Adele
Adele, la voz más importante del pop funciona gracias a los cigarrillos, el vino tinto y las decepciones amorosas.
FECHA: 2011-05-11 20:44:14
La voz más importante del pop del 2011, funciona gracias a los cigarrillos, el vino tinto y las decepciones amorosas de alto octanaje.

Por Touré

adele-2Son las dos de la tarde de un sábado y Adele pasea por un parque diminuto en las proximidades del lago Alster, en Hamburgo, Alemania. No cesa de jalar con fuerza la correa de su compañero incansable, un perro salchicha de dos años llamado Louis Armstrong. La gira europea de Adele comenzó apenas hace unos días y aún se le percibe relativamente desorientada. No se ha maquillado el rostro y su cabello, de un rubio apagado, lo lleva recogido en un chongo desastroso.

En un año que ha visto acaparadas las listas de popularidad por bombas sexuales y proyectos artísticos, la sorpresa más grande la constituye su disco 21, el segundo álbum de Adele, que debutó en el primer sitio de las listas inglesas y norteamericanas y a la fecha ha vendido 3.5 millones de copias, un desarrollo que ella considera “sumamente intenso”. Recientemente volvió a fumar –y asegura que no pasa de los siete cigarrillos diarios, aunque a lo largo de las horas que pasamos juntas, se fumó cuando menos esa cantidad–. Para complicar las cosas, esta semana, su padre, Mark Evans –un alcohólico en recuperación que abandonó a Adele y a su madre cuando la cantante tenía tres años– vendió una historia al tabloide inglés The Sun, en la que confiesa sentirse mal por no haber estado ahí para la crianza de Adele. Ella entrecierra los ojos mientras comenta algo al respecto. “Yo no conozco a mi padre”, dice. “No tiene ningún derecho a hacer esos comentarios”. Un día después de la aparición de la historia de su padre surgió otro artículo, esta vez sobre la niñez de Adele; un reportero había acorralado con preguntas a su abuela en un paradero de autobuses. “Fue entonces cuando volví a fumar”, dice la cantante.

adele_1500a_aol-music-artists-uk_240111Adele posee una de las mejores voces de los últimos tiempos; mezcla de un soul poderoso, una dulzura enternecedora y una transparencia emocional escalofriante. Canciones como “Someone Like You” –en la que se despide de un antiguo novio que se ha casado– irradian un cierto desarreglo, algo conflictivo y en ocasiones explosivo. “Todos sus temas están basados en sucesos reales y en gente real”, asegura el bajista Sam Dixon. “Puede que a ella le cueste cantarlas; al menos eso he notado en unas cuantas ocasiones”. Durante la entrega de los Brit Awards, en febrero de este año, sus ojos se anegaron al final de su interpretación de “Someone” y por ello tuvo que rehuir de las cámaras. “No es una pose”, dice Rick Rubin, que produjo cuatro canciones incluidas en 21. “Cuando escuchas a una persona con el alma desnuda, las resonancias son inevitables”.

Adele Laurie Blue Adkins nació en Tottenham, un distrito al norte de Londres, que ostenta una de las tasas más altas de desempleo en Gran Bretaña. Su madre, Penny, no era más que una adolescente; trabajaba como masajista, creadora de muebles y oficinista, y solían mudarse todo el tiempo. Por lo general vivían en edificios subsidiados por el gobierno. A Adele le fascinaban las mudanzas. “Creo que es por ello que actualmente no puedo quedarme en un sólo lugar”.

img-adele_130823640605De niña, Adele amaba cantar y tocar guitarra y clarinete; a los 14 años ya dominaba todos estos instrumentos de manera sorprendente, así que audicionó exitosamente para la Brit School de Londres, una preparatoria pública enfocada en las artes y que alguna vez contó entre sus filas estudiantiles a gente de la talla de Amy Whinehouse, Leona Lewis y Kate Nash. “Era semejante al programa Fama”, dice la cantante. “Algunos chicos se la pasaban haciendo piruetas en el pasillo, haciendo mímica y vocalizando en el vestíbulo”. Su condiscípulo y actual guitarrista, Ben Thomas, comenta que a Adele nunca le interesó el aspecto empresarial de la música. “Algunos chicos anhelaban el estrellato”, dice Thomas. “Era muy fácil darse cuenta de ello. Pero Adele era distinta. Sin embargo, ella era una ejecutante excelente y cuando cantaba o tocaba, todo mundo enmudecía y quedaba maravillado”. Durante su último año en la Brit School, un amigo suyo subió a MySpace un demo de tres canciones que Adele había grabado para su clase. Algunas disqueras enviaron correos pidiendo conocerla. Ella no se mostró emocionada. “Pensé que se trataba del típico pervertido de Internet”, dice. “Vi correos de Island y XL, pero yo desconocía su existencia, así que no respondí”. Finalmente, instada por su madre, se entrevistó con un empleado de XL –la disquera de M.I.A.–. El representante la firmó en el acto.

Adele debutó en 2008 con 19. La grabación gozó de un éxito moderado en Norteamérica –se colocó en el número 56 de las listas y poco después desapareció– hasta que fue invitada a participar en una edición de Saturday Night Live, en plena campaña presidencial, la misma noche que Sarah Palin apareció en el programa. “Estaba en mi camerino con los maquillistas”, dice, “cuando de pronto pensé: ‘Si lo hago bien, esto podría convertirse en un hito para mi carrera’”. Alrededor de 14 millones de personas la vieron cantar “Chasing Pavements” y “Cold Shoulder”. “Cuando aparecimos en SNL, ocupábamos el lugar 40 en iTunes”, dice su manager, Jonathan Dickins. “Unas horas después, ya estábamos en el ocho. De vuelta en Londres ya ocupábamos el primer sitio”. Eventualmente ganó los premios Grammy en las categorías de Mejor Artista Nuevo y Mejor Desempeño Vocal Femenino en un Disco de Pop.

Por esas fechas conoció al tipo que se convertiría en la inspiración de 21. Él era 10 años más grande y logró volverla una apasionada de los viajes, la lectura de ficción y la escritura de poemas. “Me transformó en un adulto. Me encaminó y jamás me he desviado del sendero”, dice la cantante. “Mi carrera era mi vida, pero tenía un pequeño proyecto alterno: nosotros dos. Y eso me hizo sentirme normal una vez más. Justo era lo que necesitaba, porque me estaba volviendo un poco loca”. Vivieron juntos por un año, en la casa londinense de Adele, pero de pronto todo comenzó a descomponerse.

adele“Ya no me parecía divertido”, dice. "Él tenía inclinaciones artísticas, pero no era romántico. Nunca me llevó a Italia. Yo lo llevé a Italia”. Suelta una carcajada. “Yo misma organicé la agenda y lo llevé a un hermoso hotel en Milán”. Al final, “Discutíamos por todo: por el té o porque mi encendedor no funcionaba. Sus amigos se sintieron felices cuando él se esfumó. A todo mundo le parecía una mierda”, dice la cantante. “Todos mis amigos, todas las personas con las que yo trabajaba. Nadie lo quería, porque yo me comportaba extrañamente cuando estaba con él”.

Unas horas después de que la relación tocara a su fin, ella estaba en el estudio, derramando lágrimas mientras grababa “Rolling in the Deep”. Paul Edgeworth, productor de la canción, comenta que “Ella se sentía muy frágil, obviamente, pero a la vez se abrió muchísimo. Pero su vientre estaba en llamas”. Tiempo después, aún inmersa en la grabación, se enteró de que su ex se había comprometido. “Eso me devastó”. Desde entonces no ha vuelto a salir con nadie. “No estoy lista”. “No encuentro una auténtica solidez. Ya no estoy enamorada de él, pero aún lo amo”.

“Me ha dado la temblorina”, dice Adele. Son las 19:30 hrs. y se encuentra en el sótano-camerino de un club para 1,200 personas en las inmediaciones de la zona roja de Hamburgo. Lleva puesto el mismo suéter negro con cuello de tortuga. Ha estado tomando café, con Louis en su regazo, y fumando cigarrillos. Como es costumbre, le aterra un poco salir a escena. “El público me da miedo”, confiesa. “Se me revuelve el estómago”. Una vez en Ámsterdam, estaba tan nerviosa que me escapé por la salida de emergencia. He vomitado un par de veces. En Bruselas vomité encima de una persona. Pero debo soportarlo. Simplemente no me gustan las giras. Con frecuencia sufro ataques de pánico”.

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