Asuntos Internos: Poiré, decisión quirúrgica


Alejandro Poiré a la secretaría de Gobernación. 5 años, 5 secretarios y 2 accidentes fatales, por Raymundo Riva Palacio


POR Staff Rolling Stone México  



Alejandro Poiré a la secretaría de Gobernación. 5 años, 5 secretarios y 2 accidentes fatales, por Raymundo Riva Palacio

Por @Raymundo Riva Palacio

El presidente Felipe Calderón engañó con la verdad.Tras la muerte de José Francisco Blake, el cuarto secretario de Gobernación en su gobierno, jugó con cartas abiertas. Llevó a Los Pinos a dialogar con él a dos ex presidentes del PAN, Luis Felipe Bravo Mena y Germán Martínez. En ellos, se dejó trascender en la oficina presidencial sin atajar la versión, se encontraban dos de los aspirantes al cargo en Bucareli. Uno más era el eterno candidato, Roberto Gil, secretario particular de Calderón, quien en una ocasión anterior se quedó en la antesala de ser nombrado.

francisco-blake-moraEl despliegue mediático era engañoso, pero en la Presidencia dejaron correr todo. Detrás de los muros del palacio, la realidad que se mantenía herméticamente era muy distinta. Bravo Mena y Martínez sí fueron sondeados para ir al gabinete, pero no Gobernación, sino para Educación Pública, ante la realidad objetiva de que si bien el aún secretario Alonso Lujambio no está en peligro de muerte, lo delicado de sus enfermedades le auguran una larga recuperación y la imposibilidad objetiva para cumplir las funciones plenas del cargo.

Estimado por el Presidente, Gil tiene anticuerpos políticos regados en todo el sistema nervioso en Los Pinos. El joven y talentoso político de 34 años, ha tomado la ruta contraria que Calderón, desde que comenzó el sexenio, tenía trazada para su proyecto transexenal en la figura de Juan Camilo Mouriño, segundo secretario de Gobernación que como Blake, murió hace tres años en un accidente de aviación. En el grupo de Calderón que coordinaba Mouriño, nunca estuvo Gil, quien se vinculó a los enemigos políticos de quienes apostaban por ese proyecto.

Roberto GilGil, cuyo olfato político quedó a veces neutralizado por su ambición, alimentada por el hecho que el Presidente le había encomendado una parte importante de la política interna, con un diseño bicéfalo en cuyo otro extremo estaba Blake, no tuvo la visión amplia para poder ganar aliados y avanzar su carrera dentro de un equipo que venía operando estrechamente desde que Calderón fue secretario de Energía en el gobierno de Vicente Fox, quien lo despidió por haber lanzado su precandidatura presidencial sin autorización.

Ese equipo se fue con Calderón a la calle y aguantó el largo invierno en el que entraron. Pero ese mismo grupo se levantó con él y corrió de su mano hasta la Presidencia. Mouriño era el general de una pequeña legión en donde figuraban Ernesto Cordero y Alejandro Poiré. El primero, responsable de las políticas públicas en la campaña – el gran diseño original de gobierno que tenía en mente Calderón como Presidente electo y su secretario multiusos en casos de emergencia, como la crisis del virus A1H1–. El segundo, al que conocía Calderón desde que estudió la maestría de Economía en el ITAM, como el principal asesor político en Los Pinos.

Ernesto-Cordero1Entrar a ese grupo, que había librado las peores tormentas, no era fácil. Patricia Flores, que se convirtió en la segunda mujer más poderosa del calderonismo –la más poderosa es la esposa del Presidente, Margarita Zavala–, y por cuya oficina en la Presidencia pasaban todos los asuntos de importancia gubernamental se enfrentó a todos ellos y perdió. Gil, que llegó tiempo después a la Presidencia, no pudo ver esa realidad. Cuando buscó ser presidente del PAN, Flores fue su principal aliada, y se enfrentó con Gustavo Madero, apoyado por la señora Zavala. Perdió. Cuando comenzaron los prolegómenos de la sucesión presidencial, Gil se inclinó por Josefina Vázquez Mota, con quien trabajó en la Cámara de Diputados, en abierta confrontación con Cordero, el heredero de Mouriño. Gil cometió un error más que no le perdonaron: buscar a los priístas, el monstruo de mil cabezas contra el que lucha el calderonismo, para que lo acercaran al ex presidente Carlos Salinas de Gortari.

Gil estaba eliminado como posible aspirante al cargo de secretario de Gobernación. La única interrogante era cómo el Presidente iba a reaccionar tras diez días de perro en su vida política: el asesinato de un cercano, el alcalde de La Piedad, Michoacán, en vísperas de la elección para gobernador, la derrota de su hermana Luisa María en esa contienda en la cual había invertido enorme capital político, la muerte de Blake, los reveses del Tribunal Electoral a los métodos de selección de candidatos del PAN, que fueron revisados con él. Pero Calderón reaccionó como es, un animal político en el espíritu aristotélico de la palabra, frío, calculador y sin perder el rumbo de su objetivo y proyecto.

Desde el mismo viernes de la muerte de Blake, el nombre de Poiré surgió como la principal carta en el abanico de posibilidades. Habría tiempo para el luto y había que esperar el resultado de las elecciones en Michoacán. Pasados los funerales y el trago de la derrota, Poiré se encaminó días antes de que se anunciara su nombramiento, hacia Bucareli. La señal volvió a ser clara. Calderón recurría una vez más a sus más cercanos en momentos de crisis, para el reagrupamiento.

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