Daños colaterales y nuevos inicios


Todos tenemos derecho a una segunda oportunidad, siempre y cuando no afecte a un tercero. Michel Franco examina dicha circunstancia en la inquietante cinta ‘Las hijas de Abril’.


POR Óscar Uriel  



Michel Franco se describe a si mismo como uno de los pocos realizadores en México que tiene control total de sus películas. Es un director que filma en orden cronológico y que provee a sus actores de un tiempo conveniente para prepararse en sus respectivos roles antes de iniciar rodaje. Privilegios difíciles de encontrar en los complicados planes de trabajo dentro del quehacer cinematográfico nacional. Sin embargo, Michel ha construido a paso firme su propio esquema de producción, que le ha redituado una carrera prolífica.

“Me dan muchísimos nervios porque como director siempre quieres hacer una cinta que guste a la gente, que sea bien aceptada. Después de años de labor no quieres que tu trabajo sea maltratado. Yo no voy a los festivales a ganar premios, voy a que mi película sea vista. En esta ocasión voy muy contento y orgulloso”, me cuenta el director mientras disfrutamos un café matutino.

Franco describe a Las hijas de Abril como su cinta más comercial hasta el momento, una historia aparentemente sencilla pero cargada del dramatismo y urgencia que caracteriza sus obras. Es el relato de Valeria, una adolescente embarazada quien vive con su hermana en Puerto Vallarta. Pronto, la llegada de la madre de ambas cambiará sus vidas radicalmente.



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