Los Changos de este año


Ocho años después de ser la banda más comentada, Arctic Monkeys han reinventado su sonido y están invadiendo el mundo, esta vez en serio.


POR Staff Rolling Stone México  



Ocho años después de ser la banda más comentada, Arctic Monkeys han reinventado su sonido y están invadiendo el mundo, esta vez en serio.

Por Brian Hiatt

Alex Turner, líder de Arctic Monkeys, tiene fuertes rivales al título del mejor compositor de letras indie de su generación; pero nadie le gana el título de la mejor cabellera del rock. Su copete rockabilly podría considerarse el quinto integrante de la banda, levantándose orgulloso y brillante de su frente, tanto, que requiere de dos grasientos productos para mantenerse intacto. En el escenario, combina a la perfección con las nada baratas chamarras de cuero estilo motociclista que usa Turner; para complementar su look retro/futurista/Lennon en Hamburgo, que lo han caracterizado últimamente. Como cereza en el pastel, la enorme hebilla que compró en Japón: Un águila metálica con el logo de las motocicletas Kawasaki.

Ese look le sienta bien, especialmente ahora que su actuación en el escenario es tan extravagante. (No está seguro si la moda inspiró sus actuaciones o viceversa, “Es como la paradoja del huevo y la gallina”, comenta). Definitivamente este aspecto es mejor que el que usaba en los años 2000, un poco indiferente y aburrido, con la cara acartonada. En ese entonces un tsunami musical hizo de Arctic Monkeys la banda más grande del Reino Unido, mientras que en Estados Unidos el éxito era normal. A sus 27 años, Turner es un hombre que decide cómo se quiere ver. Tal vez no es coincidencia que con su recién salido quinto álbum, AM, él y sus colegas hayan sido igual de claros en cuanto al sonido que querían lograr.

Dice Turner que el plan era hacer un disco que sonara “casi como si Spiders From Mars hicieran un cover de Aaliyah. Hay un elemento brilloso, intergaláctico, casi cósmico en esos dos géneros. Eso es lo que me hacen sentir”. El resultado es un disco aderezado con falsettos, lleno de groove, escalofriante a ratos y muy relajado. El resultado es muy distinto a su primer LP del 2006, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not; un clásico instantáneo que mezclaba garage punk con letras profundas sobre la vida nocturna en los pueblos ingleses. (Turner lo llamó “Chip Shop Rock & Roll”, en alusión a la música que escuchan quienes trabajan haciendo Fish & Chips en Inglaterra). AM es el mejor disco de los Arctic Monkeys desde… bueno, si le crees a la prensa británica, es su mejor disco y uno de los mejores de todos los tiempos. Es su quinto álbum Número Uno en el Reino Unido y gracias a que por fin fue muy tocado en la radio en Estados Unidos, está en el número seis de este país, lo más alto que han llegado de este lado del óceano.

RS11Arctic Monkeys hablan de su nominación a los Mercury Prize

Esta tarde, a una semana del lanzamiento de AM, la banda está en el escenario del Webster Hall, un venue de 1500 personas en Nueva York. Están haciendo el sound-check de la segunda fecha de su gira por Estados Unidos; la chamarra, la hebilla y el pelo de Turner reflejan las luces que están encima del escenario. El material es nuevo, y el enfoque rítmico lo es aún más. “He escuchado el término ‘en sintonía’ mucho más que antes”, comenta el baterista Matt Helders, quien maneja un look de motociclista moderno, donde nunca puede faltar el chaleco de mezclilla clara. “Nunca había pensado en la sintonía, pero me gusta”.

En el escenario, Helders dispara sonidos electrónicos y Turner canta una línea de “Hold On We’re Going Home” de Drake; antes de iniciar con el suave y sexy sonido de “Do I Wanna Know?”, el primer sencillo del disco. Turner admite que muchas de las letras giran en torno al desamor. No específica, pero posiblemente la causa sea su ruptura en el 2010 con la modelo y conductora de televisión, Alexa Chung. (Al igual que la banda, esta pareja fue muy popular en los tabloides británicos, aunque poco se habló de su romance en otros lugares). Por primera vez en años, él tenía temas concretos para inspirarse. “Si tienes esos cimientos, tienes mucha tela que cortar. Pienso en ‘Do I Wanna Know? como en ‘Are You Lonesome Tonight?’ con un punch extra”.

La primera vez que Arctic Monkeys fue a Estados Unidos, hace ocho años, también arrancaron con un concierto en Nueva York, en un pequeño club llamado Mercury Lounge. Era impresionante: Muy intensos, llenos de energía joven pero casi no se movían; Turner se molestó con el público por usar sus celulares para tomar fotos. Agarraba la guitarra prácticamente a la altura del cuello, porque todavía estaba acostumbrado a tocar sentado.

Hoy, el piso del webster Hall es un mar de rectángulos iluminados y los fans graban minutos enteros de video. Turner ahora sí está listo para el público y sus cámaras: Tiene la guitarra abajo para poder bailar y brincar; se hinca para tocar solos y coquetea sin vergüenza con sus fans femeninas. Inclusive grita “Laaaaadies!”, imitando a los Beastie Boys para arrancar con “I Bet You Look Good On the Dancefloor”.

“Estar arriba de un escenario es un ambiente poco natural”, dice después, admitiendo que su timidez inicial no ha desaparecido por completo. “Entonces construyes defensas para ocultarte, como ver al piso con el pelo en los ojos o cerrarte, ser agresivo y cooperar poco como yo lo solía hacer”. Sugiere que su nueva personalidad en el escenario, es la mejor forma de esconderlo.

Esta seguridad también floreció cuando abrieron varios conciertos para The Black Keys el año pasado. En ese momento se dieron cuenta del largo trecho que les faltaba por recorrer para poder impactar a la audiencia en Estados Unidos. “Tocamos en estadios”, comenta Turner, “Pero teníamos máquinas de humo, un gran juego de luces y una audiencia que se sabía nuestros discos de pies a cabeza. Tal vez eso nos hizo más conformistas; no le echábamos tantas ganas como debíamos. Entonces en el tour con The Black Keys, recuerdo que pensé: ‘Ese chico de allá sólo está viendo la pantalla de su Blackberry. Antes de que terminemos de tocar, debe dejar eso y ponernos atención’”.

Lo más impresionante de Arctic Monkeys es que todavía existen y nunca han estado en riesgo de desaparecer. “La situación por la que ellos pasaron hubiera terminado con el 99.9 de las bandas con músicos menores a 20 años”, dice Josh Homme, líder de Queens of the Stone Age, amigo y mentor de la banda, quien además produjo Humbug, su tercer álbum. (Es él quién canta los coros de “Knee Socks”, en AM). Se refiere a la primer ola de éxito que se sucitó en 2005 y 2006, cuando se volvieron la banda más fuerte del Reino Unido, gracias a que sus demos circularon en Internet. (“Que se joda MySpace”, dice ahora el guitarrista Jamie Cook entre risas). La emoción fue tal, que aparecieron en Saturday Night Live y abarrotaron un club en NY a escasos meses de su debut.

Recordando la mítica era punk, ninguno de los integrantes de la banda sabía tocar su instrumento la primera vez que se juntaron. Eran amigos de familias de clase media en Sheffield, Inglaterra; vivían a dos cuadras uno del otro. Después se salió de la banda Andy Nicholson, el bajista original y entró Nick O’Malley. Aprendieron a tocar juntos, con covers de The White Stripes y empezaron a componer. Turner descubrió una misteriosa virtud para escribir letras inteligentes y vívidas –inspiradas más por Method Man y The Streets, que por Bob Dylan y Elvis Costello– aunque ahora también los disfruta.

Tampoco ha leído muchos libros, aunque últimamente ha engullido tanto a Tom Wolfe como a Gabriel García Márquez; al punto de considerar algunas de sus letras como realismo mágico. Durante mucho tiempo, ni siquiera se sentía cómodo diciendo que era compositor, pues lo asociaba más con un ñoño que cargaba todo el tiempo su guitarra acústica, en vez de verlo como lo que hace Leonard Cohen



comments powered by Disqus