P&R: Eduardo Salles


El autor de ‘La ciencia de los cínicos’, Eduardo Salles, habló del cinismo, su gusto por los videojuegos y el anonimato.


POR Staff Rolling Stone México  



El autor de 'La ciencia de los cínicos', Eduardo Salles, habló del cinismo, su gusto por los videojuegos y el anonimato.

Por Mafer Caballero

Eduardo Salles, publicista, controvertido ilustrador y recién estrenado escritor, se sentó a conversar largo y tendido con Rolling Stone con motivo de la publicación de su libro La ciencia de los cínicos, el cual se ha convertido en un éxito de ventas.

Los comienzos de Salles – mejor conocido como @sallesino en redes sociales – se dieron cuando inauguró Cinismo Ilustrado, su página web, durante la crisis de salud pública del 2009, derivada del brote de Influenza Porcina en nuestro país.

Actualmente, además de crear viñetas o ilustraciones que se convierten en fenómenos virales, Eduardo Salles es director general creativo de la agencia de publicidad Flock y se jacta de ser el mejor jugador de Mario Kart 64.

¿Es Eduardo Salles un cínico?
Sí. Seguro. Por Supuesto.

¿Cuál es tu definición de cínico?
Una persona que reconoce la verdad aunque no le guste.

¿En qué momento hizo sentido para ti? ¿Fue un acontecimiento específico o algo paulatino?
Siempre he sido un optimista del pesimismo, creo que las cosas son como son. Todo lo que le añadimos, llámalo “razonamientos, emociones, filosofías, chaquetas mentales”, es tratar de encontrar algo que nos ayude a sobrellevar mejor lo que es. Pero al final es lo que es, entonces en algún momento decidí que era mejor decir lo que es y hacerlo más evidente, que ponerle 50 capas de racionalizaciones.

¿Entonces tu cinismo es una especie de flotador frente a la realidad?
Es: “Ya estás aquí y pásala chingón entendiendo cómo está el pedo”. Trabajo a partir de realidades y no de ficciones.

¡Qué YOLO!
Sí. ¡Por Dios! Tengo 26 años.

¿Has sentido limitantes debido a tu juventud?
No. Gracias al monstruo Spaghetti Volador o a quién esté allá arriba, yo nací en esta época y generación. Creo que ese problema de la juventud entendida cómo la inexperiencia o la novatez, de que no estás listo para asumir retos grandes, es un juicio de la generación pasada. Toda la vida era demasiado piramidal: a los 20 era tu preparación, a los 30 era tu ascenso y a los 40 tu consolidación; un camino la escuela que había que seguir, pero ahora esa estructura se ha comenzado a desmoronar. Ahora las generaciones comienzan a sentir una presión, los 25 son los nuevos 30; su punto de reflexión con respecto al éxito obtenido es más joven. Las historias de éxito son de gente de la edad de Zuckerberg o los emprendedores de Palo Alto; eso te pone un cohete en el culo. Los que vienen atrás de nosotros ya no ven la edad como un impedimento, mientras tanto los de arriba todavía funcionan con el prejuicio de la edad.

Tu trabajo es muy “actúa local, piensa global”, pero, ¿qué tanto es el surrealismo mexicano una inspiración? ¿Es la vida cotidiana lo que te inspira?
Sí, mi humor es muy cotidiano, justo sí lleva eso de actúa local, piensa global.  El surrealismo mexicano o lo que yo llamo “la cultura de la rebaba”; son más formas que fondos, estas formas o visiones que tenemos los mexicanos del mundo, se quedan en  un nivel muy superficial. Un poco bajándonos al mundo de las ideas, a los abismos del ser y dilemas filosóficos, y lo digo por la cultura pop: A todo el mundo le gusta Harry Potter. Los productos que se vuelven universales son los que llegan a ese núcleo de la humanidad y pueden ser exportables. Ya hacia arriba hay capas, esas son relevantes a menos personas. La gente que se enfoca en las formas del mexicano se queda en un chiste local. Me influye el día a día por cómo trabajo, convivo  y lo que todo el mundo hace, pero siempre trato de quitar la forma… Esto estuvo muy filosófico, ahorita nos ponemos graciosos.

Hablando de cultura, ¿qué consumes culturalmente? ¿Qué combustiona tu trabajo?
De nuevo, gracias al Monstruo Volador por ponerme en esta época. Creo que me ayudó mucho, como bien dices a la combustión, es que a diferencia de otras generaciones o inclusive a otros contextos, yo no me críe con un humor local.  Crecí con Family Guy, Los Simpsons, Futurama, South Park… La comedia, el Anime y Otaku, los cómics. A lo que voy es que a diferencia de otras generaciones y contextos, en las que la cultura que mamabas era la que creaba tu entorno local, pero a mí me tocó la suerte de consumir el modo de pensar de otros. Eso, lo que hace, es sacarte de los confines de lo obvio dónde opera la noción del humor mexicano. Todo ello me hizo entender otra manera de abordar la crítica y el humor; personalmente admiro mucho a los estadounidenses porque son una cultura que sabe reírse de ellos mismos.

Nada es sagrado…
Sí. Algo que tiene genial el norteamericano –estadounidense para los puristas de la izquierda– es que entienden quiénes son. Se reinventan todo el tiempo y no están atados a cuestiones del pasado, a dogmas o a ídolos, todo es motivo de burla. Defienden su libertad de expresión. Me encanta la capacidad de los gringos de autocriticarse y autoanalizarse de una forma seria. No es como el mexicano, el gringo toca la llaga. Creo que el ver mucho ese humor y derrumbe de lo sacrilegioso hizo que yo buscara lo mismo en mi propia cultura y contexto… ¡También hago dibujitos!

¿Has tenido detractores?  ¿Qué hace Eduardo Salles con ellos?
Me encanta escucharme en tercera persona. Sí, muchos…  Me ha tocado de todo, desde amenazas de muerte hasta que intentaran cerrar dos veces mi sitio.

Una vez hice un photoshop de Ratzinger, el Papa anterior, con una banda nazi y la titulé “Hate” –haciendo alusión a la campaña “Love” de Benetton– y sí me, suspendieron el sitio. Me llegó una advertencia de Facebook… Pero sí, haters, trolls y de todo. Justo porque me gusta  analizar al Ser Humano, he descubierto que el troll es una versión deformada de admirador. Lo que él quiere es atención, y su estrategia es distinta a los fans… No alimento nunca al troll. Ahí ves lo de que en Internet todo es superlativo.

¿Por eso eres anónimo?
No, el anonimato tiene que ver con otra cosa. Yo personalmente no soy buen frontman. Siempre he creído, y me gusta pensarlo, que es mi trabajo el que va por delante. Me siento cómodo cuando una persona quiere al trabajo que hago, no a la persona. Creo que la gente tiene que admirar más a las ideas que a las personas.

Para más información acerca de su nuevo libro La ciencia de los cínicos, lee el artículo publicado en la edición de junio de Rolling Stone.

Amor Eterno

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Ilustración cortesía de Eduardo Salles @Sallecino



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