Asuntos Internos: #YoSoy132


Asuntos Internos: #YoSoy132. Indignación a la mexicana, por Gabriela Warkentin


POR Staff Rolling Stone México  



Asuntos Internos: #YoSoy132. Indignación a la mexicana, por Gabriela Warkentin

Indignación a la mexicana

Por Gabriela Warkentin (@warkentin)

“Que hay gente buena”, me contestó. Y le salió del alma. Casi a finales del periodo electoral: Estudiantes, manifestaciones, medios, candidatos, la indignación despertada. O eso parecía. Veníamos de días de campaña predecibles y planos. Enquistada la narrativa de la inevitabilidad del triunfo del candidato del PRI. Nada se movía, ni las encuestas. Ciudadanos y observadores, todos inmersos en una especie de sopor, el letargo de lo que ya se decidió. Hasta que aparecieron ellos: Los estudiantes alborotados, las manifestaciones desplegadas, la incursión en medios, la sacudida a los candidatos, la indignación despertada.

Se llama Daniel Cubría, estudia Ciencia Política en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y forma parte del movimiento #YoSoy132. ¿Qué has aprendido de México, en estas semanas en la calle, en el movimiento, fuera de aulas y espacios conocidos?, le pregunté. Y la respuesta le salió del alma: “Que hay gente buena en México, que no nos conocemos, que vivimos en el resentimiento de la separación”. No pude evitar pensar: ¿Pues qué México conocías hasta antes de esto? Pero la pregunta sobraba. Lo cierto es que en el movimiento, Daniel conoció al otro, a los otros. Sí, tocó otros “Méxicos”.

Cuando Enrique Peña Nieto, candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia, llegó a la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México, ya sabía que no le esperaba un día de campo. Era 11 de mayo de 2012. Había pospuesto la visita a esa universidad en varias ocasiones. Estudiantes y otros miembros de la comunidad universitaria estaban molestos por lo que percibían como constantes evasivas al diálogo. De por sí para un grupo más crítico, Peña Nieto representa la vieja historia de un pasado indeseable. Eso y su aparente asociación con Televisa, el gigante mediático, y los desplantes del partido y el agandalle en redes sociales y un larguísimo etcétera. Para cuando Peña Nieto llegó a la Ibero, el imaginario estaba caliente y los estudiantes listos para prenderse.

Lo que sucedió después se narra en caóticas viñetas. Auditorio lleno, niveles de seguridad que no se vivieron con las visitas de los otros candidatos. No revisaban así ni con el Presidente, decían los más. En el Auditorio de la Universidad, ríspido y divido el ambiente según testimonios. Los no priístas acusan la presencia de simpatizantes excedidos en sus desplantes; los allegados al candidato resienten mantas, consignas y gritos. Auditorio lleno, exteriores poblados: Los que no cupieron se instalan afuera, que ahí sí hay lugar y el grito se contagia diferente. Llega el candidato, comienza con un mensaje que quiere ser conciliador: “Podrán no estar de acuerdo conmigo, pero vamos a dialogar”. Todo se transmite a través de portales web y en la frecuencia radiofónica de la estación de la Universidad (que ese día debió vivir su gloria en rating). Las redes sociales bullen: Los que están y los que no, lo comentan todo, literalmente todo.

Cuando termina el encuentro, cuestionado pero controlado, el moderador despide al candidato. Los gritos de “Atenco, Atenco: ¡Asesino!” siguen, tal vez el reclamo más constante durante toda la sesión. Peña Nieto ya se iba, cuando regresa y toma el micrófono: “Asumo la responsabilidad de lo sucedido en Atenco”, palabras más, palabras menos. Un rugido recorre la universidad. Se escuchó desafiante el candidato, y la comunidad presente acusó recibo. “¡Asesino!”.

Peña Nieto y las autoridades universitarias salen del recinto, y en lo que pareciera una confusión logística, terminan recorriendo el espacio abierto en lugar de encaminarse hacia la salida del estacionamiento. El candidato va a la radio. Tiene entrevista. Lo persiguen jóvenes enfurecidos. Gritan, avientan algunas cosas. Todo narrado en tiempo real por la radio y los sitios web. Las menciones a Peña Nieto, en Twitter, escalan a tendencia mundial. De la radio el candidato se despide sin entrar al aire, hay confusión, gente gritando, pasa al baño antes de salir (lo que le valió la etiqueta de “Escondido en el Baño”)… y sale. Se va. Quedan en la Ibero algunas personas de su equipo. Molestos se les nota por los episodios caóticos del final, la gritiza del principio, pero sobre todo por no sentir un arropamiento institucional. Entran a la cabina de radio y así, en caliente, justo como indican todos los manuales de manejo de crisis que no se debe hacer, así, en caliente, comienzan a hablar. Dabid Hernández, el locutor, les pregunta, y Pedro Joaquín Coldwell (Presidente del PRI) se suelta: “Esos no son estudiantes de la Ibero, así no es la Ibero, yo soy egresado de la Ibero”. Micrófono en calentura, confusión segura. Los estudiantes la resienten: “Sí somos de la Ibero, ¡no somos infiltrados!”.

Esa noche, las televisoras abiertas hacen mutis o aplican edición: Lo sucedido en la Ibero se reduce al mínimo. El fin de semana otros medios se suman al mutis o a la tergiversación: Desde el “no pasó nada”, hasta la insistencia en “esos no eran estudiantes de la Ibero, eran infiltrados”. Para el domingo, algunos jóvenes se organizan en Facebook y a través del correo electrónico: “Vamos a demostrarles que sí somos de la Ibero, manda un video, tu imagen, tu nombre, tu credencial”. Sumaron 131 identidades audiovisuales, y así las lanzaron al mundo. Para el lunes, la radio y los portales informativos tomaron la videoprotesta como una genial forma de los jóvenes de defender su identidad. Circuló en redes. Lo tomó la televisión y se comenzaron a sumar voluntades: Si ellos eran 131, entonces todos somos el 132 que sigue: #YoSoy132.

Después se sumaron otras universidades en la solidaridad ante el agravio identitario. Siguieron las manifestaciones y la exigencia: Mejores medios, mejor calidad informativa, di no a la televisión así como está. Una parte del colectivo se decantó anti-EPN (para impedir lo que decían era la imposición del candidato del PRI por parte de las televisoras) y llegaron al momento de organizar el tercer debate entre los candidatos a la Presidencia de la República. Unas semanas después de aquel 11 de mayo en que Enrique Peña Nieto fue a la Universidad Iberoamericana, la narrativa electoral estaba tocada. #YoSoy132 fue sumando indignaciones y enojos: Músicos, artistas, padres de familia… Y aunque no se desmarcó de su origen chilango (nació y se multiplicó sobre todo en la ciudad de México), sí tuvo réplicas en otros rincones del país. Los analistas coincidían: No será lo que determine por sí solo el resultado electoral, pero confirió un tinte diferente a lo que se percibía desde el principio como la inevitabilidad del triunfo apabullante y sin obstáculos del candidato del Partido Revolucionario Institucional. En el #YoSoy132 emergían algunas voces de una indignación mexicana.

¿Cómo lo vivieron los estudiantes que alzaron la voz? En palabras de ellos mismos como un esfuerzo por legitimarse, un grito de identidad. La reacción ante la descalificación. Es, a final de cuentas, una generación con derechos y a la que se le ha consentido su propia voz, una generación que se sabe y exige se sepa. Urbana, formada, con horizonte… lo que más le hirió fue el ninguneo. Así lo repiten con palabras diversas. Luego vino el encontrarse, el saber que los ofendidos y los indignados son muchos más, que para eso sirven las redes sociales del ciberespacio: No es Twitter ni Facebook lo que provoca la indignación, pero es ahí donde se potencializa el encuentro. El ninguneo padecido pasó de lo individual al colectivo. Vinieron las asambleas, la exposición mediática, la “exigencia de que tuviéramos una agenda clara sin entender que en lo caótico, en lo desorganizado está la fuerza del movimiento”. Porque es red, y contagia. Vinieron las marchas, los plantones y los triunfos: El segundo debate que se transmitió en los canales abiertos; un tercer debate organizado por ellos mismos. Y vino la duda, claro, de lo que seguiría. De cómo librar a todos los que se trepan. De cómo articular la agenda.

¿Por qué la Ibero?, preguntan algunos que ven en esa universidad un recinto de gente adinerada y despreocupada. Porque alguien no hizo su tarea, coincide Pablo Reyna Esteves, Académico de la UIA, alguien no preguntó qué es la Ibero. El tema de Atenco, por ejemplo, estaba fresco: Apenas unos días antes se había presentado el informe del Centro Pro sobre las mujeres agredidas. Y porque en un recinto plural, crítico, los agravios se fueron sumando. Un escalamiento de la sensación colectiva de enojo, “una sensación como de estadio de futbol”. Brotó de la piel, más que de la razón. Y sí, será que en México hay muchas cosas que brotan de la piel, las marcas de años y de enojos y de vidas sin resolver.

El #yosoy132 es también el receptáculo en que las demás generaciones proyectan deseos y frustraciones. Padres y madres que acompañan a sus hijos a las marchas, la frase recurrente de “qué bueno que ellos se mueven, ya que nosotros no pudimos”. Hay algo de orgullo del cachorro que creció más que el padre, y el aplauso que espera el hijo que se tira el primer clavado ante padres extasiados. El continuo narrativo de una clase media, sobre todo, que acumula enojos y se sabe insatisfecha ante la resignación forzada. Padres que quieren verse en el espejo y recibir otro reflejo. Y el #YoSoy132 es también el botín de otras batallas nacionales: Las mediáticas, políticas, las de la plaza pública. El elemento que faltaba para que todos cobren sus facturas pendientes.

Que hay gente buena. ¿Cuándo dejamos de creer que en México hay gente buena? Tragedia de nuestras derrotas simbólicas, sin duda, pero con esas palabras en mente pienso que aunque el #YoSoy132 sea efímero y no trascienda la jornada electoral, o si termina cooptado por los movimientos más rancios de la rijosidad nacional, ya nos habrá obligado a detenernos, a pensar que otro México es posible.

Ese 11 de mayo, cuando ya casi todos se habían retirado de la Universidad Iberoamericana, recorrí el campus. Se respiraba la resaca tras una bacanal no exenta de culpas. Comenzaba a enquistarse, también, la mirada de la sospecha. Pensé en el día después de las elecciones. Y sí: Se requerirá de un esfuerzo comunal para sobrellevar las resacas que faltan.



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