Del ‘Catecismo de los rudos’ al ‘eBook’


Del ‘Catecismo de los ruidos’ al ‘eBook’. Por Javier Aranda Luna


POR Staff Rolling Stone México  



Del 'Catecismo de los ruidos' al 'eBook'. Por Javier Aranda Luna

Por Javier Aranda Luna
Ilustración de Édgar Gómez A.

Nos seguimos acercando a la ciencia y a la tecnología con un pensamiento mágico. Y tal vez por ello, Marshall McLuhan tenía razón: “El medio es el mensaje”. Pero no porque lo sea precisamente, sino porque la mayoría pensamos que lo es aunque las evidencias digan lo contrario.

El triunfo de Obama fue atribuido, en buena parte, al adecuado uso que dio su equipo a las redes sociales. Las revueltas en África entusiasmaron a no pocos activistas que vieron en la plataforma digital el más efectivo instrumento para derrocar regímenes totalitarios.

Lo que olvidamos es que son las sociedades las que, con herramientas digitales o sin ellas, generan los cambios. Los activistas egipcios que sorprendieron al mundo son jóvenes sindicalistas que sin su preparación ideológica no habrían usado la tecnología como lo hicieron.

Gracias al mimeógrafo, los jóvenes estudiantes de 1968, en varias partes del mundo, multiplicaron sus voces de protesta. Desdeñaron la radio, o no tuvieron la visión para darse cuenta que ese medio podría potenciar sus demandas, pero la rudimentaria impresión mimeográfica sirvió a sus fines.

Lo que en realidad fue determinante en los movimientos estudiantiles de ese año en Praga, París o México, no fueron los medios sino el ánimo de los jóvenes para tomar las calles y exigir sus derechos. La tecnología en sí misma no nos hace libres ni mejores. La imprenta de Gutenberg asestó un duro golpe a la Iglesia Católica al publicar La Biblia, pues el alto clero era renuente a ello.

Pero el golpe no provino automáticamente de la impresión de los Evangelios, sino de la lucha emprendida por Martín Lutero contra los abusos del Vaticano. El monje agustino peleó contra la venta de indulgencias, pero también por el derecho a leer el libro fundamental del cristianismo. Más aún, Lutero fue el primer traductor de La Biblia a un idioma moderno.

Esa traducción fue la que imprimió Gutemberg. Desde entonces la patria del pueblo protestante ha sido ese libro, que es muchos libros y sus fieles han sido desde la Reforma Protestante los lectores más asiduos.

Yolanda Cruz ha recordado recientemente que la práctica de la lectura entre las comunidades protestante y católica tiene más de dos siglos y medio de diferencia. Los primeros comenzaron a leer con avidez en el siglo XVI y los segundos sólo a partir de la Revolución Francesa.

No es casual que la industria editorial haya florecido en los países protestantes. Tampoco que allí nacieran el eBook, el Facebook, el Twitter y el email. Sólo los lectores pueden idear nuevos instrumentos de lectura.

Es verdad que vivimos en la época en la que más se ha leído y más se ha escrito en la historia, gracias a las nuevas tecnologías digitales.

Pero también es cierto que vivimos en los años en que se han cerrado más librerías en todo el mundo y en la que no existe un libro en la cuarta parte de los hogares mexicanos.

Tan poco trato tenemos con los libros y sus derivados tecnológicos, que nos siguen pareciendo objetos mágicos. Pareciera que pasamos del Catecismo de los rudos –aquellas cartillas burdas llenas de imágenes con las que se catequizó a los indios mesoamericanos y en las que abundaban corazones sangrantes, rostros con espinas, Cristos rotos más que textos– a la era digital. Y es un salto, claro, sin pasar por la lectura de los libros.

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