P&R: Jordi Mollá


Jordi Mollá, molesto por la falta de un salero, nos habla de su obra atropellada y de Jordi.


POR Staff Rolling Stone México  



Jordi Mollá, molesto por la falta de un salero, nos habla de su obra atropellada y de Jordi.

Por Alicia Quiñones

E n 2013, junto a Vin Diesel este actor dio vida al villano en la cinta Riddick. En 2001 participó en Blow junto a Johnny Depp. Ha protagonizado más de 30 películas con directores como Peter Greenaway, Bigas Luga y Pedro Almodóvar; ha dirigido tres y escrito y producido una decena. En pocas palabras, Jordi Mollá (Barcelona, 1968) conoce a cabalidad su oficio en el cine, pero también es pintor. Estamos sentados en un lujoso hotel de la Ciudad de México, y Jordi Mollá se queja de la sal. “¿Cómo es posible que por ley ya no se ponga sal en la mesa? Si me quiero morir de eso, es mi problema. Me parece una brutalidad”. Jordi visitó nuestro país con unos cuadros para participar en la subasta organizada por Eva Longoria a favor de la niñez y la mujer.

¿La pintura es un asunto profesional?
No sé si me gusta ese término. Lo profesional lo jode todo. Si veo que algo comienza a ser demasiado serio, me tira un poco para atrás.

¿Por qué eres un pintor abstracto?
Porque no sé dibujar. No me interesa. Cuando quiera hacer algo más realista, hago una fotocopia de algo que me gusta y tengo todo lo que necesito. Decía Salvador Dalí: “Cuando inventaron las cámaras fotográficas, el hiperrealismo se fue al carajo”.

¿Qué significa entonces hacer este tipo de arte?
Hago otro tipo de cosas, trabajo con cuadros que ya existen y los tuneo. Intentar pintar algo que en apariencia no dice nada no es sencillo. Todo mundo quiere saber qué es. Cuando pinto abstracto mi función es que nada parezca nada.

Entonces tu inicio en la pintura fue fortuito…
Fue un poco ese amigo imaginario que nunca me traiciona.

O la soledad…
Cuando estás rodando una película tienes mucho tiempo libre. No puedes estar todo el día en el gimnasio, todo el día de museos. Más vale que me invente algo.

¿Cómo te influyó Bigas Luga?
Cuando le veía pintar lo veía tan feliz que quise seguirlo. Con él comencé mi carrera, hice tres películas. Él me metió la pintura en la cabeza. Y algunos directores más con los que he trabajado que son muy creativos, como Peter Greenaway, que también era pintor.

¿De niño tenías ya inclinación por el arte?
Vivía en una fantasía. Me disfrazaba de vaquero, de Tarzán, quería ser diferente. Me gustaba la creatividad. A los 16 años hacía peliculitas con amigos o con mi hermano. Tocaba en un grupo de música a los 17.

¿Qué tipo de música?

Nada. Ruido.

¿Metal?
No, tampoco. Sólo me interesó la creación.

¿Qué técnica prefieres, el óleo…?
No, odio el óleo. No tengo paciencia para pintar. En el cine debo tener tanta paciencia, que en la pintura no me interesa. Puedo pintar diez cuadros al mismo tiempo. Voy de uno a otro en un mes. No puedo hacer el amor con un cuadro por un mes entero.

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