Juan Villoro: “Donde la tierra se abre y la gente se junta”


El reconocido escritor mexicano publicó un emotivo texto que retrata la naturaleza del pueblo mexicano ante la devastación causada por el sismo ocurrido el pasado 19 de septiembre.




Foto: Ramón Islas

El día de hoy, el reconocido escritor mexicano Juan Villoro compartió el texto El puño en alto (publicado en su columna en el diario Reforma), una radiografía emocional plasmada en versos que fueron hechos para los que no bajan las manos ante el terrible sismo que azotó al centro del país el pasado martes. Los sentimientos en estas letras reflejan lo que los mexicanos han vivido esta semana: tristeza, soledad, impotencia, amor, solidaridad y un sinfín de matices emocionales. “Donde la tierra se abre y la gente se junta”, una oración que expone perfectamente el ADN del mexicano, uno que ante los peores escenarios no se raja. En este emotivo texto, Villoro nos recuerda que durante la penumbra, siempre hay luz.

Lee a continuación el texto completo:

Eres del lugar donde recoges la basura.
Donde dos rayos caen en el mismo sitio.
Porque viste el primero, esperas el segundo.
Y aquí sigues.
Donde la tierra se abre y la gente se junta.

Otra vez llegaste tarde:
estás vivo por impuntual,
por no asistir a la cita que a las 13:14 te había dado la muerte,
treinta y dos años después de la otra cita,
a la que tampoco llegaste a tiempo.

Eres la víctima omitida.
El edificio se cimbró y no viste pasar la vida ante tus ojos,
como sucede en las películas.
Te dolió una parte del cuerpo que no sabías que existía:
La piel de la memoria,
que no traía escenas de tu vida,
sino del animal que oye crujir a la materia.
También el agua recordó lo que fue cuando era dueña de este sitio.
Tembló en los ríos.
Tembló en las casas que inventamos en los ríos.
Recogiste los libros de otro tiempo,
el que fuiste hace mucho ante esas páginas.

Llovió sobre mojado después de las fiestas de la patria,
Más cercanas al jolgorio que a la grandeza.
¿Queda cupo para los héroes en septiembre?
Tienes miedo.
Tienes el valor de tener miedo.
No sabes qué hacer,
pero haces algo.
No fundaste la ciudad ni la defendiste de invasores.

Eres, si acaso, un pordiosero de la historia.
El que recoge desperdicios después de la tragedia.
El que acomoda ladrillos,
junta piedras,
encuentra un peine,
dos zapatos que no hacen juego,
una cartera con fotografías.
El que ordena partes sueltas,
trozos de trozos,
restos, sólo restos.
Lo que cabe en las manos.

El que no tiene guantes.
El que reparte agua.
El que regala sus medicinas porque ya se curó de espanto.
El que vio la luna y soñó cosas raras,
pero no supo interpretarlas.
El que oyó maullar a su gato media hora antes y sólo lo entendió con la primera sacudida,
cuando el agua salía del excusado.
El que rezó en una lengua extraña porque olvidó cómo se reza.
El que recordó quién estaba en qué lugar.
El que fue por sus hijos a la escuela.
El que pensó en los que tenían hijos en la escuela.
El que se quedó sin pila.
El que salió a la calle a ofrecer su celular.
El que entró a robar a un comercio abandonado y se arrepintió en un centro de acopio.
El que supo que salía sobrando.
El que estuvo despierto para que los demás durmieran.

El que es de aquí.
El que acaba de llegar y ya es de aquí.
El que dice “ciudad” por decir tú y yo y Pedro y Marta y Francisco y Guadalupe.
El que lleva dos días sin luz ni agua.
El que todavía respira.
El que levantó un puño para pedir silencio.
Los que le hicieron caso.
Los que levantaron el puño.
Los que levantaron el puño para escuchar si alguien vivía.
Los que levantaron el puño para escuchar si alguien vivía y oyeron un murmullo.
Los que no dejan de escuchar.

Juan Villoro

Foto: Ramón Islas

Foto: Ramón Islas

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