Asuntos Internos: La otra violencia


Asuntos Internos: La otra violencia, por Gabriel Guerra Castellanos


POR Staff Rolling Stone México  



Asuntos Internos: La otra violencia, por Gabriel Guerra Castellanos

Estamos tan acostumbrados a las noticias macabras que todos los días nos inundan, que se nos olvida que existe más allá de la del narco otra violencia, que aunque menos espectacular es tal vez a la larga igual o más perniciosa: es la violencia política, esa que puede acabar con el tejido social de un país.

Por Gabriel Guerra Castellanos

Gabrielle_GiffordsEn Paquistán, un gobernador muere asesinado por su propio guardaespaldas, un fanático religioso molesto por las posturas moderadas de su jefe que se oponía a las leyes que castigan la blasfemia. En Estados Unidos, nada menos que Arizona donde tanto se agita contra los inmigrantes, una legisladora moderada, liberal y judía es baleada por un atacante cuyos motivos se desconocen, pero que encaja en el modelo de irritación y enojo con la vida de los neoconservadores. Más cerca de casa, en Guerrero, el representante del PRD ante el instituto electoral es prácticamente linchado por una veintena de agitadores, aparentemente priístas, y queda en estado de coma por la golpiza.

Tres incidentes aparentemente aislados que ilustran el grado de descomposición al que ha llegado el debate político alrededor del mundo, y la manera en que el discurso virulento que se usa para denostar y descalificar al contrincante puede llevar a actos de violencia muy reales, fatales para las personas afectadas y para las sociedades en que ocurren.

¿O no? Hay quienes dicen, con razón, que la violencia y la política existen desde los inicios de la humanidad. No hay crónicas de los Neanderthal ni de los Homo Sapiens, pero tenemos motivos para suponer que no resolvían sus diferencias mediante el dialogo y la negociación, sino apelando a la fuerza bruta. Si nos vamos a La Biblia, tenemos que la primera grilla la arma la serpiente, y el primer acto violento es el de Caín contra su hermano Abel, quien le había ganado en la ciertamente política competencia por el favor de Dios.

Así que no deberíamos preocuparnos, nos dicen. La violencia es parte de la vida, está con nosotros desde nuestros orígenes y no hay porqué asustarse de palabras fuertes, o de campañas sucias, o de prédicas incendiarias. Son sólo palabras, al fin y al cabo, y las palabras no lastiman.

¿O sí? La demagogia y el populismo son artículos de uso frecuente en la caja de herramientas de los políticos profesionales, y resulta muy fácil cruzar la línea invisible que separa la verborrea de la incitación a la violencia. La intolerancia aumenta cuando el discurso promueve las divisiones y ensalza las diferencias, cuando denigra al contrincante, cuando excluye al que piensa o se comporta diferente. Y eso, que en apariencia suena inofensivo, puede tener graves consecuencias en la vida real.

proyecto-ley-chile-matrimonio-gayEn el caso de México, pocos asuntos han despertado tantas pasiones recientemente como el de los derechos de los homosexuales a casarse, a adoptar, a gozar de trato igual ante la ley y la burocracia. Las expresiones de muchos en contra de esos derechos se forman parte del debate sano en todo país acerca de cuáles deben ser las normas de conducta que rijan la vida en sociedad, pero el problema radica en que no se han planteado como parte de una discusión seria, sino como una campaña de desacreditación e injuria, utilizando la denigración y la descalificación moral o personal, ya sea por convicción o cinismo.

Mal por supuesto que así sea, pero todavía peor cuando son figuras públicas, gobernantes, legisladores o ministros religiosos los que caen tan bajo, no sólo porque ellos deberían [jajaja] poner el ejemplo, sino porque tienen el poder para torcer la ley, para incitar a sus seguidores, o para utilizar recursos públicos para avanzar sus propias causas o creencias. Es emblemático el caso del piadoso gobernador de Jalisco, pero no es ni con mucho el único: el abuso del poder se da en todos los espacios de nuestra vida pública.

usa_today_day_in_picturesNo sólo es mala la discriminación directa o la ofensa al que es diferente, igualmente grave es la afirmación excesiva de las creencias propias cuando esta lleva a relegar o discriminar a los que profesan otras o no tienen religión. Alrededor del mundo hay casos dramáticos de persecución religiosa, desde la que sufren los tibetanos en China hasta la que aflige a cristianos en muchos países islámicos o a judíos en otras, muchas, partes. El prestigiado Pew Research Center lo ha documentado alrededor del globo: el 70% de la población mundial vive en países en los que existen restricciones serias a la libre práctica religiosa.

Hace 17 años Samuel Huntington planteó, en su “Choque de Civilizaciones”, que los grandes conflictos del futuro no serían ni ideológicos ni económicos, sino culturales, pero han resultado ser religiosos. Los ataques del 11 de septiembre del 2001 nos obligaron a repensar el mundo y los límites de las grandes potencias, que no estaban preparadas para los nuevos retos de un enemigo que ataca cobijado por su fanatismo, ya sea en Bagdad, Mumbai, Nueva York, Londres, Madrid o Moscú. Es así como la intolerancia religiosa muy fácilmente se convierte en violencia, muerte y terror…

BANNER continua-feb



comments powered by Disqus