La delgada línea entre informar o morir


Esta historia comienza en México, un país donde los periodistas pagan un alto precio por cumplir su labor informativa


POR Staff Rolling Stone México  



Esta historia comienza en México, un país donde los periodistas pagan un alto precio por cumplir su labor informativa

Esta historia comienza en México, un país donde los periodistas pagan un alto precio por cumplir su labor informativa, sobre todo aquellos que indagan temas de corrupción, crimen organizado y conflictos sociales. Cuestionar el poder y revelar información es una hazaña que puede costar la vida.

Por Natalia Cano

Algunas ONGs consideran a nuestro país el lugar más peligroso para ejercer el periodismo, en donde una nota se paga entre $15 y $20 pesos sin importar el riesgo que el reportero o fotoreportero corre durante la recopilación de la información. Las cifras son escalofriantes. De acuerdo con Reporteros Sin Fronteras, México es el lugar más peligroso para los periodistas, con 85 comunicadores acaecidos y 16 desaparecidos en la última década y donde los responsables de las desapariciones, amenazas y agresiones a periodistas y medios de comunicación casi nunca son identificados ni llevados ante la justicia. La organización Campaña por un Emblema de Prensa establece que México es el tercer país más peligroso para los periodistas, debajo de Siria y Somalia, que ocupan el primero y el segundo peldaño, respectivamente. Brasil y Pakistán se colocan en la cuarta y quinta posición. “Nos encontramos en una sociedad que se está transformando, y a nuestro alrededor se están desarrollando actos muy complicados, violentos, mismos que, como periodistas, debemos comunicar a la sociedad. Lamentablemente nos han vulnerado mucho; no en vano, la ONU y otras organizaciones en defensa de la libertad de expresión, han visualizado a México como uno de los países donde es más difícil realizar la labor de comunicadores”, explica Pedro Pardo.

Ser periodista en México es tan riesgoso que, cuando un reportero o fotoreportero intenta comprar un seguro de vida, las empresas se niegan a vendérselo; en el mejor de los casos, fijan una cuota muy alta, inalcanzable para una persona que gana en promedio $2 mil pesos a la quincena.

Diversas ONGs han desarrollado cursos para protección de periodistas que trabajan en zonas de riesgo, como Artículo 19 (Article 19) que ofrece talleres de seguridad personal a comunicadores que trabajan en México a fin de prepararlos ante las agresiones físicas de las que pueden ser víctimas durante una cobertura y los orienta sobre cómo actuar legalmente ante una situación en la que sus derechos humanos sean violados.

Un video publicado recientemente en la página de Storyhunter, una comunidad global de video-periodistas, advierte del peligro que enfrentan los reporteros en Veracruz al realizar su trabajo. En 19 meses, 11 periodistas han sido asesinados en ese estado. En el documental, un fotógrafo de la fuente policiaca habla sobre los peligros que viven él y sus compañeros en ese lugar, donde tres de ellos fueron reportados desaparecidos en mayo, y cuyos cadáveres fueron hallados desmembrados en un canal de aguas negras días después. El crimen ocurrió a unos días del asesinato de Regina Martínez, corresponsal en Veracruz del semanario Proceso.

Guillermo Luna, Gabriel Huge y Esteban Rodríguez, los tres reporteros gráficos asesinados en mayo, trabajaron durante varios años en la fuente policiaca. Dos de ellos fueron compañeros en el diario Notiver de Miguel Angel López Velasco y su hijo Misael López Solana, fallecidos tras ser víctimas de un atentado en su domicilio, el 20 de junio de 2011. “Veracruz es un foco rojo en la matanza de periodistas y para muestra hay que echarle un vistazo a las cifras, que ya de por sí espantan. Muchas veces los reporteros asesinados han sido criminalizados por las propias autoridades, así que hemos tenido que recurrir a otras instancias. Nos hemos acercado con ONGs para prepararnos de alguna manera, y si ocurre algo, haya un antecedente registrado”, cuenta un periodista que vive y trabaja en esa región. Este periodista, que pide no ser identificado por cuestiones de seguridad, explica que algunos de los riesgos que enfrentan los reporteros y fotoreporteros en una cobertura son: Quedar entre fuegos cruzados, ser víctimas de las agresiones de la policía o la Marina cuando llegan a cubrir la nota, o la peor, perder la vida.

El fotoperiodista mexicano Guillermo Arias, que ha trabajado para medios nacionales e internacionales, señala que los riesgos que enfrentan él y sus colegas durante una cobertura generalmente radica en los “actores” del conflicto al que se está dando seguimiento. “Si llegas a una escena donde está involucrado algún elemento de la autoridad, seguramente será más difícil trabajar y es muy probable que seas agredido, principalmente verbal, pero también físicamente. Por alguna extraña razón, hay ocasiones en las que se puede trabajar con relativa tranquilidad y otras en las que resulta casi imposible. Insisto, todo depende de quiénes sean los actores, dónde y qué tan involucrada esté la autoridad”, señala Arias.

Como víctimas vulnerables, estos periodistas han acudido con diversas organizaciones no gubernamentales como Artículo 19, Periodistas de a Pie y Freedom House para asesorarse y saber cómo actuar previo, durante y después de una cobertura. “Sabemos que no existe una receta para salir vivos de esta guerra (del narcotráfico), en donde los periodistas no conocemos los frentes. Acudimos a la escena y no sabemos quiénes son los buenos ni quiénes son los malos, o cuáles son sus intereses, por lo menos para tratar de tener una referencia de cómo actuar ante esa situación. Los talleres de protección a periodistas nos han ayudado a prevenirnos de algunas situaciones, a marcar un antecedente y a que nuestros familiares o los propios compañeros sepan dónde comenzar a buscar en caso de que nos secuestren”,explica el reportero veracruzano.



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