François Hollande gana la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Francia


El candidato socialista François Hollande, ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, derrotando al aún presidente, Nicolas Sarkozy


POR Staff Rolling Stone México  



El candidato socialista François Hollande, ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, derrotando al aún presidente, Nicolas Sarkozy

La izquierda europea ha renacido este 6 de mayo en Francia, de 57 años, será el próximo presidente de la República tras confirmar los pronósticos e imponerse con el 51,67% de los votos a Nicolas Sarkozy, que sumó un 48,33% —al 99% escrutado— con una participación del 81,5%. El anunciado triunfo de Hollande, un hombre sereno y tocado por el don de la ironía pero sin experiencia de gobierno, abre una nueva etapa tanto en Francia como en Europa, y pone fin al agitado reinado de Sarkozy, que durante cinco años ha presidido el país con su peculiar estilo, entre el personalismo y la hiperactividad.

Apenas 20 minutos después del cierre de las urnas, el líder de la derecha compareció ante cientos de seguidores, asumió con elegancia “la responsabilidad de la derrota” y anunció que ahora será “un francés más entre los franceses”. “El cambio empieza ahora. La austeridad no puede ser una condena”, proclamó por su parte Hollande. El socialista ha anunciado su intención de renegociar con Berlín el rígido tratado de austeridad. El Elíseo informó el lunes de que el traspaso de poderes se realizará el próximo día 15.

Con su calma proverbial, el líder socialista pronunció el discurso de la victoria a las 21:20 en la plaza de la catedral de Tulle, el pueblo del que es alcalde (en el centro-sur del país) y donde pasó su jornada de gloria recibiendo besos y abrazos de los lugareños. Lo primero que hizo fue enviar un “saludo republicano” a Sarkozy. Luego dijo que “el cambio tiene que estar a la altura de Francia”, prometió “ejemplaridad institucional”, y con un toque de lirismo, invitó a los franceses a “sobrevolar las estrellas” y cumplir “el sueño francés del progreso”.

Hollande reiteró que sus prioridades serán la igualdad, la juventud, la justicia social, la educación, “y la reorientación de Europa hacia el crecimiento y el empleo”. “La austeridad no puede ser una condena”, proclamó. “Esa será mi misión, dar a la construcción europea una nueva dimensión. Y se lo diré cuanto antes a los socios europeos y a Alemania”, dijo, ante el discreto entusiasmo de las masas.

Su asesor especial Jean-Marc Ayrault, alcalde de Nantes y previsible futuro primer ministro, dijo que “la clave ahora será recuperar a Europa, reorientarla hacia el crecimiento, la competitividad y la protección”. Pierre Moscovici, director de la campaña de Hollande, aseguró que la canciller alemana Angela Merkel telefoneó anoche al ganador para invitarle a visitar Berlín en los próximos días.

A sus 57 años, padre de cuatro hijos y compañero sentimental de la periodista Valerie Trierweiler, Hollande se convierte en el segundo presidente de izquierdas de la V República —tras su mentor François Mitterrand, que lo fue entre 1981 y 1994—, y devuelve al Partido Socialista a lo más alto del Estado francés tras 17 años de poder conservador. “Seré el presidente de todos los franceses, seremos una sola Francia, una sola nación reunida ante el mismo destino”, dijo. “Todos tendrán los mismos derechos y deberes, nadie será discriminado”.

Hollande sabe que su victoria se ha asentado en el rechazo popular hacia el presidente saliente y en los embates de la crisis. Pero su victoria tiene un relevante componente europeo, en un país de fuerte pulsión antieuropeísta, y puede ser leído como un mensaje contra la austeridad ciega impuesta por Alemania en los últimos tiempos.

En primer lugar, porque supone el abrupto final del directorio conocido como Merkozy, la (falsa) simbiosis entre la canciller Merkel y Sarkozy que ha guiado de forma autoritaria, tardía y errática el timón de la UE durante el último lustro. Y segundo porque Hollande ha sido el primer político del continente que ha rechazado formalmente la línea de rigor fiscal sin crecimiento.

Fuente El País



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