Entrevista con The Black Keys


Una charla alivianada con Patrick Carney y Dan Auerbach, donde nos comparten desde su ceguera hasta el bullying que vivieron en la prepa


POR Staff Rolling Stone México  



Una charla alivianada con Patrick Carney y Dan Auerbach, donde nos comparten desde su ceguera hasta el bullying que vivieron en la prepa

Por: Jorge Ramis

Fotografía: Salvador Bonilla

Domingo por la noche, la televisión está encendida, se trata de la entrega número 55 de los premios Grammy, y cada vez que volteo a ver, The Black Keys están a cuadro. Han recibido más de tres premios: “La revolución del rock”, le nombrarían muchos críticos musciales. Miles de personas presentes en el Staples Center escuchan la interpretación en vivo de “Lonely Boy ”, mientras vitorean, chiflan y bailan. Ya nadie cree en los Grammys, pero eso no importa, y de eso no va esta entrevista.

La última banda que marcó una pauta en la manera de concebir al rock-pop fue Muse y ahora los ingleses le han pasado la batuta a un par de chicos de Akron, Ohio. Aunque empezar una nota acerca de los Black Keys con una descripción relativa al “son el nuevo éxito comercial”, o “vendieron todos los boletos del Madison Square Garden en menos de quince minutos”, resultaría un argumento muy reiterativo y, además, injusto para calificar a la banda: ya todos sabemos el éxito que han alcanzado con su última producción de estudio: El Camino.

Observo su presentación en los Grammys mientras recuerdo su colaboración con Johnny Depp para los MTV Movie Awards, casi como una analogía: la dupla ya es toda una estrella de Hollywood, como Chewbacca y Han Solo. Chewbacca, por la altura de Patrick Carney, y Solo, por el carisma y la buena apariencia de Dan Auerbach.

Esto me transporta a un par de semanas antes, cuando me reuní con el baterista de The Black Keys y tuvimos una pequeña, pero agradable platica. Patrick estaba sentado a un lado mío y traía la misma (o si no era la misma, una que se parece mucho) chamarra de cuero que portó en los Grammys.. Es un tipo igual a como lo describen en sus biografías: alto, casi de uno noventa, de nariz aguileña, ojos cafés, separados, cabello negro y quebrado. En ese momento, la luz tenue del lugar le iluminaba sólo el perfil izquierdo, lo que resaltaba la agresividad de sus rasgos y el tamaño de sus lentes (que le quedan grandes). Constantemente checaba sus bolsillos, como si se le hubiera perdido algo, o como si fuera un tic singular. Si uno lo viera como una persona normal, costaría trabajo, entonces, creer que es una estrella de rock. Su tamaño es casi ridículo, sus extremidades son muy largas y se ve que, corporalmente, Patrick es una persona muy torpe. Lo es, se nota cada que toca la batería, no la toca mal, pero cada que lo hace pareciera como si un oso intentara estrecharme la mano.

A los catorce ya le gustaba Pavement, aunque aún no se introducía a Sonic Youth. A los quince, asistió a un concierto de la banda liderada por Stephen Malkmus y eso cambió su vida: la interpretación de Gary Young en “Slanted and Enchanted” influenció completamente en el estilo de Patrick. Cuando Carney era joven, le gustaba que las personas lo vieran como alguien raro, le encantaba retar, de manera intelectual, a sus enemigos. Le pregunté si alguna vez sufrió de bullying. “¡Sí! ¡Por eso lo hacía! Me latía el bullying. Mi hermano mayor se burlaba mucho de mí. Él era dos años mayor que yo, así que cuando yo entré a la escuela, en mi primer año de la preparatoria, mi hermano todavía estaba ahí, y estos imbéciles trataban de burlarse de mí, así que encontré la manera de volverlos locos, básicamente. Yo y mis amigos, nos hacíamos los raros, nos burlábamos de ellos, los acusábamos de que nos intentaban violar en el baño, sabes, les gritábamos. Como si estuviéramos causando pánico, un poco. Después de esto ya nadie se volvió a burlar de mí”. Pero también me interesaba ver qué opina él del bullying como un problema social, respondió sin dudar y con una indiferencia que sólo me hacía creer que ya no quería hablar más de eso, sin embargo, me sorprendió: “Bueno, hombre, sí pasa. A mí, en la preparatoria, me golpearon algunas veces. Yo jamás les he pegado en la cara a mis hermanos. Está jodido, pero pasa”.

Al instante, la actitud de Patrick me recordó a Nick Andopolis, el personaje de Jason Segel en aquella maravillosa, pero ya extinta serie de televisión de 1999: Freaks & Geeks. Nick, el compinche de Daniel Desario (James Franco), que tenía una bizarra obsesión por las percusiones, es muy parecido a Patrick: alto y corporalmente torpe.

Casi como la ficticia McKinley Highscool, en donde Desario y Andopolis se juntaban para fumar mariguana, escuchar blues y hablar de John Bonham, se encuentra la Firestone Highschool, en el diminuto e industrial pueblo de Akron, Ohio. Ahí estudiaban Carney y Auerbach. Se saludaban en los pasillos, aunque no se hablaban tan seguido: “Uhm, bueno, estábamos en dos grupos de amigos diferentes. Él es un año más grande que yo. Yo convivía más con los nerds, los music geeks, ¿sabes? Y él estaba en el equipo de soccer, pero sí éramos amigos, hasta un cierto punto, pues éramos vecinos. No pudimos ser amigos cercanos hasta después de la preparatoria”.

Al contrario de lo que podríamos pensar, y comparándolo un poco con la actitud de Nick Andopolis, Patrick Carney es un tipo sano, no se droga, casi no toma y su “síndrome de rockero” no siempre aparece. ¿Mariguana? “Realmente yo nunca he tomado drogas. Sí he fumado, sólo para probarla, pero en realidad no lo hago. Tomo cerveza y cosas así, pero las drogas no, no las soporto, tengo una fisiología muy débil”. Y sí le creo, las fotos de Carney cuando tenía 15 años parecen las de un “rechazado” con problemas de ansiedad. No ha cambiado mucho, sólo se deja el cabello largo y se pone una chaqueta de cuero cada que está a punto de subir al escenario.

Después de la preparatoria, ni Carney ni Auerbach sabían qué iba a pasar, ni que una década después estarían llenando el Madison Square Garden y, además, encabezando una basta cantidad de festivales en todo el mundo. Patrick, de escuchar a Pavement en un poco poblado pueblo de Ohio, ahora cada noche toca para más de diez mil personas. La magnitud que ha alcanzado la banda ha sobrepasado todas las expectativas, incluso las de ellos mismos. Y los medios han jugado un papel importante en el desarrollo de The Black Keys, que representan todo el sueño de una banda norteamericana: portadas en Rolling Stone, apariciones en MTV, Madison Square Garden, Coachella, y un largo etcétera.

-En un artículo de portada acerca de los Black Keys, Brian Hiatt, de Rolling Stone, los describía como “el nuevo sonido de estadio”. ¿Concuerdas con esta descripción, Patrick?
-“No, no concuerdo, bueno, no lo sé. Nunca hemos tocado en un estadio, hemos estado en arenas, tal vez, pero, bueno, no sé. Me refiero a que ya hay muchas bandas que pueden llenar el Madison Square Garden en quince minutos. Creo, bueno, no estoy tan seguro de por qué pasa eso. Estaba leyendo un artículo que decía que antes para llenar el Madison se tenían vender tres o cuatro millones de discos y así llegar ahí. Ahora esto se llena con bandas que han vendido doscientos o trescientos mil discos. La gente se interesa más por la experiencia de la música en vivo. Uhm, no lo sé, no puedo comentar de ese artículo porque si lo hiciera, terminaría sonando como si estuviera juzgando a la banda”.

Justo al terminar esa oración, Patrick se volvió a acomodar los lentes y no pude evitar hacer un comentario acerca de su vista.
-“¿Es cierto que sin lentes no ves nada?”
-“Muy cierto. Puedes probártelos, si quieres”.
Y Patrick me entregó sus lentes, me los puse: sus anteojos deben tener más de 5 números de graduación, y Patrick me ve, sonriendo, la única sonrisa que me otorgó en toda la entrevista.
– “Recuerdo que una vez vi a J Mascis, le ponen un setlist gigante para que él mismo pueda verlo”
– (Ríe) “¡Sí! ¡También le ponen unos altavoces gigantes! Lo conozco… ¡Es un tipo genial!”
– “Se ve que lo es. ¿Patrick, nunca has pensado en operarte los ojos?”
– “Uhm, un poco, a veces me reconocen en las tiendas, las farmacias, y estoy seguro de que sólo es por los lentes. Así que si alguna vez trato de ir de incógnito, sólo me quito los lentes y me pongo unos de contacto” (ríe).
– “Y cuando tocas, te quitas los lentes y, supongo, no ves mucho. ¿Qué es lo peor que te ha pasado en una presentación?”
– “Lo peor que te puede pasar es asustarte, sabes. Me he pegado en la cara con las baquetas. Una vez, no fue tanto mi culpa, alguien arruinó el set de mi bateria, le pegué a un platillo y se cayó. Cosas que pasan…”.

Patrick Carney y Dan Auerbach se complementan, embonan a la perfección, tanto en el escenario como en su personalidad. Patrick es raro y tiene un sentido de humor muy particular, mientras que Auerbach casi no habla ni bromea. Son una pareja que parecería no combinar, sin embargo, desde una perspectiva no tan distante se puede notar por qué han estado juntos a lo largo de tantos años y cómo fue que aguantaron y superaron tantos obstáculos: desde tocar en fiestas de lanzamientos de películas porno, hasta sentarse en los sótanos más mugrosos y cochinos de Ohio. Su momento es éste, mientras Patrick está bebiendo un refresco de cola y platicando conmigo, hay millones de músicos que les gustaría tocar en los Grammys.

THE BLACK KEYS en Corona Capital

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The Black Keys en el Corona Capital, por Salvador Bonilla



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