Contra los monstruos


Con una historia de más de 30 años, Maná será honrada como Persona del Año 2018 de la Academia Latina de la Grabación, pero ellos siguen aquí no por la saciedad de los elogios, sino para cambiar al mundo, al menos así lo creen.


POR Juan Carlos Villanueva  



Foto: cortesía de Maná/Bernardo Flores

En 1987, años después de comenzar su carrera bajo el nombre de Sombrero Verde a principios de los años ochenta, Maná emprendió un periplo por las geografías más sinuosas y turbulentas del rock y el pop con su disco homónimo, “un disco que no retrata para nada al grupo, repleto de fallas de producción, que no lo consideraría como el mejor inicio”, advierte Alex González, baterista del grupo, “pero que toda historia comienza y sucede por algo”.

Ese “algo” se tradujo en una carrera fértil de más de 40 millones de álbumes vendidos en más de 40 países entre los nueve títulos de su discografía. Un puñado de colaboraciones con músicos de alto calibre como Carlos Santana, Juan Luis Guerra, Rubén Blades y Zucchero, entre otros; incluso, un flirteo de políticos entusiastas por tomarse la foto con ellos, como Barack Obama en 2012. “Si un expresidente de Estados Unidos te invita a tocar a la Casa Blanca significa que moviste la conciencia de la comunidad latina en el país vecino. Obama nos pidió que apoyáramos su reelección y estuvimos en Las Vegas con él. Fue la mejor manera para hablar con el exmandatario sobre una política migratoria”, interviene Fher Olvera, cantante del grupo, y es que si algo ha destacado la carrera del grupo tapatío, más allá de canciones que atienden la cachondería, el desenfado y el “pumpin, pumpin de tu corazón”, es un compromiso social y ambiental que, desde la trinchera de su fundación Selva Negra, se mantienen combatientes, sensibles y conscientes.

De esta manera, la Academia Latina de la Grabación anunció que Maná, ganadora de seis premios Latin Grammy y cuatro Grammy, será honrada como Persona del Año 2018 de la Academia Latina de la Grabación por sus logros creativos y contribuciones filantrópicas a la comunidad latina, así como por su apoyo constante y dedicado a la preservación y protección del medio ambiente y de los derechos humanos. Será la primera vez que una banda reciba el reconocimiento de Persona del Año.

Entrevisté a Maná por primera vez en 2006 en Guadalajara, cuando editaron Amar es combatir. Las conversaciones con ellos siempre mantienen un diálogo íntimo sobre rock & roll, la justicia social y el arte como transformador de conciencias. Fher Olvera sigue siendo ese guía espiritual, entusiasta y buen narrador de historias –como aquella en la que un fanático acosador hizo un plantón fuera de su casa porque pensaba que era el Mesías y venía a mover la Quinta Ola–; Alex González es la disciplina y dirección, Sergio Vallín (guitarras) es un estudioso de su instrumento que abrirá este año una academia de música en Aguascalientes, y Juan Calleros siempre se presenta como esa figura enigmática y sigilosa que contempla el ir y venir de una banda genuina, que no se hunde ante la crítica, sino que crece ante la misma. Son tipos cálidos y reflexivos, no sólo con ellos se pueden escuchar historias de acostones, noches de juerga y excesos de la vida de un pop star. Maná conserva el hambre por seguir componiendo, pero también comprometiéndose e involucrándose en causas globales.

¿Cuál creen que ha sido la mayor contribución de Maná musical y socialmente?

Sergio: Creo que Maná tiene una peculiaridad muy interesante que consiste en ser una banda muy ecléctica musicalmente. Hay personas que les encanta “Mariposa traicionera” y a otras “Clavado en un bar” o “La prisión”. Y en ese sentido, nunca nos hemos limitado. Tratamos de expresar lo que sentimos en el momento.

Fher: Maná ha tenido un compromiso social desde siempre. En nuestro segundo disco Falta amor, la canción homónima la cantó Alex Lora y hablaba de los niños que pululan en la calle. Y luego vino el disco ¿Dónde jugarán los niños?, donde hay una canción que se llama “El desierto”. Es decir, desde 1993 estamos hablando sobre la cuestión migratoria. Después vino Cuando los ángeles lloran, donde el tema principal fue hecho para Chico Mendes, el activista ambiental que fue asesinado en Brasil. En el disco Sueños líquidos, la canción “Me voy a convertir en un ave” habla sobre derechos humanos. Fue un libro llamado Pedro y el capitán, de Mario Benedetti, que me inspiró para hablar sobre los prisioneros y el fascismo que hubo en Sudamérica.

Alex: Tenemos una canción que escribió Fher que habla sobre los migrantes, se llama “Pobre Juan”. Por ejemplo, el disco Revolución de amor tuvo mucha relación con el movimiento zapatista en Chiapas, sobre todo por “Tierra y libertad”, en la que Carlos Santana toca la guitarra. Yo creo que la banda siempre ha tenido un balance muy preciso de tocar temas sociales.



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