Billie Joe Armstrong: La entrevista Rolling Stone


“Pensé que todos entendían la broma, pero yo era el chiste” dice el cantante de Green Day, Billie Joe Armstrong


POR Staff Rolling Stone México  



"Pensé que todos entendían la broma, pero yo era el chiste" dice el cantante de Green Day, Billie Joe Armstrong

Por: David Fricke

“Esta es la unica entrevista en la que abordare estos temas”, dice el cantante mientras se tira en un sofa del estudio de Green Day, ubicado en la sección conocida como Jingletown, en Oakland. “No quiero ser el clásico tipo que se la pasa hablando sobre sus adicciones. No espero que alguien sienta lástima por mí. No deseo una orgía de conmiseración”.

Armstrong, el cantante, guitarrista e impetuoso compositor de Green Day comienza un segundo día de intensas conversaciones acerca de los últimos seis meses de su vida: El atroz derretimiento durante una presentación de la banda en el I Heart Radio Music Festival, celebrado en Las Vegas en septiembre; su temporada en un centro de rehabilitación a causa del alcoholismo y la adicción a medicamentos de prescripción; una gira cancelada y el desastroso efecto de las adicciones y cómo quedó reflejado en las ventas de los tres discos más recientes de Green Day, ¡Uno!, ¡Dos! y ¡Tré!; así como la severa prueba a la que sometió su amistad de toda la vida con el bajista Mike Dirnt y el baterista Tré Cool.

“No le he pasado revista a esto”, reconoce el guitarrista mientras come algunos trozos de un pan de dulce a la hora del almuerzo. La conversación está repleta de pausas meditabundas, como si siguiera buscando una solución a sus problemas. Asimismo, podemos detectar una saludable impaciencia en su voz cuando reflexiona sobre su predicamento, el efecto que ha tenido en su familia –su esposa, Adrienne, y sus hijos adolescentes, Joseph y Jakob– y su futuro inmediato. Green Day volvió a los escenarios en marzo, presentándose en arenas a lo largo y ancho de Norteamérica, para más tarde volar a Europa para tocar en estadios y festivales de verano.

“Luego de nuestra primera entrevista, pensé: ‘Hablamos tantas cosas acerca de las adicciones’”, dice Armstrong. “Pero soy mucho más grande que ese asunto de mierda. Fue un incidente, algo que ocurrió. El resto es historia. Tengo pendientes muchas cosas importantes. Hay familia a mi cargo. Estoy en un grupo. Poseo ideas locas. Así he sido y seguiré siendo por siempre. Estos puntos pueden eclipsar todo lo relativo a mi problema con las adicciones”.

Armstrong –que cumplió 41 años el 17 de febrero– aún luce y se retuerce en su asiento como el chico punk que alguna vez fue, o como el furioso y articulado canalla que podemos hallar detrás de los discos más grandiosos de Green Day: Dookie, de 1994, con el que alcanzaron la fama, y esa granada operística de 2004, American Idiot. Pero el Armstrong que hizo acto de aparición en Las Vegas el 21 de septiembre a fin de participar en el concierto denominado I Heart Radio –como parte de una ráfaga publicitaria y de giras internacionales para agilizar las ventas de sus nuevos discos– constituyó la viva encarnación de un desastre: ¿A quién se le ocurre tomar una combinación de pastillas para la ansiedad y el insomnio, además de su consabido amor por la bebida con tal de ahuyentarse un rato?

En los camerinos, antes de salir al escenario, “lo llevé a una esquina apartada”, recuerda Dirnt, “y le dije: ‘Amigo, tienes que abandonar esa salsa nociva. Y en cuanto salí al escenario, pensé: ‘Esto está a punto de desmoronarse’. Todo mundo sabe que somos un grupo muy amarrado. Pero él no podía siquiera tocar la guitarra”. En vez de ello, Armstrong destrozó su instrumento tras pronunciar una ofensa repleta de obscenidades contra el evento (patrocinado por Clear Channel) y el poco tiempo que les habían concedido para tocar. El 24 de septiembre, Armstrong se sometió a un programa de rehabilitación para pacientes externos, con duración de un mes.

“Todo este asunto podría remontarse a 21st Century Breakdown (de 2009)”, confiesa Armstrong. “En esa gira algunos de mis desmoronamientos fueron monstruosos”. Durante un concierto en Perú, en 2010, específicamente durante un discurso anti-tecnológico, Armstrong gritó: “Me urge que el cáncer mate a Steve Jobs”. Jobs murió un año más tarde. “Fue algo muy estúpido”, dice Armstrong, avergonzado. “Esa era la clase de mierda que estaba ocurriendo”.

Durante su rehabilitación, Armstrong mantuvo sólo un “contacto relativo” con Dirnt y Cool. “A él y a Adrienne les escribí unas cuantas cartas en las que les relataba mi estado de ánimo, en las que les hablaba de mis preocupaciones y de lo orgulloso que me sentía de él”, dice Dirnt, de 40 años de edad. Poco después, tal y como Armstrong contó durante esta entrevista, los dos camaradas –que han tocado música juntos desde que tenían 12 años– se encontraron sorpresivamente en Oakland, en una cafetería. “Billie se disculpó desde el fondo de su corazón”, dice Dirnt. “Sólo dos amigos sentados en una banca del parque. Espero encontrarme de nuevo con él en una banca de algún parque cuando seamos unos viejos; alimentaremos a los pájaros y platicaremos mucho”.

Armstrong describe su régimen de recuperación como “una meditación a través de la plegaria”, combinada con las reuniones y un sentido común en torno a los límites. “Estamos a punto de embarcarnos en una gira en la que haremos todo lo que está en nuestro poder a fin de que todo mundo se sienta saludable, a salvo y feliz”, dice. “Más tarde veremos qué otras cosas ocurren”. Ha comenzado a componer nuevos temas y menciona dos próximas piedras angulares para 2014: El décimo y veinteavo aniversario, respectivamente, de American Idiot y Dookie. “Tengo que ponerme a pensar en todo ello”, aclara riendo.

Al final de nuestra segunda sesión, le pregunto al guitarrista si no tendrá que ofrecer una disculpa más: A los fans de Green Day que vieron o leyeron acerca de su implosión en Las Vegas. “Los he defraudado”, responde sin rodeos. “Lo acontecido en Las Vegas, algunas personas quedaron encantadas, otras sintieron repulsión. Sé muy bien que no volveré a hacerlo. Es un costado de mi personalidad que los fans no tienen por qué conocer”. “Quiero que seamos capaces de dar buenos conciertos”, dice. “Quiero ser confiable. Y nuestro plan no es otra cosa que volvernos honestos”.




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