Arctic Monkeys empieza de nuevo


Después de un álbum exitoso, Alex Turner decide deshacerse de los ‘riffs’ de guitarra, escuchar jazz y escribir una obra de ciencia ficción.


POR Jonah Weiner  



Foto: Twitter Arctic Monkeys

El primer álbum de Arctic Monkeys en cinco años es exuberante y claustrofóbico al mismo tiempo, trae a la mente a un hombre que se volvió un poco loco en un cuarto pequeño de una linda casa en una colina, construyendo un mundo de fantasía en su cabeza y poniendo sus visiones en el piano. Lo cual, al escuchar a Alex Turner contarlo, es más o menos exactamente como Tranquility Base Hotel & Casino nació.

Turner empezó a escribir el nuevo álbum en su casa en 2016, sentado en un piano Steinway Vertegrand que su mánager le compró como regalo de cumpleaños. Turner, quien por mucho tiempo admiró los cambios estilísticos de John Lennon y David Bowie, quería hacer algo que no sonara para nada como el último disco de Arctic Monkeys –el certificado como platino AM—, lleno de serpenteantes riffs de guitarra y ritmos intensos. Como nunca antes había escrito canciones en piano, pensó que el Vertegrand tal vez le sacudiría un nuevo sonido, y tenía razón: “Los lugares del piano en los que mis dedos caían naturalmente” dieron lugar a, explica, progresiones y “giros jazz” que “sugerían esta idea de un carácter lounge, el cual nunca se me habría ocurrido si hubiera estado tocando una guitarra”. Otras influencias incluyen Histoire de Melody Nelson de Serge Gainsbourg y la partitura jazz que François de Roubaix compuso para el clásico post gángster de 1967, Le Samouraï, de Jean-Pierre Melville.

Fue imposible, al escribir canciones en ese piano en 2016, evitar las noticias: “Las personas me decían que el último disco de Arctic Monkeys tenía este sentimiento estadounidense, pero yo no lo sentí en ese momento tanto como lo sentí aquí”, dice. Escuchas esto en las letras sobre “estados de campos de batalla”, aquellos que “toman la verdad y la hacen uida” y “el líder del mundo libre” que “te recuerda a un luchador”. Pero mientras Turner exploraba el Vertegrand, también se encontró a sí mismo explorando temas sobre escapismo, confeccionando líneas sobre personas que conectan con dispositivos de realidad virtual y que salen corriendo para rápidamente asentarse en colonias del espacio.

Hay varias referencias auto reflexivas de ciencia ficción a lo largo del álbum, incluyendo una canción llamada igual que el género. “La ciencia ficción crea esos mundos para hablar sobre este mundo”, explica Turner, “y esa idea fue interesante para mí”. El narrador nos da la bienvenida a Tranquility Base Hotel & Casino, exagerando mientras mantiene una “residencia de fantasía” en un hotel postapocalíptico de lujo, generado posiblemente por computadora en la luna. El resultado es un álbum cautivantemente bizarro sobre el rol del entretenimiento –el deseo de escapar en él y el deseo de crearlo– durante periodos de agitación y crisis social.

Todo esto tal vez representa una enorme sorpresa, reconoce Turner, para los fans –especialmente aquellos que por AM esperaban el rugido de una guitarra al frente y centrada. El guitarrista Jamie Cook me dice que había quedado atónito cuando Turner le mostró los primeros demos. Pero cuando se acomodaron, la guitarra y el piano comenzaron a solidificarse. El baterista Matt Helders –quien se unió a las sesiones después junto con el bajista Nick O’Malley, primero en Hollywood y después en una mansión llamada La Frette con fantástico clima en las afueras de París– narra que el nuevo sonido constituyó un proceso de aprendizaje para él también. “Cada vez que hacíamos un disco, quería hacer algo completamente original, como un ritmo de batería que a nadie se le ha ocurrido”, dice Helders. “Esta vez me tranquilicé, me di cuenta que no es sobre mí, es sobre tocar para las canciones”. Cuando le pregunto a Turner si ve el cambio de los grandes riffs como un “jódete” dirigido a las expectativas de los fans, sonríe: “Tal vez existe un tiempo y espacio para ambos, el riff de guitarra y el ‘jódete’”.

No es como si Turner hubiera pensado mucho en las reacciones de la audiencia al principio, enfatiza. Probablemente nada capture qué tan profundo cayó en su propia locura como un modelo arquitectónico que comenzó a construir con las manos, una vez que la música terminó, del lugar vacacional que le da título al álbum. Ahora la portada del disco, surgió con Turner dibujando un hexágono –para representar el álbum número seis– y creció mientras se inspiraba en arquitectos icónicos de mitad de década como Eero Saarinen y John Lautner. Por dos meses, explica: “Fui a la tienda de artículos de arte muy frecuentemente”, comprando papel ilustración, cortándolo con una navaja de precisión, haciendo diferentes formas. “Me obsesioné con eso. Me levantaba a la mitad de la noche. Continuaba llamándolo el modelo de vestíbulo, como la idea de que a veces esas cosas están en los vestíbulos de los edificios que representan –como en El resplandor, como el laberinto miniatura en el vestíbulo, y él está mirándolo y ve a las personas que están ahí”.

La referencia de El resplandor plantea preguntas obvias: ¿Qué persona cercana a Turner pensó que se estaba volviendo loco mientras perseguía sus obsesiones solitarias? Su novia, la modelo Taylor Bagley, apoyó completamente sus juegos de medianoche, me cuenta, y también su peludo compañero de hogar Scoot. “Éramos yo y el perro quienes entrábamos ahí diario”, Turner dice. Se ríe. “Y tampoco me decía que me estaba volviendo loco”.



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