Lady Gaga: Diosa de los Monstruos


Unicornios, sueños sexuales y la revolución ‘Freak’: en las profundidades del mundo irreal de Lady Gaga


POR Staff Rolling Stone México  



Unicornios, sueños sexuales y la revolución ‘Freak’: en las profundidades del mundo irreal de Lady Gaga

Unicornios, sueños sexuales y la revolución ‘Freak’: en las profundidades del mundo irreal de Lady Gaga

Por Brian Hiatt

En un cuarto de controles de un oscuro estudio sin ventilación en el tercer piso de un edificio en el centro de Manhattan, Lady Gaga abraza a un unicornio de juguete y habla sobre Rocky IV.

Lady+Gaga+img096Está a ocho horas de terminar de grabar los vocales para su tercer disco, Born This Way, [que ya está a la venta]. Pero con la fecha de entrega acercándose (“pronto” es todo lo que dice sobre el corte final), incluso en la tenue luz del monitor, mientras bebe Coca Zero con un popote flexible, ella está resplandeciente en su Gagaísmo: trae sus extensiones de cabello rubio en dos colas de caballo que suben como el cuerno de su unicornio; su fleco es un negro contrastante; su maquillaje de ojos de gato se extiende dramáticamente más allá de los costados de sus ojos. Trae puestas unas mallas con una rajada en el muslo izquierdo, un top, botas hasta las rodillas y una enorme chamarra de mezclilla con el diseño de cruz y corazón de su sencillo, “Judas”, pintado –regalo de un fan–.

“Cuando estoy triste, pienso en pequeños monstruos y hago así”, Gaga hace un sonido arrullador y enciende el cuerno del unicornio. “¡Lucha, pequeño pony, lucha!”. Sus fanáticos se hacen llamar “little monsters”; en las muchas cartas que le pasan al escenario, le llaman Mamá Monstruo. En tres años de fama, Gaga ha amasado 34 millones de amigos en Facebook y mil millones de vistas en YouTube; hay adolescentes en China que, para expresar sorpresa, dicen “Oh, mi Lady Gaga”. Ha recreado el pop a su imagen, al decirle a los chicos que es genial ser gay, o raro, o poco popular, porque así nacieron. Gaga puede tomar mucho de la música y la iconografía de sus héroes, pero su influencia sobre sus semejantes es aún más obvia: Miley Cyrus y Christina Aguilera prácticamente destruyeron sus carreras para copiarla; Rihanna y Katy Perry están cada vez más raras (basta con ver el video de Perry de “E.T.”); Ke$ha tiene permiso de ser famosa.

Y ni hablar de los ya inescapables ritmos bailables que Gaga reintrodujo a las estaciones de radio de música pop –un sonido que hoy trata de reinventar–. “¡Hay que escapar a las fórmulas!”, dice Gaga, que ha infundido su nuevo álbum con rock de antaño. “Si pudiera meter esos coros en la pista de baile, sería para mí el mayor logro del álbum”.

hair_y_marry_the_night_de_lady_gagaPero Gaga sigue sintiendo que juega con desventaja, por lo que ha estado viendo las películas de Rocky. Rocky es, en muchos sentidos, como Gaga, sin el vestido de carne, el huevo gigante y la docena de éxitos: pequeña, luchadora ítaloamericana, siempre en competencia con los especímenes físicos más infalibles. Anoche vio la cuarta película por primera vez, y lloró cuando Rocky le ganó al maligno soviético Ivan Drago. “Mi parte favorita”, dice Gaga con un embelesado entusiasmo, “es cuando el ex entrenador de Apollo le dice a Rocky: ‘No es una máquina. Es un hombre. Córtalo, y cuando sienta su propia sangre, te va a temer’” (ella se sacó de la manga al menos la mitad de esta cita, pero, en fin).

“Puede sonar como una locura, pero yo pensaba en la máquina de la industria musical”, continúa. “Empecé a pensar en cómo puedo hacer sangrar a la industria musical para recordarle que es humana y no un máquina. Me repetía a mí misma hoy, ‘Sin dolor, sin dolor, no siento nada’”. Da unos golpes al aire. “Gancho izquierdo, gancho derecho. He pasado por cosas mucho peores en mi vida antes de convertirme en cantante, que no siento volver a sentir dolor en el viaje de lucha hasta la cima”. Hace una pausa y cita a AC/DC: “‘Es un largo camino a la cima si quieres rock & roll’. ¡Lo es! Pero al final del día, todo tiene un corazón, y a veces lo olvidamos”.

Ella estruja su unicornio –al que llamó Gagacorn–, haciendo que se vuelva a iluminar. “Sólo los hombres le pondrían un símbolo fálico a una criatura mítica que rejuvenece la alegría de las niñas”, dice. Gaga cumplió 25 años en marzo, pero a veces parece mucho mayor o menor. Cuando trabaja, es el adulto más serio del lugar, sin duda un Monstruo Jefe. Pero en momentos de descuido, parece haberse quedado felizmente en la edad de 19, la edad en la que dejó la vida normal, se salió de NYU para volverse una superestrella: “No puedo esperar a que salga mi disco para que podamos embriagarnos e ir por él”, dice.

lady_gaga_2011Empieza a cavilar sobre cómo conoció a muchas princesas de Disney cuando estuvo en Orlando durante una gira. “Tuve una reacción de fan visceral cuando las vi, muy similar a cuando vi a Kiss por primera vez”, dice, riendo (algunos de los momentos retro R&B-pop de Born This Way fueron inspirados por la versión de “Then She Kissed Me” de Kiss, de 1977). “Para mí, una princesa Disney tiene la misma calidad emocional que una leyenda del rock. Lo más mágico sobre una banda como Kiss o alguien como Elton John es su sentimiento de ser de otro mundo. Cuando conocí a Kiss, podían haber salido flotando del suelo y no me hubiera sorprendido. En un concierto de Kiss, Paul Stanley vuela encima del público, y es extrañamente normal. Te hace pensar, ‘por supuesto’. Yo quiero hacer eso. Pero no quiero que sea en un momento de escenario. Yo necesito recrearlo en una situación cotidiana. Necesito estar en el supermercado y atravesarlo volando. ¡Eso tiene que pasar! Me encanta lo teatral –¿qué esperas de mí?–”.

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