Una larga metamorfosis


La camaleónica influencia del hombre que cayó a la Tierra, está de vuelta una década después.


POR Staff Rolling Stone México  



La camaleónica influencia del hombre que cayó a la Tierra, está de vuelta una década después.

David Bowie ha hecho todo: cantante, guitarrista y compositor; encabezó el movimiento glitter y creó un personaje extraterrestre; pavimentó el camino del movimiento new romantics y revolucionó el concepto escénico del rock; fue mimo, actor de cine y teatro; sobre¬vivió a un infarto y, a los 66 años, presenta ‘The Next Day’, su nueva obra

Por Jorge R. Soto

David Bowie ha sido una figura controversial –sobre todo en los inicios de su carrera– por su impactante presencia andrógina y vestuario femenino. Sus detractores le llamaron “degenerado”, aunque algunos críticos lo alaban como una de las estrellas vanguardistas más importantes de la última mitad del siglo XX. Sus obras, en el terreno musical y lírico, son de una originalidad que ha sido comparada con la de Bob Dylan y The Beatles, pues presentan un panorama reflexivo de las complejidades de la vida moderna. Desde que empezó a ganar notoriedad en su natal Inglaterra a finales de los sesenta, para la crítica especializada no ha sido fácil ubicar a Bowie dentro de un casillero del espectro musical. Su apariencia cambiante, ambigüedad sexual y estilo musical diverso, le han ganado el mote de “camaleón”.

CONSTRUYENDO UNA LEYENDA

Como ocurrió con otros músicos ingleses de su generación, el pequeño David quedó impactado por artistas de rock and roll, como Little Richard, Elvis Presley, Fats Domino y Chuck Berry, entre otros. En su adolescencia, aprendió a tocar la guitarra y el saxofón, y empezó a escribir material original. Thomas Alva Edison afirmó alguna vez: “El genio es uno por ciento inspiración y 99 de transpiración”. Esta frase parece aplicarse al joven aspirante a músico quien sudó y se esforzó buscando su propia identidad musical, durante los primeros años sesenta, participando en las bandas Konrads, King Bees y Lower Third –las abandonó por no llenar sus expectativas artísticas.

David Bowie es sinónimo de transformación, búsqueda de nuevas formas de expresión y empezó a construir su leyenda en 1967, cuando editó su álbum debut que recibió buenas críticas, pero pasó sin pena ni gloria por los estantes de las tiendas de discos. Tal vez por ello se concentró en el estudio del budismo y se involucró, asimismo, en el estudio de diferentes filósofos, entre los que destaca Nietzsche que, con su afirmación “Dios está muerto”, influyó al músico británico para escribir frases como aquella del corte “Seven”: “Los dioses olvidaron que me crearon/Yo también los olvidé/Bailo entre sus sombras/Juego entre sus tumbas”.

En esa misma época, intentando ampliar sus horizontes, Bowie se convirtió en alumno del actor, bailarín y coreógrafo británico Lindsay Kemp, con quien se sumergirá en el mundo del teatro avant garde y la mímica, disciplinas que cobrarían importancia en sus deslumbrantes puestas en escena, y en la creación y desarrollo de sus diversas personalidades artísticas.

El debut teatral de Bowie sucedió en un frío 28 de diciembre de 1967, en el Oxford New Theater, con la obra Pierrot in Turquoise or the Looking Glass Murders, original de Kemp en donde no sólo interpretó a uno de los personajes principales, sino que compuso canciones que servirían de marco para esta trágica historia en la que Pierrot asesina a Columbine, el amor de su vida, por haberse inclinado por Arlequín, su rival.

El año de 1969 fue de contrastes: Se celebró el mítico Festival de Woodstock, llevando la era hippie a su punto más alto. Meses después, el concierto realizado por The Rolling Stones en Altamont, California, revelaría el lado oscuro de ese movimiento. The Beatles realizarían su última presentación pública en el techo de su compañía Apple. Una nueva época estaba gestándose y era necesaria una presencia que desafiara los cánones anteriores; David Bowie fue el heraldo de esta metamorfosis, aportando “Space Oddity”, una composición que se dio a conocer coincidiendo con la llegada del hombre a la luna y con la que obtiene el premio Ivor Novello por su originalidad. Este es el punto de inflexión en que, de la fértil imaginación de Bowie, empezaron a surgir los personajes que él mismo habitó para presentarlos al mundo. Tal es el caso de Mayor Tom, un astronauta que se niega a regresar a la Tierra.



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