Entrevista a un filósofo de los zombis: Jorge Fernández Gonzalo


Preguntamos a Jorge Fernández Gonzalo, autor de Filosofía Zombi algunas cosas que funcionan para entender un poco más sobre el fenómeno del que muchos hablan hoy en día.


POR Staff Rolling Stone México  



Preguntamos a Jorge Fernández Gonzalo, autor de Filosofía Zombi algunas cosas que funcionan para entender un poco más sobre el fenómeno del que muchos hablan hoy en día.

Por @Miguel Ángel Ángeles

Los vemos en el cine persiguiendo a Brad Pitt. En los cómics inundado las páginas de couché brillante, en la televisión persiguiendo a un grupo de “heroicos sobrevivientes estadounidenses”. En la Cámara de Diputados o dando las noticias en la televisión abierta. Zombis, zombis y más zombis. Algunos más voraces y fétidos que otros; comiéndonos el cerebro no siempre a mordidas. Qué decir de nuestro dinero. En medio de todo este desfile de tétricos entes que parece tener todavía algunas hordas indispuestas a irse, en Rolling Stone quisimos saber más sobre tan curiosos fanáticos del pop en español, perdón, zombies. Por ello, preguntamos a Jorge Fernández Gonzalo, autor de Filosofía Zombi (Anagrama), algunas cosas que si bien no nos servirán para sobrevivir a un potencial Apocalipsis de este tipo o siquiera un concierto de Justin Bieber, vaya que funcionan para entender un poco más sobre el fenómeno del que muchos hablan hoy en día.

Luego de haber pasado por vampiros y brujas, ¿por qué crees que fueron los zombis las figuras protagonistas de esta nueva obsesión mediática?
Considero que son varios los motivos que han hecho del zombi el icono de nuestros días; todos ellos confluyen en un nexo común. La mitología del zombi posmoderno se liga al contexto de la actual globalización, al desarrollo de Internet, al perfeccionamiento de las redes de comercio y tránsito. Ahora todos podemos viajar a los mismos sitios, comunicarnos entre nosotros al instante, sentir las mismas cosas a través de la pantalla. La humanidad nunca había formado una colmena tan compacta como sucede en nuestros días, si bien es cierto que son muchos los grupos mediática o políticamente excluidos. Por eso mismo, si un solo eslabón de esta compleja cadena se quiebra podría venirse todo abajo, como sucede con las pandemias víricas o con las crisis económicas. Por otra parte, el miedo occidental a que el extranjero tenga la capacidad de venir hasta aquí, inocularme sus costumbres, sus ideas, es un miedo a la zombificación, a la igualación de todos y a la pérdida de nuestras diferencias y de la hegemonía de unos pocos. Es la cara B de las políticas multiculturales: nuestra ficción acude para mostrar lo reprimido. El zombi representa, de tal manera, varios aspectos de nuestro mundo hiperreal, desde nuestra liberación mediática (somos zombis, pero queremos serlo) hasta un miedo ancestral por lo extranjero, pasando por una figura poscolonial, deconstructora, capaz de plantar cara a ciertos paradigmas asentados.

¿Crees que este comportamiento tiene algo de distinto con los ejemplos anteriores? ¿Qué nos enseña el zombi que no aprendimos con los otros personajes?
Aunque ha habido vampiros, robots y alienígenas en la pequeña y gran pantalla, nunca nos hemos identificado con ellos. En cambio, sabemos perfectamente que estamos zombificados por una u otra razón. Zombificados a través de las redes sociales, de nuestros gustos, de nuestras estrategias afectivas, zombificados también por el poder y la sociedad, por la política local e internacional, por las exigencias de un capitalismo fagocitante. Y sin embargo, la respuesta de muchos ha sido curiosamente la de gestionar modelos cooperativos, aprender a vivir lo masivo, lo interconectado, a través de manifestaciones, alianzas en la red, grupos anónimos de resistencia, etc. La horda es una metáfora excelente para derribar ciertos modelos establecidos.

De todas las historias relacionadas con zombis o cuyo tema central gira en torno a estos, ¿cuál es tu favorita?
Hay una película no especialmente conocida, pero muy respetada en ciertos circuitos reducidos, que prescinde de toda la parafernalia visual de lo gore y que nos muestra un modelo de zombificación mucho más limpio, y por ello mismo más brutalmente certero. Es la película canadiense Pontypool. En ella, un grupo de personajes que trabajan en una radio local emite, sin saberlo, una suerte de virus acústico, de código zombificador a través de las ondas. ¿No es ésta acaso la mejor metáfora de nuestros modelos últimos de zombificación mediática? La palabra, la música, son auténticos virus, memes colonizadores que nos convierten en los huéspedes de una pandemia verbal, emocional.

Tras haber publicado Filosofía Zombi, ¿qué nuevas preguntas te surgieron con respecto al tema zombi? ¿Qué respuestas no esperabas?
Al poco de publicar el libro sucedieron dos fenómenos interrelacionados. Por un lado, se habían producido en España una serie de movimientos sociales de gran calado en la población que se conocen con el nombre de movimiento 15-M, el cual pronto recibió eco internacional. Por otro lado, tuve que atender a varios compañeros de la prensa que se interesaban por el libro y que buscaban en él alguna clave de lo que estaba ocurriendo en aquellos días. En mi libro hablé de la importancia de las hordas, de lo comunitario, y de formas anónimas de resistencia, pero era una idea poco fundamentada y no lo suficientemente explorada. Con las entrevistas me reafirmé aún más en ellas e intenté avanzar en esa dirección, en la posibilidad de aceptar lo comunitario dentro del ámbito político, pero no bajo las reglas equiparadoras del juego democrático.

Y respecto a las respuestas, es grato, pero también sorprendente, descubrir interpretaciones distintas, líneas de investigación avanzadas hacia otros contextos, caminos divergentes dentro del análisis del fenómeno zombi. Me había documentado bastante para redactar el libro, pero justo después de publicarlo encontré a más autores que seguían investigando y que pudieron encontrar motivos sugerentes en mi trabajo, y yo también en el suyo.

¿Qué crees que sea lo que marque el final de este “amor por los zombis”?
Su propio desgaste. Hay productos que son bastante “tradicionales”, entre comillas, es decir, que siguen sin innovaciones extremas las líneas de George Romero y que muestran un personaje similar, y que a pesar de ello triunfan aún en la pantalla. Pienso en The Walking Dead o incluso en Guerra Mundial Z. Ahí los zombis son zombis, aunque corran un poco más, aunque dejen de atacar a determinados humanos, como ocurre en la película de Brad Pitt (y no desvelo más). Sin embargo, hay otros productos que nos muestran divergencias con respecto a este modelo y que nos indican que pronto acabará el caudal de obras sobre estos muertos vivientes. En Crossed, un peculiar cómic, los zombis –si aún podemos llamarlos así – son seres aberrantes, perversos, con cierto grado de inteligencia, y que sodomizan a sus víctimas para contagiarlos. En Warm Bodies (Mi novio es un zombi) descubrimos algo de lo que los zombis carecían: emociones. Al comerse al novio de la protagonista, el zombi adquiere las emociones de su víctima y acaba enamorándose de la chica.

Más allá de un virus o maldiciones de tipo místico, ¿cuál sería, desde tu punto de vista, el principal agente zombificador de la sociedad?
La pantalla es nuestro gran espacio de zombificación. Eso no significa que debamos huir de ella, sino que debemos construirnos como seres transmediáticos, como zombis postapocalípticos que habitan en la red.

¿Cuál sería para ti el escenario más cercano a un verdadero Apocalipsis Zombi?
Existe el Apocalipsis zombi en la ficción porque no podemos acabar con el capitalismo en la vida real. Es así de sencillo. Zizek y Friedric Jameson llegan a conclusiones similares. Podemos imaginarnos una plaga mundial, un meteorito, el derretimiento de los cascotes polares, pero no una salida revolucionaria del capitalismo que pase por la exclusiva acción del ser humano. Hace falta que algo venga de fuera (un alienígena, la rebeldía de las máquinas, una pandemia, un accidente climatológico) para concebir lo que de otro modo sería inimaginable. No sólo no hay alternativas viables al capitalismo, parece decirnos el fenómeno zombi, sino que además somos incapaces de imaginar dicha alternativa sin recurrir a lo irreal.

-Jorge Fernández Gonzalo es poeta y doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense. Escribió Filosofía Zombi además de varios poemarios y estudios sobre poesía, filosofía y pensamiento; y aunque no comparte créditos con Brad Pitt en World War Z –cosa que no lamentamos-, sigue trabajando con letras, ese potente agente dezombificador que tanto bien nos hace.

La reseña de Filosofía Zombi la puedes leer aquí.

Todos los comentarios emitidos por Miguel Ángel Ángeles son responsabilidad suya, sobre todo aquellos relacionados con Justin Bieber y el pop en español. Zombis reales: no hay mucho que comer ahí.



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