Rihanna no quiere que te preocupes por ella


Rihanna: ¿Gigante incansable del pop o chica modelo de elecciones equívocas?


POR Staff Rolling Stone México  



Rihanna: ¿Gigante incansable del pop o chica modelo de elecciones equívocas?

Texto: Josh Eells
Fotografías tomadas del Instagram de Rihanna

Salimos a cenar al Giorgio Baldi, el restaurante favorito de Rihanna, un pequeño lugar de comida italiana que una familia puso muy cerca de la carretera costera del Pacífico. Ella come aquí unas tres veces por semana y lo haría más seguido, pero el lugar cierra los lunes. Siempre tienen una mesa a su disposición, y Marco, el mesero, sabe muy bien que ella adora el parmesano y detesta las trufas. Casi siempre ordena un espagueti con salsa de tomate, y unos calamares fritos como entrada. Una vez que ha decidido que algo le agrada, Rihanna se queda para siempre con ello, incluso si no es perfecto. “Necesito hacer algo al respecto”, dice. “Es como dar los primeros pasos”.

Esta noche ha llegado dos horas tarde, como es costumbre. Marco lo sabe muy bien; ni siquiera me habla acerca de los platillos del día porque “se te olvidará qué hay antes de que ella llegue”. Finalmente, entra en el pequeño local, se le ve ligeramente cansada. “Mi cuerpo es raro”, dice. “Me levanto con el sol y ya no puedo volver a dormir. Mis pensamientos me atrapan”. De camino, tomó la segunda siesta del día. Rihanna se mudó a este barrio un par de meses antes, y la cantante mentiría si negara que la proximidad de Giorgio Baldi fue uno de los factores determinantes (“comida para llevar”). Antes vivía en Beverly Hills, en una casa que jamás le gustó. “La alberca era una pesadilla”, dice. “Su fondo era azul oscuro; ¡parecía un lago!”. Su casa nueva también tiene piscina, pero “normal; con un fondo azul claro”.

El plato de calamares es servido y comenzamos a discutir acerca del avión de Rihanna. Como parte de una campaña publicitaria para Unapologetic, la cantante rentó un Boeing 777 y voló a siete países en siete días, acompañada de un puñado de reporteros y más de 250 fans. Todo salió bien durante el primer día, hasta que los bloggeros que esperaban un viaje lujoso y todo pagado, comprendieron que tenían que esperar horas en la pista, sin agua ni acceso al baño. Le pregunto si ha seguido tal drama por Internet.
“¡Qué!”, exclama, como si fuera la primera vez que escucha hablar del tema. “Sabía que un par de personas se habían molestado, pero no me di cuenta de la dimensión del asunto, sino hasta el último momento”.
¿No escuchaste el resto? No podían dormir, nadie les dio alimentos, olía mal… ¡una trifulca estuvo a punto de estallar!
“¿En el avión?”, dice. “¡Eso es una locura!”
En ese caso, ¿qué le pareció a ella? “Fue grandioso”, dice. “La diversión no se acababa nunca. Disfruté cada minuto. Y permitió que el mundo en general descubriera el disco –así que misión cumplida”.

En cierto modo, el viaje supuso un espejo de lo que ocurre con su vida: Un fiasco en el plano de las Relaciones Públicas que ha demostrado ser materia perfecta para los blogistas –asunto que, por supuesto, llamó mucho la atención y sirvió para dar a conocer el álbum. Fotos con el torso desnudo; otras con un toque en la boca; coqueteo en Twitter con el hombre que la mandó al hospital. Es prácticamente un personaje de Lena Dunham en lo referente a sus excesos a la hora de compartir, y por el lado de sus elecciones, sumamente cuestionables –incluso Dunham piensa que la cantante comienza a cagarla (“me parte el corazón en dos”, dijo Dunham, en clara referencia al romance Rihanna-Brown). Rihanna dice que el nombre del álbum supone una respuesta dirigida a todos los que opinan que ella debería ser un paradigma más positivo. “Jamás le diría a una niña de 10 años que me admire e imite”, dice esta noche. “Porque sé que no soy perfecta. Pero yo no firmé un contrato para ser una especie de modelo”.

Su mentor, Jay-Z, dice que todo esto forma parte de un proceso de maduración. “En el futuro echará una mirada atrás y dirá: ‘¿Por qué habré dicho esto o aquello?’”, dice, hablando en términos generales, no específicos. “Y yo creo que eso es lo mejor. La vida no es acerca de otra cosa. Sal al mundo y elige mal, equivócate. Es mucho más emocionante que ser un robot controlado”.

Últimamente, su provocación más grande ha sido la reconciliación con Brown, que podemos ver reflejada tanto en su música como en la vida real. El video de “We Found Love”, filmado en 2011, no era fácil de ver, debido a que incluía una especie de doble de Brown tocándole la cara dentro de un automóvil; la portada de “Stay”, su nuevo sencillo –una balada muy hermosa que, al parecer, también es acerca de Brown– los muestra envueltos en un abrazo amoroso. Y, además, tenemos otra nueva canción, “Nobody’s Business”, un dúo desconcertantemente energético que ha servido líricamente como defensa de su relación. En cierto sentido, esto es como la continuación de una tradición musical que podría remontarse 90 años, hasta llegar a Bessie Smith (“I’d rather my man would hit me/’Tain’t nobody’s jump right up and quit me/’Tain’t nobody’s business if I do” –1923).

Pero la foto que hubiera podido evidenciar la proverbial golpiza de Bessie Smith jamás apareció en TMZ. De alguna manera, Rihanna supera en experiencia a su propia edad biológica, pero asimismo es más joven que sus años reales. No quiere entrar en Chateau Marmont porque le teme a los fantasmas (“lo puedes sentir. Es un espacio prestado”). Su paladar continúa forcejeando con el sushi y los vegetales, y maneja una sola frase en lengua extranjera (“Necesito un pene”).

Pero también puede reírse de sí misma –como cuando la conversación da un giro y abordamos la información desplegada por un tabloide, la cual aseguraba que la cantante se había molestado con su amiga Katy Perry luego de que ésta última le confiara que estaba saliendo con John Mayer. “Katy Perry tiene derecho de salir con quien le dé la gana”, dice. “Además, ¿quién demonios soy yo para opinar?”, ríe. “¡A nadie le podría dar consejos sobre relaciones!”.

Mientras Marco se lleva los platos vacíos, Rihanna habla acerca de su nueva colección de ropa, que será lanzada este mes (“Seductora, con clase –pero a la vez sencilla”). Habla acerca de todo lo que quiere hacer cuando salga de gira –ponerse al corriente con las temporadas de Breaking Bad y terminar el curso de italiano que pidió hace dos años (“todo sigue acumulándose”). Habla acerca del regalo que compró para el bebé de Jay-Z y Beyoncé: Una Blue Ivy –es decir, una versión en miniatura de la chaqueta que Rihanna usó en The X Factor– y acerca de su propia incertidumbre en torno al tema de la procreación. “Bueno, claro que me gustaría tener hijos”, dice, pero luego suelta una carcajada. “Aunque preferiría pedirlos a alguna agencia”. Nos traen la cuenta.



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