Asuntos Internos: Del ‘Heaven’ al infierno


Una cadena de desapariciones en este año, se suma a una gran cantidad de hechos similares que las autoridades prefieren que no recordemos. Por Iñaki Manero


POR Staff Rolling Stone México  



Una cadena de desapariciones en este año, se suma a una gran cantidad de hechos similares que las autoridades prefieren que no recordemos. Por Iñaki Manero

Una cadena de desapariciones en este año, se suma a una gran cantidad de hechos similares que las autoridades prefieren que no recordemos. He aquí un recuento y análisis de las mismas.

Por @Iñaki Manero

Deshacerte sin dejar huella de aquello que te molesta, que no te es grato y que incomoda, es un capítulo aparte en el decálogo de todo sistema político y económico, desde la primera organización social que el hombre recuerda.

Aquí se inicia otro capítulo en la numeralia del misterio. El más reciente conteo dado a conocer por Miguel Ángel Osorio Chong, el Secretario de Gobernación de la administración actual, sobre el saldo de desaparecidos tan solo en el sexenio de Felipe Calderón de 2006 a 2012, asciende a 26 mil 567 personas. Sin embargo, siempre en el discurso oficial, buena parte de esta cifra, puede ser encontrada si investigamos a quienes por miedo o por necesidad económica, abandonaron sus casas, sus pueblos, sus estados, su país, sus muertos.

Todavía esperamos la actualización y modernización tan prometida por el gobierno de Enrique Peña Nieto a una base de datos nacional. Sentencia cierta ley no escrita de la magia, que así como desaparecen las substancias, el prestidigitador está obligado a que aparezcan nuevamente. Casi la mitad de los casos ya mencionados (48.1 %), ocurrieron en el Distrito Federal, Estado de México y Tamaulipas. Si despreciamos las entidades con mayor densidad de población, o sea, las dos primeras, los números coinciden con los estados en donde se reportan los mayores índices de violencia: Tamaulipas, Coahuila, Jalisco y Sinaloa. Otorgando un punto de razón a Osorio Chong, colonias y barrios enteros de mexicanos que abandonan sus casas por miedo y desesperación ante la inseguridad, nunca dan a conocer su nuevo paradero engrosando la lista de compatriotas desvanecidos. El tamaño del miedo.

El Distrito Federal, zona neurálgica del país, de acuerdo con estudios de la cadena Univisión, ocupa el lugar número cuatro en la lista de entidades con mayor cantidad de desaparecidos: 50 por cada 100 mil habitantes. La densidad de población es vital para dar estos resultados y no todas las desapariciones son forzadas, pero, ¿y las que sí lo son?

26 de mayo de 2013. 12 personas que departían en un antro afterhour de la emblemática Zona Rosa, de sábado a domingo, no llegaron a dormir a sus casas. Se hablaba primero de un operativo policíaco y más adelante, comenzó el mal sueño para los funcionarios de la ciudad: Un “levantón” al estilo de las mafias del narco. Las alertas de la imagen pública en el nuevo gobierno del Distrito Federal se encendieron; la administración de la capital de la República, en voz del Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera y del procurador de Justicia, Rodolfo Ríos Garza declaraban y volvían a declarar, al igual que sus homólogos desde el sexenio pasado, que la capital estaba libre de grupos del crimen organizado. Únicamente se otorgaba como cierto, por ser imposible de negar, la existencia de “narcotiendas”; negocios familiares operados por pequeños empresarios que se encargan de la distribución de la droga a los centros de esparcimiento de la ciudad, concentrados mayormente en las zonas populares de la metrópoli. Sólo, hasta hace muy poco tiempo, tuvieron que admitir lo que desde hace mucho se sabía, ni siquiera como secreto a voces; en el barrio bravo de Tepito, operaban y operan, cárteles bien establecidos de estupefacientes. Con bandas que pelean la distribución del territorio, como el caso de la Unión. Difícil de creer que los grupos delictivos grandes, se circunscriban únicamente a la periferia del Distrito Federal y no crucen la frontera desde el Estado de México o que todo se resuma a riñas entre “algunas pandillas”, como apuntó en algún momento Mancera, por cierto, el ex procurador del Distrito Federal. Esta admisión de Ríos Garza, ante las abrumadoras evidencias de la operación de cárteles en la Ciudad de México, permitió con más holgura atar cabos para seguir con mayor libertad la hipótesis de la venganza entre cárteles; traiciones, ajustes de cuenta para finalmente ir respondiendo el misterio de qué pasó ese domingo en la Zona Rosa. ¿Eran el menor de edad Jerzy Ortiz hijo del delincuente preso en Hermosillo, Jorge Ortiz, “El Tanque” y su amigo, Alejandro Said, hijo de Alejandro Sánchez Zamudio, “El Papis” los blancos del secuestro por parte de una banda rival en venganza por el homicidio días antes en otro bar de la colonia Condesa del presunto narcomenudista Horacio Vite Ángel? ¿Los otros 10 estuvieron en el lugar equivocado a la hora equivocada? Cadáveres como el encontrado en Morelos de uno de los socios del Heaven, calcinado en un automóvil junto con su novia y la prima de ésta; detenciones, autos de formal prisión, pistas falsas sobre cadáveres en el Estado de México o confesiones como la de Antonio Pérez Muñoz, “La Mosca”, quién dijo haber conducido a tres de los secuestrados a Veracruz y atestiguar sus muertes (hecho negado final y categóricamente por la PGJDF); presunción de más narcofosas en Hidalgo. El rompecabezas se ha convertido, más que una neuralgia, en la peor pesadilla para la administración de justicia capitalina, habida cuenta de la aceptación oficial de su status quo.

Antes de nuestro cierre editorial, la Procuraduría General de Justicia del DF confirmó el hallazgo de varios cuerpos en una fosa clandestina de Tlalmanalco, Estado de México, alertados la tarde del día anterior (21 de agosto), por autoridades federales. Hasta tener realizados los estudios de ADN, no hay elementos para saber si los cadáveres pertenecen a los desaparecidos del bar Heaven. Se espera la conferencia de prensa por parte del procurador capitalino Rodolfo Ríos Garza para dar avances de la investigación.

Y en estricta línea del tiempo, el after Heaven no escapó del ojo mediático, pero apenas y pasó desapercibida la desaparición el 20 de abril anterior de cinco clientes de otro bar (el Virtual), ubicado en la delegación Gustavo A. Madero, luego de una aparente discusión con los meseros por un “quítame estas pajas”. El 6 de julio, 14 personas, siete adultos y siete menores, procedentes del DF, concretamente de la delegación Iztacalco, no son encontradas luego de viajar a Oaxtepec, Morelos, para pasar unos días en viaje de placer y negocios invitados por María Perla Recillas Camacho y su pareja. Los niños fueron hallados vivos dentro de una camioneta en la ciudad de Puebla; de los adultos, ni sus luces. Al momento de escribir estas líneas, el impasse, en cualquiera de los tres casos, prosigue. Como si de una ley física se tratara, el recién bautizado “Efecto Heaven” es como un abismo sin fondo que nos mira cuando nos asomamos en él.

ZINIO



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