Asuntos Internos: ’CSI’ no es ahí


Guía práctica de lo que tienes que hacer en caso de robo, aunque no te sirva para recuperar nada. Por Fernando Rivera Calderón


POR Staff Rolling Stone México  



Guía práctica de lo que tienes que hacer en caso de robo, aunque no te sirva para recuperar nada. Por Fernando Rivera Calderón

Guía práctica de lo que tienes que hacer en caso de robo, aunque no te sirva para recuperar absolutamente nada

Por @Fernando Rivera Calderón

Supongamos que vives en el distrito Federal y que un día roban tu departamento. Los ladrones rompen tu puerta haciendo palanca con un desarmador y se llevan tu computadora, el dinero que encuentran y demás aparatos electrónicos sin que ningún vecino se entere.

Entonces, aunque te sientes ultrajado y desvalijado por dentro, decides cumplir con el protocolo ciudadano que corresponde al suceso: Levantar una denuncia ante el Ministerio Público. Sabes en lo más profundo de tu ser que nunca volverás a ver a tu computadora, que jamás recuperarás esas fotografías ni ese libro que estabas a punto de terminar (del que no tenías copia), pero asumes tu patética posición y haces “lo que hay que hacer”. Después de todo, la función de los ladrones es robar y la de los ciudadanos, hacer una denuncia que será dignamente archivada y olvidada por los siglos de los siglos.

Viéndolo así podríamos pensar que de algún modo las autoridades judiciales en México tienen un papel terapéutico ante la víctima de un robo, ya que su labor acelera la pérdida de la esperanza y te acelera la resignación, cosa que en terapia te llevaría meses.

Al ultraje inicial de los ladrones se suma el ultraje “buena onda” de los representantes del Ministerio Público que llegan a tu hogar observando cada detalle de éste con la desconfiable serenidad de un ginecólogo. Tu departamento se ha vuelto la “escena del crimen”. Respondes preguntas a los agentes que amablemente te aseguran que en algún momento llegarán los peritos científicos expertos en criminalística para tomar las huellas de los delincuentes. Sabes que todo lo que digas podría ser usado en tu contra, aunque tú seas en este caso “la víctima del robo”.

Supongamos que pasan muchas horas, que entran y salen muchas personas del departamento a las que, aunque les dices que no toquen nada, inevitablemente tocan todo con sus manotas repletas de huellas digitales.

Al día siguiente los peritos prometidos llegan con su equipo científico, se ponen sus guantes y comienzan a hacer su trabajo que consiste en arrojar un polvito amarillo sobre las superficies que probablemente fueron tocadas por los ladrones para tomar muestras de las huellas que encuentran.

Pero dejemos por un momento de suponer cosas. Un asalto de este tipo le puede sucederle a cualquiera aunque el Gobierno del Distrito Federal asegure que han disminuido con la instalación de cámaras y con el sistema de “cuadrantes” implementado por Mondragón; sin embargo me ocurrió a mí en la colonia Campestre Churubusco de la Delegación Coyoacán (una de las delegaciones donde hay más incidencia de robos a casa-habitación junto con Iztapalapa, Gustavo A. Madero y Tlalpan) ¡un mes antes de que las dichosas cámaras fueran instaladas en la calle donde solía vivir!

Dicen los datos del Gobierno del Distrito Federal que en el 2012 sólo hubo 817 delitos de este tipo, aunque tengo la impresión de que esa cifra más bien equivale al número de denuncias, que no necesariamente son proporcionales al número de robos. Hasta el primer trimestre de este año se habían registrado 162 robos a casa-habitación, lo que el Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera ha tomado prematuramente como una disminución del delito en un 70%.

Mientras realizan su misteriosa labor uno de los peritos se acerca a quien esto escribe y pregunta: “¿Usted es el que sale en la tele, no?” Su pregunta me deja un poco confundido.

Antes de que pueda responderle que seguramente me confunde con Marco Antonio Solís “El poeta de América”, el perito algo desesperito pasa de la pregunta a la súplica: “Ayúdenos, por favor”.

En este punto del texto, como en las series policiacas, la historia da un giro espectacular. Cuando uno llama a la policía porque han robado su casa no espera que la policía llegue a pedirle ayuda a uno porque han saqueado a su dependencia. El perito de cuyo nombre no quiero acordarme –porque además lo que realizó de algún modo fue una denuncia anónima– me contó que en servicios periciales no tienen material para trabajar, que carecen hasta de guantes de látex y de otros elementos básicos para desempeñar su trabajo, y que todas las llamadas telefónicas que hacen por asuntos de investigación, tienen que hacerlas desde sus propios celulares y pagarlas ellos, por supuesto.

Llegó un momento en que la narración del perito sobre el estado de la Coordinación General de Servicios Periciales se volvió sensiblemente más dramática que la que yo conté sobre el robo a mi casa. Lo mío finalmente era una computadora y algunas cosas más de valor pero lo de ellos es un saqueo recurrente. Según el perito el dinero se desvía a asuntos electorales. Un clásico de clásicos. Por eso, en venganza, prácticamente todo el equipo de servicios periciales votó por Quadri y no por el PRD en las pasadas elecciones.

Los peritos se van de mi casa resignados pero contentos de haber hecho su denuncia ante una instancia diferente a la suya porque la suya no funciona. ¿Ante quién hace una denuncia un policía? Yo los tranquilizo con un: “No se preocupen, ya verán que todo va a mejorar”, a sabiendas de que nada va a mejorar y los acompaño hasta mi puerta destruida por los ladrones que, estoy seguro, seguirán robando ahora mismo otras casas con absoluta impunidad.

Definitivamente, CSI no es ahí.

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