¿Cómo fue que Ziggy Stardust cayó a la tierra?


David Bowie ¿Cómo fue que Ziggy Stardust cayó a la tierra?


POR Staff Rolling Stone México  



David Bowie ¿Cómo fue que Ziggy Stardust cayó a la tierra?

David Bowie hizo del rock & roll un lugar seguro para los dioses de la brillantina y las rarezas espaciales, aunque en realidad sólo intentaba aferrarse a lo que quedaba de su cordura

Por Mikal Gilmore

El 3 de julio de 1973, david bowie tomó asiento en el camerino del foro Hammersmith Odeon, en Londres. Aguardaba. Los asistentes, maquillistas y diseñadores de vestuario lo preparaban para la presentación más anticipada de toda su carrera: La fecha final de su triunfante gira mundial, la primera en su vida, acompañado de la extraordinaria banda The Spiders from Mars. Mientras esperaba, cientos de personas entraban al auditorio. Muchos de ellos eran auténticos seguidores: Vestían como Bowie, enfundados en trajes glamurosos y osados; se cortaban y entintaban los cabellos a fin de imitar esa melena roja y eléctrica; blanqueaban sus rostros y pintaban sus ojos con tonos brillantes. Estos eran los tipos a los que Bowie dedicó “Changes”.

Dos años antes, muy pocos de los asistentes a esta clase de eventos sabían quién era David Bowie. Él había estado cantando y tocando rock desde 1962, y grabando discos excéntricos y pintorescos desde 1967, pasando realmente desapercibido. Su progreso había sido tan irregular que, en cierto momento, se preguntó si en realidad deseaba continuar. Él se veía como actor; quería usar su cara y cuerpo, su voz y canciones, para desempeñar papeles, sobre todo los más extraños. Luego, en 1971, Bowie descubrió que sí era capaz de combinar todo esto –la música y el teatro– en un sólo personaje: Ziggy Stardust, un extraterrestre que había llegado para salvar a la Tierra pero que, en vez de ello, descubrió el rock & roll; cantaba acerca de los cambios y el dolor, y tocaba mejor que todos los demás; su vanidad se tornó grotesca y poseía un carisma que le permitía cogerse a quien le viniera en gana, mujer u hombre; las aspiraciones le condujeron a la ruina, con sus mejores propósitos inacabados. Dicho personaje hizo famoso a David Bowie, y generó un público y una comunidad alrededor de su singularidad.

Sin embargo, esta noche, Bowie desmontaría a Ziggy. Años más tarde declaró: “No podía definir si yo era el creador de los personajes o si éstos me habían fabricado, y si éramos una misma cosa”. Temía que esta confusión le llevara a la locura, y no había nada que le produjera más angustia. Cuando abandonó el Odeon, esa misma noche, su intención no era otra que abandonar a Ziggy Stardust, pero asimismo estaba a punto de dejar atrás el hecho más importante de su vida: Ziggy había sido un paradigma de valentía para millones que nunca antes habían sido tomados en cuenta por un héroe de la cultura popular. Inesperadamente, liberó a muchos otros, incluso a pesar de no poder hacerlo consigo mismo.

David Bowie había nacido con una intensa necesidad de movimiento. Sólo así pudo lidiar con una historia que, de otra manera, lo habría aniquilado. Su madre, Margaret Burns (conocida como Peggy), fue la primera de seis hijos nacidos en el seno de una problemática familia del condado de Kent, en Inglaterra. Tres de sus hermanas padecían trastornos mentales, y la misma Peggy estaba al borde, según ciertas opiniones. Antes de la Segunda Guerra Mundial, en 1937, Peggy tuvo una aventura y dio a luz a Terence Burns. (También tuvo una hija luego de una segunda aventura amorosa, pero decidió darla en adopción). Peggy tenía 33 cuando conoció a Haywood Stenton Jones, un hombre casado que tenía una hija. Haywood, mejor conocido como John, había sido gerente de un fallido music-hall londinense; el fracaso de este sitio le costó su herencia. Cuando conoció a Peggy, John trabajaba para una organización de caridad infantil y a esto dedicó todas sus energías hasta el final de sus días. En 1946 se divorció de su esposa y se casó con Peggy. El 8 de enero de 1947, su único hijo, David Robert Jones nació en Brixton.

Durante años, al mismo Bowie le preocupó la posibilidad de un colapso mental. En 1993, el cantante dijo: “Uno suele dañarse demasiado cuando intenta eludir la amenaza de la locura. En realidad comienzas a abordar lo que más te aterra… En mi familia hubo demasiados suicidios para mi gusto… Mientras yo pudiera verter esos excesos psicológicos en mi música y en mi trabajo, sabía que tendría oportunidad de tirar todo ese peligro por la borda”.

En 1956, el padre de David le llevó a su hijo de nueve años un regalo que le ayudaría a encontrar una especie de trascendencia entre todo el horror familiar: “Tutti Frutti”, el explosivo primer sencillo de un pianista norteamericano de rock & roll y boowie-woogie: Little Richard. “Mi corazón casi explota a causa de la emoción”, dijo años más tarde Bowie. “Ese tema llenó la habitación con energía, color y escandaloso desafío. Acababa de escuchar a Dios”. Así, a David se le metió en la cabeza la idea de hacer lo que gente como Richard o Elvis Presley estaban concretando: Pararse delante de una audiencia como algo que nunca antes había sido visto o escuchado. Fue una manera de reinventarse.

A principios de los años sesenta, el joven David Jones pasaba horas en las tiendas de discos, buscando la música más novedosa, y también se sumó a varias agrupaciones de R&B con su amigo George Underwood –The Konrads, Davy Jones and The Lower Third y Davie Jones and the King Bees, en las que cantaba y tocaba el sax alto y tenor. En una fotografía tomada en 1963, Bowie sale posando con su instrumento, sentado sobre el bombo de The Konrads, una extraña prefiguración de su fama venidera. Sin embargo, en sus ojos, puede verse algo muy peculiar, una marca. En 1962, tras una discusión en torno a cierta novia, Underwood golpeó a su amigo en el ojo izquierdo, lo que le provocó una herida terrible. Desde entonces, la pupila de Bowie permanece siempre dilatada y sus ojos parecen ser de colores diferentes. Como resultado, uno de los ojos del cantante mira siempre hacia adelante, como si estuviera huyendo, mientras que con el otro, se mira a sí mismo, como si estuviera midiendo la distancia del pasado.

A lo largo de los años sesenta, Bowie entraba y salía de agrupaciones mod (modernismo) o de R&B, pero en realidad su temperamento no se ajustaba muy bien a la mentalidad colectiva. Casi siempre intentó ejercer el control en sus bandas y, cuando la música no prosperaba, su convicción era que los demás estaban fallando. A los 16 firmó un contrato efímero con Decca Records. Pero David Jones siempre se pensó como alguien que debería tomar sus decisiones a solas. Y luego conoció a Ken Pitt, un hombre que lo veía de la misma forma.

Pitt era un manager sofisticado, experimentado. Había sido representante del excéntrico pianista Liberace y del grupo beat de Manfred Mann, además de crear la publicidad de una de las giras inglesas de Bob Dylan. Tras ver a David en vivo en The Marquee Club, en abril de 1966, Pitt pensó haber hallado a alguien con el magnetismo de Frank Sinatra. Se convirtió en el manager de David y le consiguió un contrato solista. Asimismo, lo invitó a compartir su casa, rescatándolo de las terribles insistencias de Peggy y de la tormentosa atmósfera propiciada por la relación entre sus padres y su medio hermano. Algunos han sugerido que, quizás, el interés de Pitt no carecía de un matiz sexual. Pitt lo negó, aunque más tarde escribió: “David se sentía a gusto desnudo, a veces sentado en el suelo, rodeado por bocinas que sonaban a todo volumen, otras ocasiones dando vueltas por todo el departamento, con su largo y rechoncho pene bamboleándose de un lado a otro, como el péndulo de un reloj antiguo”.

Pitt le dijo a David Jones que ya no le sería posible utilizar dicho nombre artístico, a causa de la popularidad de otro cantante británico llamado Davy Jones, que poco después se sumaría a The Monkees. La noción de un cambio de nombre alimentó la curiosidad que David sentía por los mecanismos que permiten la aserción de un nuevo ‘yo’. Le gustaba el apellido de Mick Jagger y era admirador de la descripción que Richard Wildmark había hecho del pionero norteamericano Jim Bowie, quien fue famoso por sus habilidades con el cuchillo. Así, David comenzó a utilizar el apellido Bowie como nueva identificación. Creyó que esa palabra evocaba también una especie de inmersión en las verdades más profundas.

En la casa de Pitt, Bowie encontró los libros de Egon Schiele sobre la erótica y el arte grotesco. Pitt le recomendó al ilustrador Aubrey Beardsley y a los escritores decadentes del siglo XIX, entre ellos Oscar Wilde. A Bowie le fascinó sobre todo El retrato de Dorian Grey, la historia de un vanidoso joven que explotaba y luego desdeñaba a los demás. Pero la contribución más duradera de Pitt al estilo artístico de Bowie llegó a finales de 1966. En diciembre, cuando Pitt regresó consigo una copia promocional del álbum debut de The Velvet Underground, un grupo que había emergido gracias al apoyo del movimiento arte pop liderado por Andy Warhol. Bowie quedó hipnotizado: The Velvet tocaban una música hermosa y cacofónica a la vez, y el cantante, Lou Reed, escribía acerca de gente que estaba al borde de alguna experiencia desesperada. “Todo lo que yo anhelaba era escribir canciones que pudieran decirle algo a gente como yo”, dijo Reed años después. “The Beatles y todo lo demás me proporcionaba placer pero, ¿por qué no dedicarle algo también a los chicos de las últimas filas?”

The Velvet Underground le otorgó nuevos permisos a Bowie, quien decidió explorar los espacios más oscuros, aunque sus propias grabaciones tardarían cinco años más en reflejar semejante epifanía. Su primer álbum, David Bowie, lanzado en junio de 1967, da cuenta de sus eclécticas influencias, los recargados versos de la canción francesa de Jacques Brel y otros, y las relucientes baladas para radio del compositor y cantante Anthony Newly. El efecto, sin embargo, resultó demasiado difuso para la psicodelia de finales de los años sesenta.

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