Campus RS Noviembre 2017


Un espacio para la difusión de ideas universitarias.


POR Staff Rolling Stone México  



Aquí no hay ‘rockstars’

Proyecto editorial reconocido en la Semana I del reto Rolling Stone en el Tec de Monterrey, CEM

Por Moy Pérez, Cuauhtémoc Juárez y Adrián Valdespino

Oscuridad total, un terremoto golpeó a México. Indra Alexander, de 20 años, batalló contra decenas de cajas que bloqueaban la salida del segundo piso del almacén. Se enteró que cien- tos de edificios de la Ciudad de México presentaron derrumbes, incluyendo los Estudios Churubusco, donde trabajaba. Regresó a su departamento en la Narvarte para darse cuenta que su única opción era tomar su bicicleta y salir a ayudar. No se imaginó en su casa viendo TV.“Noson vacaciones”, pensó.

Siguió a un grupo de bikers al Jardín Pushkin con sus canastillas llenas de comida y agua para damnificados y brigadistas. Detenerse a recibir una limpia chamánica lo separó de los demás. Sin rumbo y sin misión, llegó a la Fuente de la Cibeles, donde encontró una comunidad de ciclistas más organizada y un centro de acopio en construcción.

Aunque ya había sido voluntario en festivales, desde el primer día que puso un pie en la Cibeles se dio cuenta que esto sería “otro desmadre”. Los restaurantes regalaban comida. En el centro de acopio se recibían víveres, medicamento, herramientas y voluntarios. Los ciclistas se encargaban de sortear la jungla de concreto para llevar lo necesario a las zonas de silencio y a otros centros de acopio. “La banda se está rompiendo la espalda”, pensó. Parque de los Venados–Parque México, Colonia Narvarte–Colonia Obrera y Salamanca–Álvaro Obregón eran las rutas más frecuentes de Alex, nombre escrito con tinta indeleble en una cinta industrial pegada en su chaleco de seguridad. Su ímpetu solidario creció con cada rodada, pero la llanta trasera de su bicicleta se desgastó hasta que los parches no fueron suficientes. Sin ruedas, decidió apoyar en el centro de acopio de la Cibeles. Como artista visual, nunca tuvo interés en la carpintería, construcción o electricidad; habilidades que resultaron necesarias en el área de herramientas.

CBGB, la boutique de lujo

Por Jorge Bañuelos

El 315 de la calle Bowery en La Gran Manzana será siempre recordado por albergar, por más de 25 años, las noches más frenéticas, rebeldes, ruidosas, apretadas y sudorosas en la historia del punk neoyorquino. Aunque jamás se jactó de ser un lugar decente e higiénico; el CBGB aseguraba que vivirías veladas memorables si la música en vivo era lo tuyo, eso si no morías sofocado. Con un penetrante olor a cigarro, cerveza y pasión, como lo describen los antiguos clientes; el Country, bluegrass and blues fue un bar, pasillo y espacio para conciertos icónico para la escena musical underground en las décadas de los setenta, ochenta y noventa. Pero ¿cómo un lugar mal oliente, sucio, apretado y bullicioso puede ser considerado una meca de la historia del punk y el rock & roll underground? Bastaba repetir tres acordes una infinidad de veces durante 50 minutos para que los Ramones hiciera vibrar y sudar a cuanta gente pudiera apretujarse y empujarse frente a la tarima. Patti Smith, The Talking Heads, Blondie, Television, The Police y hasta The Misfits son algunos otros de los talentos que probaron las mieles del glorioso escenario invadido de gente dentro del CBGB; escenario que, a pesar de carecer de cualquier lujo o ingeniería en audio, derramaba litros y litros de apasionado sudor entre los fanáticos durante las estruendosas “misas” que se ofrecían de noche.

La música y la moda siempre han ido de la mano, cada generación ha sido influenciada por la forma de vestir de sus bandas favoritas y el punk no fue la excepción. Chamarra de cuero, jeans ajustados, tatuajes, aretes y mohawks son algunas de las tendencias que marcaron al punk, siempre careciendo de lujo alguno, al menos en sus inicios; pues hoy en día lo que alguna vez fue CBGB, es desde hace casi 10 años, una boutique de lujo. John Varvatos es lo que se lee en la lona que en sus mejores épocas dibujara las siglas del Country, bluegrass and blues; y es que el CBGB pasó de las manos de Hilly Kristal, a las del diseñador de modas John Varvatos. Influenciado por su obsesión con bandas y músicos como The Rolling Stones, The Who, Grateful Dead y Hendrix, entre otros; Varvatos es hoy en día un ícono de la moda que basa el diseño de sus prendas en el estilo que el rock & roll y sus derivados han manejado a lo largo del tiempo. El espacio que durante cientos de noches de tocadas pareció insuficiente para contener tantas almas, se convirtió en una espaciosa, limpia y lujosa boutique que demuestra mucha clase y trata de mantener la vibra del lugar. Aunado a las prendas de la firma, la boutique ofrece un espacio de compra/venta de vinyles clásicos e incluso mantiene enmarcada una pared original llena de pósters, fotografías, recortes y folletos del CBGB para la ambientación y apreciación de la clientela. Muchos pensarán que no es la mejor forma de continuar con la historia de lo que alguna vez fue la meca del punk, otros preferirán que sea una boutique de Varvatos a algún banco u otro negocio, cada quién tendrá su opinión; lo cierto es que, a pesar de intentar preservar la esencia, el lugar ya no huele a lo mismo.



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