Asuntos Internos: ¿Autodefensas o autoayudas?


¿Autodefensas o autoayudas? Por Jairo Calixto Albarrán


POR Staff Rolling Stone México  



¿Autodefensas o autoayudas? Por Jairo Calixto Albarrán

A los michoacanos les tomó 12 años llegar a hartarse del crimen organizado, de perder familia y pertenencia, de vivir bajo el yugo de una fuerza desprovista de valores, empatías y totalmente amoral, como los hacendados y caporales en las películas del Indio Fernández

Por @Jairo Calixto Albarrán

“El pueblo se cansa de tanta pinche transa” no es una frase del todo exacta porque la historia nos ha permitido comprobar que se cansa más de tanta extorsión, cobro de derecho de piso, tanto secuestro, del derroche inaudito de impunidad (que se ampara alrededor de una cifra del 91%). O sea, que quien comete un ilícito tiene un altísimo porcentaje de oportunidad de no conocer ni el debido ni el indebido proceso porque su crimen, aunque no sea perfecto, permanecerá sin castigo alguno.

Y ante ese vacío y esa inacción del sistema de justicia y el estado de derecho, no queda más que luchar por la supervivencia. Si el gobierno no ofrece garantías ni aplicación de la ley, la gente se organiza, rebasa las instituciones; se protege y pasa de los cursos de autoayuda, a los de autodefensa.

Tengo recuerdos de Tierra Caliente, de Uruapan, de Apatzingán, pero sobre todo, de Antúnez –en estos tiempos, los centros de las batallas por Michoacán– porque mi abuelo era el director de una escuela agropecuaria con las que había cubierto el estado el general Lázaro Cárdenas. Su idea era construir una base de desarrollo en el campo para que los jóvenes encontraran espacios de conocimiento y herramientas para el aprovechamiento de los recursos naturales. Ahí no había lugar para la violencia, sino para el trabajo. En muy poco tiempo, treinta años, los gobiernos priístas, panistas y perredistas hicieron lo posible por echar todo por la borda y generar caldos de cultivo para la violencia, pero sobre todo, para el resentimiento social y los rencores más acendrados.

Ese será el problema fundamental: La acumulación originaria de odios profundos entre quienes forman parte de los grupos criminales y quienes han decidido defenderse (en muchos casos miembros de la misma familia).

El problema tiene tantas aristas como rezagos de todo tipo que se apoderan de la región. Michoacán, por su posición geográfica, era tierra prometida para los cárteles del narcotráfico. Después de mucho fuego y sangre, los Zetas quedaron empoderados. Su vigor y ambición, así como su capacidad para las matanzas, apoyados en su formación militar y sentido de los negocios, no han tenido parangón entre la zoología fantástica a la que pertenecen. Para combatirlos surgió la que se suponía era la primera organización de autodefensas: La Familia Michoacana, encargada de proteger a la gente a través del temible grupo de los “Mata Zetas”. Con en tiempo y después de mantener a raya a sus enemigos, La Familia se volvió ambiciosa, se quedó con los negocios turbios y para multiplicar sus ganancias, se convirtió en una maquinaria procreadora de tremendismos y canalladas.

Un poder demasiado grande, con múltiples enemigos y ganancias exorbitantes no puede sino generar escisiones. Así, con una pequeña ayuda del Gobierno Federal en los tiempos de Felipe Calderón, cuyas estrategias para el combate al narcotráfico estaban basadas en darle de escobazos a los panales de abejas africanas, surgieron Los Caballeros Templarios, encabezados por Nazario Moreno y ese curioso personaje llamado “La Tuta”, que es el encargado de acompañar la hiperviolencia con llamativos folclorismos. Debido a su formación magisterial –de la que según se supo aún cobraba dividendos–, a él seguramente se le ocurrió recurrir a las viejas leyendas medievales de caballeros andantes guarecidos en tremendas secrecías y líneas religiosas al borde del fundamentalismo para denominar a su nuevo grupo. Un grupo sin piedad y con un muy salvaje y capitalista sentido de los negocios. Ahora se sabe que los Templarios no le piden nada a sus rivales e, incluso, podrían estar a la altura de los Zetas y el Chapo Guzmán quienes, ciertamente, deben estar agradecidos por restarles reflectores y distraer de sus actividades a la opinión pública, a las víctimas y a las autoridades. Incluso tienen ya una leyenda: Nazario Moreno, cruel y temido, cuyo fantasma recorre aquellos lares aún después de que el gobierno de Felipe Calderón, a través de su entonces Secretario de Gobernación, Alejandro Poiré, lo declarara muerto.

Cabe señalar que ésta es una conocida tradición mexicana, que los capos pasen al mundo de los walking dead desde los tiempos de Amado Carrillo “Señor de los Cielos”.

Como quiera que sea, después del lapso necesario para su incubación, los grupos de autodefensa y policías comunitarias de Michoacán comenzaron a desarrollarse en cada comunidad y luego se conformaron en un gran Consejo General con tres figuras fundamentales: El doctor Mireles, médico cirujano, Estanislao Beltrán, vocero, Hipólito Mora, avecindado en La Ruana, y a últimas fechas se ha escuchado lo voz dura del párroco de Apatzingán, Gregorio López, que daba misa enfundado en un chaleco antibalas.

La crisis michocana se exalta cuando el gobierno del perredista Leonel Godoy simplemente no puede resolver las exigencias de seguridad de la ciudadanía, más aún cuando a su medio hermano, Julio César Godoy Toscano, diputado federal por el PRD, se le vinculó con el narcotráfico.

Después de unas complejas elecciones en la entidad, se creó un ambiente nocivo que involucraba a Luisa María “Cocoa” Calderón Hinojosa, la hermana del entonces presidente, a quien “La Tuta” señaló en noviembre del año pasado en un video como la única candidata a la gobernatura de Michoacán, que se acercó a negociar con su grupo delictivo, a la maquinaria electoral priísta con Fausto Vallejo y al partido del Sol Azteca encabezado por Silvano Aureoles.

El triunfo de Vallejo no resolvió ningún problema; al contrario, entre la abulia, la incapacidad y la enfermedad, la violencia del narco y la resistencia de las autodefensas explotaba de manera exponencial –más aún cuando el gobierno estatal minimizaba el tema a niveles insospechados. Cosa que no mejoró cuando el gobernador se ausentó debido a su misteriosa enfermedad y su sustituto Jesús Reyna, a quien el mismo Dr. Mireles señaló el 30 de julio en Proceso, de tener nexos fuertes con Los Templarios, debido a que su esposa es hermana de la mujer de Servando Gómez, alias “La Tuta”, esto hizo más raro el ambiente. Cuando Vallejo retornó, lo único que hizo fue agravar las cosas: Las autodefensas tomaron la ofensiva y comenzaron a avanzar sobre ranchos, pueblos y ciudades en enfrentamientos con los Templarios.



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