John Williams en ‘Tiburón’


La música de Tiburón fue tan responsable como la imaginación del director Steven Spielberg de ahuyentar a la gente del agua en el verano de 1975.


POR Staff Rolling Stone México  



La música de Tiburón fue tan responsable como la imaginación del director Steven Spielberg de ahuyentar a la gente del agua en el verano de 1975.

John Williams hizo nuestra película más intrépida y más emocionante de lo que jamás pude imaginar”. Steven Spielberg, escribiendo sobre Tiburón.

Por Jon Burlingame

Raramente seis bajos, ocho chelos, cuatro trombones y una tuba tienen tanto poder sobre los escuchas. Especialmente en un cine. La música de John Williams para Tiburón está catalogada como una de las más terroríficas jamás escritas para el cine (y, de acuerdo con una encuesta hecha en el 2005 por el Instituto Americano Cinematográfico, está en el Top 10 de las más memorables en la historia del cine).

La música de Tiburón fue tan responsable como la imaginación del director Steven Spielberg de ahuyentar a la gente del agua en el verano de 1975. Su intensidad pura y poder visceral ayudaron a que la película se convirtiera en un fenómeno mundial; Spielberg la comparó a la igualmente aterradora e indeleble música de Bernard Herrmann para Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock.

Era la segunda película en la que Spielberg hacía de director, como lo señaló el compositor en una reciente conversación en su estudio dentro del grupo Universal. El par había trabajado por primera vez en la cinta debut de Spielberg, The Sugarland Express (Loca Evasión, 1974).

“Ya sabía de la novela”, recuerda Williams. “Creo que no la había leído, pero el libro de Peter Benchley fue mucho, muy popular. Recuerdo haber visto la película en una sala de proyección aquí en Universal, Estaba solo; Steve estaba en Japón en ese momento.”

“Salí de la proyección muy emocionado”, dice Williams. “Había trabajado en Hollywood por cerca de 25 años pero nunca había tenido la oportunidad de hacer un filme que fuera absolutamente brillante. Ya había dirigido El Violinista en el Tejado (1971) y había trabajado con directores como William Wyler y Robert Altman entre otros. Pero Tiburón me noqueó.”

Williams vio el thriller de Spielberg sobre un tiburón blanco gigante que aterrorizaba a los bañistas de las playas de Nueva Inglaterra, como una oportunidad para realizar una gran contribución. No solo podía caracterizar al pez predador en términos obscuros y poderosos, si no que también, como recuerda haberle dicho a Spielberg, “Realmente imaginé esto como una persecución marítima, algo que también tuviera humor, así la orquesta también podría tomar su capa y espada algunas veces”.

La primera en llegar – y la única parte de la música que Williams le mostró a Spielberg previo a las sesiones de grabación – fue el tema del tiburón. Encontró un sello que no solo le quedaba perfecto a la creatura, si no que también probó ser lo suficientemente flexible para funcionar de distintas formas tal como el mismo tiburón: Sonidos de lo profundo de la orquesta (cuerdas e instrumentos de viento bajos) que a su vez eran rítmicos: “tan simple, insistente y con dirección, que parecían imparables, tal como el ataque del tiburón”, explicó Williams. La música podía ser fuerte y rápida si el tiburón estaba atacando, suave y lenta si estaba acechando, pero siempre en un tono amenazador.

Sorprendentemente, tomo un poco convencer al director. “Solamente toqué para él la simple E-F-E-F línea del bajo que todos sabemos en el piano”, y Spielberg se rió al principio. Pero mientras como Williams explica, “Simplemente empecé a jugar con diferentes tonadas que podían ser distribuidas en la orquesta, y me instalé en lo que creí era lo más poderoso, lo que a decir verdad es lo más simple. Como la mayoría de las ideas, siempre son las más atractivas”.

De acuerdo con Williams, la respuesta de Spielberg fue: “Vamos a intentarlo”. Williams pasó dos meses escribiendo más de 50 minutos de música para la cinta. La grabaron a principios de marzo de 1975 con una orquesta de 73 miembros. “Fue muy divertido, como un gran patio de juegos”, recuerda el compositor. “Realmente nos la pasamos muy bien, y Steven lo amó”. De hecho lo amó tanto, que decidió involucrarse. Al principio de la película, una banda de preparatoria toca una marcha de Sousa en un desfile callejero, y Williams tenía que grabar una interpretación verdaderamente desastrosa con su orquesta, que incluía a muchos de los más finos músicos de Hollywood. “Es realmente difícil pedirle a estos grandes músicos que toquen mal”, señaló. Pero Spielberg, quién tocó el clarinete en la banda de su preparatoria, decidió unirse a la orquesta en ese número. Y, dice Williams, “agregó justo la calidad amateur necesaria a la pieza. Algunos de esos compases todavía sobreviven en la película”.

Mientras que el tema del tiburón se mantiene como la parte más popular de la música de la cinta, la aportación completa de Williams es mucho más diversa. Escribió una encantadora pieza (graciosamente titulada “Turistas en el Menú” en el soundtrack original del álbum) para la concurrencia de la Playa Amity el Cuatro de Julio, y un espeluznante paisaje sonoro para Quint (Robert Shaw) relatando su horrible experiencia como sobreviviente del hundimiento del USS Indianapolis.

Una de las partes favoritas de Williams es la “fuga de la jaula para tiburones”, mientras Hooper (Richard Dreyfuss) ensambla el aparato bajo el agua que le permitirá observar al predador de las profundidades de cerca. Inspirado en su entrenamiento clásico, Williams compuso una pieza al estilo Bach que indicaba la complejidad del trabajo y la urgencia del momento al mismo tiempo.

Había una danza alegre (un baile tradicional de marineros) que se escuchó mientras la orca dejaba el muelle de Amity hacia mar abierto, y fanfarrias para el bote que perseguía al tiburón hacia el mar. “Sonaba muy al estilo Korgoldian”, comenta Williams, refiriéndose a Erich Wolfgang Korngold, el famoso compositor Austriaco que orquestó muchas películas de piratas entre los años de 1930 y los ‘40s; “esperarías ver a Errol Flynn al timón de esta cosa. Nos hizo reír”.

Williams no estaba en América cuando Tiburón se estrenó el 20 de junio de 1975 e inmediatamente tomó a los fanáticos del cine por sorpresa. Se encontraba trabajando en la puesta en escena de un musical. Recuerda a uno de sus colaboradores entrando al teatro un día diciéndole “el tiburón ese es el último grito en los Estados Unidos”.

Tiburón no solo se convirtió en la película más taquillera de su tiempo, también impulsó a John Williams a la delantera de los compositores para cine modernos. Ganó su segundo Premio de la Academia por la composición (uno de los cinco que tiene ahora) así como un Globo de Oro, un Grammy y un Premio BAFTA Anthony Asquith por la música de la cinta. Junto con Star Wars – que Williams compondría dos años después para el amigo de Spielberg, George Lucas – el fenomenal éxito de Tiburón hizo resurgir el interés en la orquestación sinfónica de las cintas y cimentó el camino para futuras Spielberg-Williams piezas maestras como E.T., El Extraterrestre (1982) y La Lista de Schindler (1993).

Más que otra cosa, la música de Williams para Tiburón ayudó al director a alcanzar su meta: meterles un buen susto a los cinéfilos. Como después lo pondría Spielberg: “Creo que la orquestación fue responsable por la mitad del éxito de la película”.

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Jon Burlingame escribe acerca de la música de las películas para Variety y es el autor de Sound and Vision: 60 Years of Motion Picture Soundtracks.


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