P&R: Jim Reid de The Jesus and Mary Chain


El vocalista de la legendaria banda escocesa habla sobre el 30º aniversario de ‘Psychocandy’, la frustración que motivó el disco y la primera canción que escribió.


POR Staff Rolling Stone México  



El vocalista de la legendaria banda escocesa habla sobre el 30º aniversario de 'Psychocandy', la frustración que motivó el disco y la primera canción que escribió.

Por Valeria Villegas

Hace tres décadas, Psychocandy, álbum debut de The Jesus and Mary Chain, redefinía por completo la sensibilidad pop, haciéndole cómplice de un ruido igual de desorientado y transformador que la mitad de la década de los ochenta. Caótico, seductor y brutalmente distinto, el ensamble inauguraba una era de encantador nihilismo, de desbordada emotividad acompañada de distorsión. Los precursores del shoegaze visitarán México este 21 de mayo en el Auditorio Blackberry para conmemorar tres decenios de Psychocandy, placa definitoria en la que el ruido dejó de ser un incómodo invitado para cobrar un significado diferente.

Aquí, un nuestra agradable charla con Jim Reid, quien nos reveló que la historia de The Jesus and Mary Chain podría prolongarse con lo que podría ser un lanzamiento inédito después de años fuera de los estudios de grabación.

Este año, su debut, Psychocandy, cumple 30 años. ¿Cómo ha sido la experiencia de retomar este material?

Se siente muy natural. Realmente no se siente muy diferente a tocar cualquier otra canción. Hemos estado tocando canciones de Psychocandy a través de los años, es sólo que no habíamos tocado un álbum en su totalidad.

Resulta interesante pensar que estas canciones fueron escritas hace ya 30 años y ahora el paso del tiempo pudo darles otra dimensión. ¿Las ansiedades y las cuestiones que se reflejaron en la música de The Jesus and Mary Chain desde un inicio siguen siendo significativas para ti?

Claro. Todavía somos la misma gente que creó esos discos. Por supuesto, todavía parece representarnos, parece ser relevante para otras personas –de otro modo, no estaríamos aquí. Definitivamente.

Para varias generaciones –en particular las más jóvenes–, descubrir el trabajo de The Jesus and Mary Chain resulta bastante provocativo…

Me da gusto que digas eso. Incluso ahora, todavía tiene sentido para cierta gente… Es genial, la gente en México va a ir a vernos tocar el disco en vivo, y es increíble pensar en esa posibilidad.

Por ahí se dice que están escribiendo actualmente y podrían lanzar algo muy pronto, varios años después de la separación de la banda. ¿Cuál es el reto de retomar y encontrarse con una escena tan cambiada en cuanto a producción se refiere?

Creo que escribir una canción es igual en 2015 que como era en 1985. Mi hermano y yo nos sentábamos a componer con una guitarra y eso no ha cambiado. La otra parte es cómo se lanza [el material], el formato… eso es irreconocible. Ciertamente, lo demás sigue como siendo como siempre ha sido.

¿Recuerdas la primera vez que escribiste una canción?

Mi hermano estaba más interesado en escribir canciones, mucho antes de que yo comenzara a hacerlo. Todo lo que puedo recordar es que había algunas canciones que salieron y yo estaba intentando crear mi propia versión. No te voy a decir qué canción era, es embarazoso. Me basé en otro track y afortunadamente no salió para nada como la canción que estaba intentando copiar. Y eso es el rock & roll, está lleno de accidentes afortunados. Tratas de sonar como equis banda y, si tienes suerte, termina siendo algo único.

¿Recuerdas lo que estabas escuchando mientras producían Psychocandy?

Escuchábamos todo tipo de música. No siempre es obvio. Yo estaba escuchando a Dusty Springfield. No se nota en el disco, pero [escuchábamos] todo tipo de música, country, jazz, Frank Sinatra… de todo. Lo obvio es The Velvet Underground, Nick Cave and The Bad Seeds… Eso puedes notarlo, pero realmente no puedes escuchar las otras influencias que te mencioné.

Psychocandy es un trabajo cautivador. Lo es porque refleja una sensibilidad pop que se mezcla con un fiero sentido de la distorsión, lo cual siento tiene que ver con esta coyuntura de los años ochenta y el contexto en que todo nació. Ustedes fueron punta de lanza para algo que no se había escuchado antes como tal. ¿Cómo fue el proceso?

En ese momento, detestábamos todo lo que se escuchaba en la radio. Psychocandy realmente se originó de un sentido de frustración. No estábamos inspirados en los grandes, era realmente que estábamos cansados de la basura que sonaba en la radio en los años ochenta. No encontrábamos discos que quisiéramos comprar o escuchar, así que pensamos: “Vamos a hacerlo nosotros mismos”. Esa fue la idea. Pensamos en el tipo de mierda que se hacía y nos dimos cuenta que no podíamos quejarnos todo el tiempo, decidimos hacer algo al respecto. Ese era el fin: Hacer el mundo de la música un lugar distinto.

¿Te has reconciliado con esa industria o todavía tienes esa sensación sobre las cosas que se lanzan?

Básicamente, la mayoría de lo que se lanza es basura. Digo, se trata de encontrar las cosas buenas que se lanzan entre toda esa mierda. Me gusta pensar que nosotros hicimos cosas buenas de entre toda la pila de mierda. Aplica a muchas cosas, la música, los libros, las películas. La cosa es buscar entre todo eso.

Y además, el plan es lanzar algo en el futuro…

Sí. Hemos estado hablando sobre un álbum por un tiempo ya, discutimos sobre cómo hacerlo. A veces parecemos no ponernos de acuerdo en gran cosa. Digo, teníamos la idea de hacerlo desde hace tiempo, ese no fue el asunto. El asunto es grabarlo, y ver cómo hacerlo. Todo parece estar funcionado, y esperamos lanzar algo pronto.

En términos de producción y distribución, existe una gran diferencia entre lo que se hacía hace 30 años y lo que se hace ahora. Ciertamente, el consumo de la música es distinto. ¿Sientes que esto sea una virtud o un paso hacia atrás?

Obviamente, quien sea puede grabar y lanzar un disco con sus propios medios, así que es una virtud. Pero al mismo tiempo, hay muchísimas cosas y la gente puede bajar tu música de manera ilegal. Pero es un campo en el que no hemos intervenido tanto, y supongo que nos daremos cuenta con el lanzamiento del próximo álbum.

El horizonte de posibilidades al que se enfrentan los músicos actualmente es bastante interesante, tomando en cuenta que el primer acercamiento que se tenía hace años a los discos era escucharlos en su totalidad, y ahora puedes bajar un puñado de temas y descartarlos fácilmente…

Digo, ciertamente el concepto del disco ha sufrido grandes cambios durante la última década. Es exactamente como dices, la gente ya no necesita comprar un álbum, puede bajar las canciones que le gustan. En cierto modo, pienso que eso es bastante triste. Imagínate que ahora se pueden lanzar unas cuantas canciones que la gente puede elegir. No tiene el impacto que solía tener, y creo que para allá vamos. Nos vamos alejando de los discos y nos orientamos más por una colección de canciones, y las mejores serán recordadas, mientras el resto desaparecerá sin dejar rastro.

Entre toda esta oferta, debe haber una luz al final del camino. ¿Has escuchado alguna propuesta interesante actualmente?

No. No escucho música nueva. Me aburre. Digo, tengo muchísimos discos, no necesito más. Estoy feliz con mi colección de discos. Si algo absolutamente genial y original se lanza, alguien me dirá. No escucho la radio, vivo en medio de la nada, así que no puedo ir a algún lugar cercano y ver alguna banda. Así que sólo me quedo a escuchar mis discos de Joy Division…

A la luz del tiempo, si tuvieras la oportunidad de hablar contigo mismo mientras grababas Psychocandy, ¿qué crees que te dirías?

Eso es difícil. El disco cumplió con su misión. Tratar de volver a hacerlo sería un error. Si lo grabáramos hoy, sería un disco totalmente distinto. Es un poco como ver lo que pasó hace 30 años, tal vez te sentirías un poco avergonzado de ciertas partes, pero no tratarías de cambiarlo. Lo que me diría a mí mismo en general sería disfrutarlo. Pasaba el tiempo preocupándome, pensando que todo terminaría y podía acabar a la semana siguiente, así que nunca lo disfruté tanto como debía. Iría atrás en el tiempo y me daría una bofetada, diría: “Cálmate, hombre, todo va a estar bien”.

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