Bob Dylan: La entrevista Rolling Stone


Bob Dylan: La entrevista Rolling Stone, por Mikal Gilmore


POR Staff Rolling Stone México  



Bob Dylan: La entrevista Rolling Stone, por Mikal Gilmore

Por: Mikal Gilmore

“Intento explicar algo que no puede ser explicado”, dice Bob Dylan. “Ayúdame”. Es un día veraniego, falta aproximadamente una hora para que anochezca, y estamos sentados a la mesa de un patio sombreado, en la parte trasera de un restaurante en Santa Mónica.

A lo largo de los 15 años que han transcurrido desde el lanzamiento de Time Out of Mind, Dylan –ahora de 71 años– ha disfrutado del periodo creativo más longevo de toda su vida. Su nuevo álbum, Tempest, cuenta historias con algunas muertes al final, pero asimismo acerca de la falta de fe y la bien ganada (aunque arbitraria) gracia; y el culmen de todo ello es la canción épica, de 14 minutos de duración, acerca del Titanic, que mezcla hechos y fantasía, y que viene seguida de un tema místico y rebosante de amor acerca de su amigo John Lennon.

Al parecer, Dylan jamás podrá eclipsar el renombre de su explosión estilística y musical sesentera, que sin duda le convirtió en una de las fuerzas míticas de aquellos tiempos. Pero Dylan no siempre se sintió a gusto con su reputación. En 1966, tras una serie de controvertidas e impresionantes presentaciones, el héroe juvenil se alejó de todos a fin de reponerse de un accidente en motocicleta. Decidió marcharse a Woodstock. La música con la que regresó, a finales de los años sesenta ponía de manifiesto a un Dylan transformado. Pero en realidad, dice ahora, eso es lo que él era o, más bien, en lo que se estaba convirtiendo. Aquello que Bob Dylan realmente piensa que le ocurrió tras haber sobrevivido a su radical pináculo es algo mucho más transformativo de lo que él había osado revelar en el pasado.

Por momentos, yo mismo le restregué ciertas preguntas, pero él hizo lo mismo conmigo. La charla se extendió a lo largo de varios días, por teléfono o mediante respuestas escritas. Dylan no se ocultó, ni intentó ponerse a la defensiva durante el trayecto. Se abrió sin parpadeos, y sin pedir disculpas. Este es un Bob Dylan que sencillamente no conocías.

¿Te parece Tempest un evento tan importante como Time Out of Mind o Love and Theft?
Tempest ha sido como todos ellos: Canciones que se muestran y se agrupan. Sin embargo, no es el álbum que tenía en mente. Quería hacer otra cosa. Quería algo más religioso. Algo que requiriera mayor concentración que un disco como el que ahora he lanzado, en el que todo es posible y con el que más vale creer que existe una especie de coherencia.

Pero, aún así, podría colocarse entre tus trabajos más importantes, como Time Out of Mind, a pesar de que ahora se trata de una obra más extrovertida.
Bueno… Time Out of Mind marcó un comienzo: Empecé a hacer discos para un público ante el que debía tocar noche tras noche. Era gente muy diferente, con caminos existenciales realmente distintos, edades y ambientes diversos. Esta gente no tenía por qué escuchar canciones que yo había escrito 30 años antes por distintos motivos. Si debía continuar, lo que necesitaba era componer canciones nuevas, tal vez no discos enteros, pero sí temas que pudiera tocar en vivo. Las canciones de Time Out of Mind no están hechas para que la gente las escuche en casa. La mayoría de los temas funcionan, mientras que en el pasado los discos quizá fueron mejores, pero las canciones no funcionaban. Así que me quedaré con lo que comencé a hacer en Time Out of Mind, en lugar de volver a la dinámica de los años setenta u ochenta, cuando las canciones no funcionaban.

Ese álbum fue considerado un punto de inflexión, algo crucial. Y dio inicio a una racha ganadora. Todo constituye una obra que puede sostenerse por sí sola.
Eso espero. Y tendría que resonar con la gente. La cosa es que ahí están los viejos y los nuevos, y uno debe conectar con ambos. Lo viejo va de salida, lo nuevo hace su arribo, pero la línea divisoria no está definida. Lo nuevo se sobrepone mientras lo viejo afloja su agarre. Así ha sido y así será, por los siglos de los siglos. Para siempre. Tarde o temprano, antes incluso de que puedas darte cuenta, todo se torna novedoso. ¿Y qué pasó con lo viejo? Es como el truco de un mago, sin embargo, debes mantener la conexión.
Es como cuando escuchamos hablar de los años sesenta. Si estuviste ahí, tú sabes que la primera mitad de la década, quizá hasta 1964 ó 1965, no fue sino una continuación de los años cincuenta, de la mitad de la década de 1950. La cultura era la misma, al menos en Estados Unidos. Y seguía impactándolo todo, aunque su fuerza comenzaba a menguar. Alrededor del 1966, “los sesenta” anunciaron su llegada y hacia finales de la década se habían adueñado de todo. Más tarde, con Woodstock, los años cincuenta ya no existían. Yo no me sentía parte de lo que los demás llamaban Los Sesentas.

¿A pesar de que todo mundo te identifica con ese momento?
Evidentemente pensaron eso de mí, y lo siguen pensando. Estuve presente durante esa era, pero no me sentía identificado con lo que estaba ocurriendo. Para mí no tenía un gran significado. Yo ya era un hombre de familia. Por ejemplo, ni Timothy Leary ni su gente hubieran podido aguantar un sólo segundo años antes. Claro que la guerra en Vietnam no ayudó a nadie.


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