De Deadmau5 a estrella del house


De Deadmau5 a estrella del house


POR Staff Rolling Stone México  



De Deadmau5 a estrella del house

Presentamos al sujeto que sale con una modelo de Playboy, vive en un penthouse y usa cascos de alta tecnología: el nuevo rey del rave.

Por Jonah Weiner

6a4fc70bdd15cebc3c6c2757cf6a8b47Joel zimmerman, mejor conocido como el productor de música electrónica Deadmau5, vive en un adornado penthouse de 1.5 millones de dólares. Su lugar favorito es una habitación cerca de la entrada, un cuarto de iluminación muy tenue. No tiene ventanas, sólo tres brillantes y enormes pantallas –dos pantallas de PC y una televisión empotrada en un rinconcito sobre ellas–. Las paredes no tienen ninguna decoración, pero están tapizadas con equipos distintos: sintetizadores Prophet, Moogs, teclados MIDI, cajas de efectos, controles remoto, un Speak & Spell conectado y un mueble de metro y medio lleno de sintetizadores modulares difíciles de conseguir, que le costaron alrededor de 70 mil dólares.

Entre más ves el lugar donde vive Zimmerman, más te das cuenta de que se la pasa encerrado: una mesa minimalista llena de bolsas de papitas y latas de refresco vacías, la lujosa sala a desnivel llena de consolas de videojuegos. Al final de una escalera en espiral está su habitación –donde duerme en una cama ortopédica– misma que da a un gran patio. “Sería un lugar genial para hacer una carne asada”, comenta, “si tuviera amigos”.

main_image_2078Zimmerman no está bromeando. Nunca está en casa –o eso dice, porque no es lo suficientemente sociable– para tener amigos en Toronto, a menos de que contemos a su gato, que rescató y llamó Professor Meowingtons. Entre los músicos de dance, Deadmau5 es un fenómeno que no habíamos visto desde la música electrónica de los años noventa, con el impacto de Daft Punk y Chemical Brothers. Gana 100 mil dólares por show, y dice que recaudó “al menos 2 millones de dólares” en entradas en 2010. La cifra ni siquiera incluye las ganancias obtenidas del merchandising, toda alrededor de su sello distintivo: el logo de un ratón de sonrisa demente, que usa en forma de casco cuando se presenta en vivo.

En un momento en que la música house está por el suelo, convirtiéndose en la cola del pop como sucede con Lady Gaga, Usher o Black Eyed Peas, Zimmerman ha logrado abrirse espacio entre el Top 100 y las audiencias de los antros, combinando los beats bailables de discoteca con lo ostentoso de un show a lo Lady Gaga. “Soy el Gene Simmons de la música electrónica”, afirma. El año pasado fue el estelar en el escenario dance de Coachella, convirtiéndose en el primer intérprete electrónico en agotar las 17,500 entradas del Earl Court en Londres; rockeó Ibiza y tuvo un trabajo importantísimo como el DJ de los MTV Video Music Awards.

Los conciertos de Deadmau5 son magnos eventos. No sólo verás el casco de ratón, sino también una enorme torre de luz, cuyo centro es un cubo que destella y parpadea al ritmo de la música, con Zimmerman dentro de él. Los fans de Deadmau5 son una mezcla multi(sub)cultural que aparece con sus propias cabezas de ratón hechas en casa: recuerdan incluso a los fans de Star Trek. Zimmerman ama su culto. Amén de los cascos, no quiere convertirse en un facilitador de fiesta anónimo. Quiere ser un rockstar. “La primera vez que toqué usando la cabeza de ratón, me di cuenta de que la gente no estaba bailando”, recuerda. “Estaban ahí, mirándome. Eso me gustó”.

MG_0473En una noche de enero, Zimmerman está en el estudio, trabajando en una nueva canción, mientras fuma un cigarro tras otro y toma uno y otro refresco. Delgado y pálido, cual víctima de hambruna, mantiene el look (y el mal humor salpicado de sarcasmo) de lo que podríamos llamar un nerd rudo: tiene muchos tatuajes, incluyendo un alien de los Space Invaders en el cuello y cuatro corazones pixelados –como aquellos en el medidor de vidas del clásico Legend of Zelda– grabados en el antebrazo izquierdo.

Fue por medio de un ingeniero de audio que conoció y se volvió amigo del baterista de Mötley Crüe, Tommy Lee, con quien se ve en Los Ángeles para compartir su amor por el equipo de audio, pidiendo al músico que lo oriente. “Cualquier cosa que me pase, a él ya le ha pasado cien veces”, dice Zimmerman. Su novia, Lindsey Gayle Evans, fue la modelo del número de octubre 2009 para Playboy. Se le acercó tras los premios MTV para confesar que era su fan y sintieron una conexión inmediata al ver que los dos disfrutaban del humor de Internet, mientras hablaban haciendo referencia a videos virales, como si de sonetos shakespeareanos de amor se tratara.

Un largo y siniestro riff berrea en los monitores. Para Deadmau5, salir con una melodía es sólo el principio. Se vuelve esclavo de las ondas, las remienda y modifica con filtros, interruptores y botones hasta que está satisfecho con el sonido. “Construir arreglos de la nada es lo que te hace único”, afirma. “La música dance se quedó atascada en ondas que cualquier chico puede hacer comprando un programa –o pirateándolo– y usando las plantillas que vienen ahí”.

20100427095050-Deadmau5-4Mientras la melodía se repite, Zimmerman, que viste una ajustada playera de Moog, jeans flojos y gruesas calcetas blancas de deportes, agrega un arpeggio chirriante y otros efectos de distorsión, hasta que el riff cobra una furia contundente. Como cualquier maestro de la música electrónica que se respete, Zimmerman es un artífice de la negación y la satisfacción: su show es una serie de fina manufactura, que incluye subidas engañosas, crescendos orgiásticos y repentinas caídas. Cuando compone una rola, comienza con lo que más vale la pena para entonces trabajarlo hacia abajo. “Me gusta ponerme tan ruidoso e intenso como se pueda, para después ir arrancándole pedacitos”, cuenta. Ésta ha sido la estrategia de Deadmau5 durante sus primeros tres álbumes, en los que el chapoteo fiestero de los amplificadores y los ritmos a cuatro tiempos de dinámico beat le deben tanto al rock duro como al house y al electro. Pero este cuarto álbum –su “álbum de artista”, como él lo llama, que estará completo para esta primavera– quiere cambiar un poco las cosas. “Éste será un álbum de principio a fin”, afirma. “Con canciones de verdad, diferente a toda esa onda de antro”. Quiere ser reconocido por algo más que sólo deleitar a gente “entachada”: “Incluso planeo cantar”.

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