50 años con The Beatles


Un encuentro que no se debe de olvidar.


POR Staff Rolling Stone México  



Un encuentro que no se debe de olvidar.

Un encuentro que no se debe olvidar.

Por Eduardo Limón

“Hay siete niveles”, decía el papelito maltrecho en el que, una noche antes, Paul McCartney –o mejor dicho, Mal Evans, célebre asistente durante toda la vida del grupo– había anotado, bajo instrucción precisa, lo que para el músico era el significado de la vida.

Hay que decir que la noche en la que el mensaje había llegado desde el universo hasta la mente de Paul, un par de cosas trascendentales habían ocurrido en la vida del Beatle. Uno: Acababa, junto con los otros tres integrantes de la banda, de conocer finalmente a un músico que admiraba: Bob Dylan, y dos: Como resultado de este encuentro, se encontraba completamente pacheco, al igual que los otros.

1964 fue un año capital para la historia de The Beatles. Luego de transitar, picando toda clase de piedra, desde los clubes inmundos de Hamburgo antes de llegar a The Cavern y de ahí, gradualmente, a los teatros de Inglaterra y posteriormente a los estadios del mundo, el genio conductor y sagaz de Brian Epstein había permitido al grupo ir, poco a poco, ganando territorios para que su música expandiera su espíritu colorido por sobre una Europa no del todo repuesta de una guerra particularmente devastadora, cuya huella azufrosa no se disipaba aún apenas pasados 20 años de algunos de sus momentos más infaustos.


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