La poderosa ruta de la trata en el sur de México


La trata de mujeres en México. Por Sanjuana Martínez


POR Staff Rolling Stone México  



La trata de mujeres en México. Por Sanjuana Martínez

Salas de masaje, centros botaneros, bares, table dance, casas de citas, cantinas… ambientes de giros negros donde se explota sexualmente a mujeres y niñas.

Por Sanjuana Martínez

Tapachula, Chiapas.– “sáquenos de aquí, por favor”, le suplican chicas de apenas 15 años de edad a María de Jesús Silva Velázquez, quien busca en burdeles a su hija desaparecida.
Con valor y tenacidad, esta nicaragüense se ha convertido en detective. Lo último que supo de Jaqueline Mariana Silva Girón, secuestrada en Chinandega, Honduras, cuando tenía 11 años, es que puede estar en esta ciudad, centro neurálgico de la trata de mujeres y niñas desde Centroamérica.

Lleva nueve años buscándola. Ha trabajado en prostíbulos, se ha disfrazado y se ha introducido en los ambientes de giros negros donde explotan sexualmente mujeres y niñas: Salas de masaje, centros botaneros, bares, tables dance, casas de citas, cantinas…

“En mi largo caminar he visto cosas que todavía me tienen marcada; no puedo olvidar esos rostros que miré, no puedo olvidar tantas niñas metidas en burdeles, no puedo. A veces pensamos que eso no puede ser, que sólo se ve en las películas, pero yo he visto cómo las drogan. Es horrible ver cuántos hombres deshonestos se llevan a media noche a las muchachas más jóvenes, he visto cómo ellos piden que se vayan quitando la ropa. Muchas niñas me decían: “Sáqueme de aquí, por favor”. Y no pude, no pude sacarlas, porque desgraciadamente cuando uno va con una orden de allanamiento, va sólo el nombre de la víctima que se busca, la policía no puede tocar a esas niñas y rescatarlas. Y yo les decía: “Ayuden a esas niñas a salir”. Y yo me llenaba de coraje por ver a esas niñas que me decían llorando: “Estamos aquí porque debemos dinero. Nos tienen secuestradas hasta que paguemos una deuda”. Y se trata de una deuda que nunca terminarán de pagar. Con sexo, una criatura no puede pagar una deuda”.

A su hija se la robaron de un balneario, donde participaba en un evento escolar con el resto del grupo. Fue comprada y vendida en diferentes países centroamericanos y luego trasladada hasta esta ciudad, según los expedientes judiciales.

Las investigaciones de María de Jesús fueron claves para localizar a Esmeralda Mendoza, una de las traficantes de su hija. Fue juzgada y condenada en Honduras por tráfico de mujeres y niñas, pero recientemente fue exonerada por haber colaborado con la policía: “Estoy llena de coraje al ver que la persona que desapareció a mi hija está libre. Ella sigue trabajando en el mismo lugar de prostituta. La trata es un crimen demasiado cruel, demasiado inhumano. Nadie tiene derecho a quitarle la alegría a una niña, ni a encerrarla”.

Incansable, camina por Ciudad Hidalgo, Chiapas, frontera con Tecún Umán, Guatemala. Esta ciudad está dividida por el Río Suchiate, por donde los migrantes centroamericanos cruzan rumbo al sueño americano. En Tecún Umán abundan los prostíbulos disfrazados de cantinas que son atendidos por menores de edad.
Aquí, las madres centroamericanas que buscan a sus hijas comprueban que el tráfico de mujeres está conectado en ambos lados de la frontera con vínculos entre tratantes, autoridades municipales y estatales de México y Guatemala, que conforman una poderosa red de trata. En el ambiente sórdido de estos lugares, la explotación sexual está normalizada.

Las madres de cientos de mujeres desaparecidas cruzan en cámaras de llanta el río, luego de viajar miles de kilómetros en busca de sus hijas. El sobrino de María de Jesús pasó por aquí y, a las pocas semanas de andar buscando a Jaqueline, también desapareció. Las fotos de ambos cuelgan de su cuello.
A la orilla de los rieles, decenas de burdeles, casas de citas, botaneros, bares y cantinas, ofrecen servicios sexuales de mujeres centroamericanas. Las jóvenes, algunas tan sólo niñas de apenas 12 años, atienden como meseras y cobran alrededor de 120 pesos por 30 minutos de sexo. Una cubeta con seis cervezas cuesta 200 pesos e incluye un baile con ellas desnudas, arriba de las mesas.



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