Asuntos Internos: Las profundidades de Pemex


Las profundidades de Pemex, por Carlos Urdiales Villaseñor


POR Staff Rolling Stone México  



Las profundidades de Pemex, por Carlos Urdiales Villaseñor

La trágica explosión en el edificio B2 del complejo administrativo de Pemex en la Ciudad de México deriva –especulaciones aparte– a revisar varios temas de la empresa más grande e importante de este país, la quinta a nivel mundial entre petroleras y la primera en cuanto a explotación en aguas someras se refiere

Por @Carlos Urdiales Villaseñor

Sin Petróleos Mexicanos, este país sería otro. Alrededor del 33.5 por ciento del ingreso nacional proviene de ahí. El año pasado, Pemex tuvo entradas por alrededor de $120 mil millones de dólares. De la cantidad obtenida, el total de sus utilidades –$80 mil millones de dólares– fueron a la Secretaria de Hacienda vía impuestos.

Pemex, como empresa del Estado, tiene retos complejos por resolver, aquí van algunos: No puede deducir gastos por el transporte de gasolinas importadas que representa el 49 por ciento del consumo interno. Tampoco le es posible fijar el precio en que vende esos litros de diesel y gasolina, ni barriles de crudo, porque eso sólo lo hace la SHCP. No puede decidir sobre inversiones ni gastos. Pemex se endeuda a través de colocación de bonos hasta por 10 mil millones de dólares cada año en mercados globales, y siempre –a pesar de su régimen fiscal– lo hace con éxito y a tasas de compensación sanas financieramente. Sus costos laborales –con todo y sus cerca de 150 mil empleados, 110 mil de ellos sindicalizados y más de 50 mil jubilados– no rebasa el 10 por ciento de costos y gastos.

Cualquier cifra en pesos, dólares o barriles en Petróleos Mexicanos es descomunal. Pemex está sobreregulado y tiene tantos controles internos que entorpecen su actividad como empresa pública. Se le exprime como negocio, para eso fue creada, pero opera con candados y controles que van en sentido contrario de sus (y nuestras) necesidades.

Pemex es escenario y motivo para la batalla de ayer y hoy entre rudos y técnicos. Con todo, Pemex es una empresa que goza de salud financiera a pesar de que su deuda fluctúa, a veces arriba y otras por debajo, con respecto a sus activos. Cuenta con tecnología y capital humano con años de formación. La empresa ya trabaja con contratos integrales y paga a empresas trasnacionales de servicio como Halliburton, Dowell Schlumberger y otras por explorar y producir, manteniendo la propiedad de la Nación sobre lo que se extrae, pero absorbiendo inversiones de más de 100 millones de dólares en varios proyectos.

De allá viene (venimos)

Pemex nació con mucho de improvisación, en medio de una coyuntura histórica que la marcó indeleblemente para bien y para mal.

En 1936, la CTM con el lema “por una sociedad sin clases” fue creada. Entre 1937 y 1938, conflictos de orden laboral, con juicios y amparos judiciales de 17 empresas petroleras –en su mayoría americanas y británicas que operaban aquí– desembocaron en el decreto de nacionalización de sus bienes y activos. En junio de ese año, se creó Petróleos Mexicanos, ícono de ideales revolucionarios consumados. Igualdad, independencia y nacionalismo juntos en estampas, murales y monumentos.

La decisión del presidente Lázaro Cárdenas del Río se convirtió en la madre de todas las nacionalizaciones que hemos vivido como país. Ese golpe de la mano del poder sobre la historia se vistió y adornó del más fervoroso sentido de patriotismo y también de no poca xenofobia. La gente del pueblo que hacía filas para aportar su cochinito y similares, para pagar las indemnizaciones correspondientes a los expropiados, es como película de Ismael Rodríguez y Pedro Infante. Un mosaico de mexicanismo simplificado. Por lo bajo, quedó establecido en el colectivo que había un pueblo bueno (nosotros) y unos malvados (los extranjeros) que se llevaban nuestro oro negro a cambio de espejitos.

En 1942, se firmó el primer contrato colectivo de trabajo entre Pemex y el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, STPRM. Los movimientos laboristas –en muchas partes del mundo, y México no era la excepción– vivían su justa y necesaria consolidación. La coyuntura y circunstancia explican la fuerza y peso de ése y otros sindicatos asociados a la CTM, y todos ellos con el PRI como su sector obrero, palanca de apoyo para hacer institución a la Revolución y medrar del poder más de 70 años, con sus obvios y naturales excesos y abusos. Un sindicato de poco lustre por sus corruptos episodios de líderes del pasado y presente, pero necesario por ser un aliado estratégico e indispensable. Una retrospectiva mínima para comprender las raíces tan profundas, como pozos en aguas marinas.

A 75 años de haberse creado, a Pemex se le sigue buscando el ajuste fino para que cumpla su misión: Maximizar el valor de los activos petroleros e hidrocarburos de la nación, satisfaciendo la demanda nacional de productos petrolíferos con la calidad requerida, de manera segura, confiable, rentable y sustentable. ¿Hoy Pemex la cumple? Esa es la cuestión de fondo. Saber si las leyes y reglamentos que determinan a la empresa están alineados con esa misión, sin que ello signifique una reedición de la Malinche en tiempos del Twitter.



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