Anaya: tan cerca como pudo de la presidencia


El panista concluye las campañas con el apoyo de los empresarios y una base popular amplia, pero insuficiente.


POR Jovel Álvarez  



Foto: Twitter Ricardo Anaya

La imagen del Paseo de la Reforma con miles de personas durante el cierre de Ricardo Anaya contrasta con una imagen poco festiva y muy dañada del candidato panista de cara a estos comicios.

El inicio de esta historia es bastante remoto, sin embargo podemos establecer un punto de partida en este artículo: hace un año las encuestas afirmaban que el único partido con posibilidad de ganarle a Andrés Manuel López Obrador era el PAN, con Margarita Zavala como candidata. El dato parecía alentador para el partido opositor pero en Acción Nacional había un ánimo insatisfecho: Ricardo Anaya Cortés quería ser a toda costa el aspirante del partido a la presidencia. Él se encargó de que cualquier otra pretensión de candidatura fuese reducida a nada y para el día de la elección interna él era el único precandidato en la boleta. Así, se hizo con la candidatura de la coalición Por México al Frente.

La decisión de unirse a un agonizante PRD y al viral pero poco contundente Movimiento Ciudadano en la carrera presidencial fue motivo de análisis durante semanas, pues el antiguo partido de AMLO fue por años el emblema de éxito de la izquierda mexicana moderna. El PAN, por otra parte, representa valores completamente opuestos. Una alianza de esta naturaleza podía interpretarse de dos formas: una intención real de enfrentar al PRI y a López Obrador, o un ansia de poder más fuerte que los ideales.

Los pronunciamientos de Anaya en contra de la corrupción presidencial y su intención de promover una fiscalía autónoma que investigue a Enrique Peña Nieto por su implicación en los escándalos más turbios del sexenio hicieron que se emprendiera una campaña de revelaciones en contra del panista que estancaron su crecimiento en las encuestas, permitiendo que José Antonio Meade lo alcanzara en la lucha por el segundo lugar en las encuestas.

Al impedir el ascenso de Margarita Zavala en la carrera presidencial, Anaya se desmarcó del deleznable legado de violencia de Felipe Calderón. Al calificar de “errónea” la estrategia del expresidente, el candidato buscó dar confianza a quienes interpretan un posible regreso del PAN al gobierno como un retroceso a la guerra de Calderón –continuada y empeorada por Peña Nieto—. Pese a esto, Anaya logró hacerse con el apoyo de un vasto sector empresarial, quienes confían en que la economía podría mejorar en una administración del Frente.

Al igual que ayer, planteemos un escenario: Si Anaya llega a la presidencia, el joven mandatario se enfrentaría a un escenario de polarización social absoluta. Deberá reestructurar la máquina gubernamental de pies a cabeza, manteniendo lejos del poder a quienes tengan cuestionamientos –por mínimos que sean—. Además, tendrá que emprender a la brevedad su estrategia anticorrupción, pues en los primeros meses de gobierno se jugará la credibilidad de un sexenio electo para sorpresa y rechazo de muchos.



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