mientras tanto, como cualquier persona de 21 años tratando de descifrar la vida, ha hecho muchos amigos. Y, ciertamente, ha perdido algunos en el camino.

Un sábado antes, Cabello se despierta entre las sábanas blancas de Toll House Hotel en Los Gatos, con el cabello despeinado, rímel corrido e inquieta por una pesadilla que no puede recordar. “No es real”, se dice a sí misma antes de preguntarle a su mamá la hora. “Nueve y media”, Sinuhé Estrabao responde del otro lado de la cama, lo que significa que Camila, a quien no le gusta dormir sola, ha dormido 10 horas. El día anterior había tomado un vuelo a las 4 am en Miami, donde había ido a ver a suhermana de 11 años en una producción de Seussical (“Mi familia es así. Nos apoyamos entre nosotros”).

Había llegado a Levi’s Stadium de Santa Clara justo a tiempo para sacudir su cabello dramáticamente por el escenario. Se unió a Charli XCX para la rendición de poder femenino de “Shake It Off” con Swift, de quien se hizo amiga a través de Hailee Steinfeld cuando Camila estaba atravesando su primera ruptura –terreno clásico de Swift, si existe tal cosa. “Me mandó una playlist y me dijo: ‘Ven, hablemos’”, dice. “Las hermanas Haim estaban ahí. Fue como una noche de chicas”.

Hoy, tiene la prueba de sonido para el segundo show de Santa Clara hasta la tarde. Hay tiempo para leer (The Egyptian de 1945 por Mika Waltari) y aventurarse fuera de la pequeña suite donde las maletas, calcetines sin par y libros están tirados en una versión opulenta de dormitorio de universidad. De hecho, dando un paseo en pantalones imitación de terciopelo, Nikes y sudadera, Camila se ve más como la alumna detrás de ti en la línea de la cafetería que una sensación internacional pop. “Soy morena y pequeña”, dice encogiéndose de hombros. “Sin tacones y extensiones, soy invisible”.

Ser invisible, sin embargo, no ocurría en Fifth Harmony. En una fila de bailarinas, ella hacía que nuestros ojos gravitaran. En un coro de voces, la de ella –a veces marcada y grave, a veces frágil y aguda– era la voz que resaltaba. Genius, un sitio web que escribe comentarios sobre letras de canciones, descubrió que 45% de las líneas en canciones de Fifth Harmony eran cantadas por Cabello. Eventualmente ella tuvo más seguidores de Instagram que el grupo. Y, naturalmente, hubo un límite de lo que podían soportar. Fifth Harmony era el girl group más exitoso desde Destiny’s Child, pero después de meses de rumores y una racha de conciertos cancelados en el verano de 2016, el Twitter del grupo anunció el 19 de diciembre: “Después de cuatro y medio años de estar juntas, hemos sido informadas vía sus representantes que Camila ha decidido abandonar Fifth Harmony”. Ella no sabía que enviaron ese tweet.

Lo cual no significa que no quería salirse, no estaba planeándolo y no había tenido claros sus planes. Ella ya había tenido sesiones de estudio con los productores Benny Blanco y Frank Dukes desde las elecciones en noviembre (“Teníamos una televisión en el estudio y estábamos decepcionados. No hicimos ninguna buena canción esa semana”). Y contrató a Roger Gold para que fuera su mánager, enviándole docenas de pistas de GarageBand que lo mantuvieron despierto toda la noche. “Literalmente no dormí”, cuenta Gold. “No me imaginaba que una chica de un grupo pop manufacturado iba a tener este nivel de talento. No podía creer lo que estaba escuchando”.

Cabello comenzó a escribir canciones a los 16 años, aproximadamente al mismo tiempo que tuvo su primer beso. Al principio, cuando estaba encadenada a Fifth Harmony, donde “otras personas escribían canciones para nosotras y grabábamos discos en dos semanas”, supuso que tal vez otros artistas querrían cantar sus creaciones, las cuales grababa sobre instrumentales que encontraba en internet. Pero eventualmente, pensó: “No quiero darle esto a otras personas porque esto es sobre mi primer beso, un chico que me gusta. Esto es mi historia”.

Ahora, disfrutando del sol de California a una distancia prudente (emocional, temporal y geográfica) de donde las cosas se desmoronaron, Camila insinúa que estaba claro para ella que perseguir una carrera como solista no era compatible con seguir siendo una integrante de Fifth Harmony. Y que había preferido establecer los términos de su salida en lugar de tener esos términos impuestos sobre ella. “No pensé: ‘Quiero salirme porque soy la estrella’”, cuenta. “Sólo éramos realmente jóvenes. Si estuviéramos en la misma situación ahora, probablemente estaría bien para todas hacer su propia música mientras estamos en el grupo, porque creo que ahora todas entendemos que no puedes limitar a las personas. Es por eso que las personas se van”. (Un representante de Fifth Harmony no respondió las peticiones para hablar sobre esta historia).

Parecía claro que Fifth Harmony tenía más que perder que la misma Cabello al salirse, como sugerían las quejas públicas del grupo –acusaciones de que ella había faltado a las reuniones y una presentación en MTV Video Music Awards donde al inicio del número del cuarteto, un quinto cuerpo fue aventado violentamente fuera del escenario. “Fue tan doloroso como una separación amorosa, una ruptura de cinco años”, dice Camila, refiriéndose más de una vez al grupo como su ex. Escribir canciones había sido la forma en la que Cabello procesaba las cosas. “Hay tantas canciones que no están en mi álbum que sólo eran para sacar todo”, dice, recordando el consejo que Swift le dio: “Sólo escríbelo”. En algún momento del camino, cambió el título de The Hurting, the Healing, the Loving a simplemente Camila. Eso es, después de todo, de quien se trata. Fue un buen inicio nuevo.

La primera vez que Camila empezó su vida de nuevo, tenía seis años. Los detalles están incompletos, pero recuerda una gasolinera, su cabeza en el hombro de su mamá mientras Estrabao pedía leche en inglés en tono vacilante. Al obtener el permiso para emigrar legalmente, habían viajado de La Habana (su ciudad natal) a México, cruzaron a Texas y estaban en un viaje en autobús de 36 horas a Miami. Iniciaron la travesía con una mochila y 500 dólares; los boletos de autobús costaban 200 dólares. Camila creía que iban a Disney World.

“Su objetivo siempre fue terminar en Estados Unidos”, explica Cabello sobre su mamá. “Cuando quedó embarazada de mí, quería que yo estuviera en un lugar sin límites para lo que yo quisiera hacer”. Estrabao era una arquitecta en Cuba pero trabajaba en [la tienda de ropa] Marshalls en EE.UU., usando una dirección falsa de una colonia adinerada para que su hija pudiera asistir a una escuela pública de primera que se encontraba a hora y media de donde vivían. Más de un año después de que Cabello inmigrara, su padre mexicano nadó en el río Bravo para unirse a su familia (finalmente obtuvo su green card en 2016); él ganaba dinero lavando autos en un centro comercial.

Cabello sospechaba que tenía una buena voz, aunque esperaba hasta que sus padres no estuvieran en casa para subir el volumen del karaoke en su sótano. Después de audicionar para un musical escolar con “Listen” de Beyoncé, le pidió a su maestro que no le diera el papel protagónico. Su timidez la hacía preguntarse si tenía vocación para la música. “Escuchas a muchos artistas decir: ‘Solía hacer presentaciones para mi familia y hacía que todos me vieran cantar en la sala’. Yo no era así”.

Cuando audicionó para The X Factor, Cabello pensó que era uno de los pocos caminos en la industria musical para alguien con privilegios limitados y cero conexiones. También fue una oportunidad para reinventarse a ella misma. En la escuela, la llamaban por su primer nombre, Karla. En The X Factor, era Camila. Y Camila no tenía pena. Camila era encantadora, ingenua y alguien con quien los demás se podían relacionar. “¿Has visto cuando alguien es realmente tímido y, de repente, está rodeado por muchos extraños y puede ser la persona que quiere ser? Eso es lo que me pasó en The X Factor”.

En el invierno de 2017, tuvo que reinventarse de nuevo, descubrir cómo sería como solista. Se embarcó en una serie de sesiones de creación, trabajando con una lista de productores que admiraba, la cual le había dado a su mánager. “Recuerdo cuando trabajé por primera vez con Frank [Dukes], Pharrell y Max Martin, estaba muy nerviosa”, cuenta. “Tenía que ir al baño y respirar profundo”. No esperaban que ella estuviera íntimamente envuelta en el proceso de composición. “Entonces me decían: ‘Tenemos una idea para ti. Vas a hacer esta canción’. Y les respondía: ‘Tengo este concepto del que quiero escribir’, y sacaba mi laptop, tenía la letra y más cosas. Como tenía colaboraciones, se sorprendieron”.

La primera canción que escribió del álbum fue “Havana”, la cual surgió de un ritmo que Dukes le mostró durante su primera semana de sesiones. Los primeros 15 segundos parecían una revelación. Pero para el resto, “trabajamos y volvíamos a trabajar, nada funcionaba”. Luego, ella y Dukes tuvieron una sesión con Pharrell. Era su cumpleaños. Le mostraron “Havana” y dijeron: “Creemos que esto es realmente especial pero necesitamos ayuda”. Para el final del día, la canción estaba básicamente lista.

Después de eso, parecía que no avanzaría. “Nadie quería que fuera un sencillo. Decían que la radio nunca la iba a tocar, que era demasiado lenta y tranquila”. Camila los presionó y “Havana” alcanzó las listas de popularidad en 23 países. “Me enseñó una gran lección: al diablo con lo que ‘va a funcionar’ –tienes que hacer lo que sientes que es totalmente tú”.

“Havana” funciona, en parte, porque juega con el pasado de Cabello. Sin comentarios o fanfarrias, Cabello posiciona sus raíces latinas en el corazón de la cultura pop estadounidense –un movimiento que se siente casi subversivo en el ambiente político actual. Hace lo mismo con “Inside Out”. Y de nuevo en “She Loves Control”, en la cual un ritmo de salón de baile es utilizado en una canción sobre una mujer tomando poder. “Eso fue algo de lo que estábamos conscientes al hacer el disco”, dice Dukes. “Y es una declaración sin ser ‘mírame, estoy haciendo una declaración’”. Es sutil pero está ahí de principio a fin. Durante la presentación de “Something’s Gotta Give” en su gira, una canción originalmente sobre amor tóxico, transmitió imágenes de los movimientos Black Lives Matter y #MeToo. En los primeros 45 segundos de su álbum, ella canta “nicotine, heroin, morphine” y compara estar enamorada con una sobredosis. Lo que significa que en el remix de Kane Brown de su canción, está haciendo que un cantante de country –¡un cantante de country mestizo!– cante a las personas sobre adicción. “Peleamos por esa letra”, reconoce Dukes. “Ese ha sido el tema recurrente al hacer este disco”. Eso y la necesidad de relacionarse: “Creo que el tema en común en mi álbum soy yo necesitando una conexión real con las personas”, dice Cabello. La subversión de expectativas, la aseveración de una voz única, todo ayuda a mantenerlo real.

Camila no le gustan las fiestas de Hollywood. No le gusta ir a clubes. Pasó su cumpleaños número 21 en casa, comiendo Domino’s en la alberca. Dice que sus vicios son “Oreos, películas y bañeras –si tomo un baño, me gusta sentarme en el piso”. Su vibra es tan comunal, de hecho, que el día anterior, empezó a comer de mi plato sin prestar atención antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo (“¡Perdón! Dios mío, ¡eso fue muy grosero!”).

Cabello todavía vive con sus padres en Miami, en una casa que les compró cerca de la escuela a la que solía ir y donde su hermana estudia ahora, sin el traslado de hora y media. Va a casa lo más que puede, aunque es tan poco frecuente que Thunder, el pastor alemán que su familia recientemente compró, la trata como una extraña.

Hace poco, en un retiro organizado por su novio (no dirá quién es, sólo que “soy la más feliz”), le pidieron hacer un ejercicio de visualización en el cual “las personas que amas están paradas detrás de un edificio, y tratas de hablar con ellas pero no pueden escucharte porque estás muerto”. La idea era saber de lo que te arrepentirías de no haber hecho. Cabello decidió que tenía que hablar más con sus abuelos y que cuando tuviera al menos dos días libres, viajaría a casa. “Eso es vida”, dice, agitando la mano como si el resto fuera sólo un sueño, pero americano.

Y el sueño debe continuar. Cabello se ata el cabello en un chongo despeinado y camina por el pasillo del estadio a un lugar donde una cámara está lista para un meet and greet. Alineados en el pasillo, sus fans tiemblan con anticipación. Ella llega a su puesto y ellos avanzan rápidamente hacia ella, uno por uno, sonrojados por la emoción de estar en su presencia por algunos segundos. Sin titubear, Cabello sonríe ampliamente y abre sus brazos, lista para un abrazo.



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