El arte no es entretenimiento


Salman Rushdie vino a México por segunda ocasión. Visitó la ciudad de Xalapa, Veracruz, como parte del Hay Festival, uno de los encuentros literarios más destacados en el mundo.


POR Staff Rolling Stone México  



Salman Rushdie vino a México por segunda ocasión. Visitó la ciudad de Xalapa, Veracruz, como parte del Hay Festival, uno de los encuentros literarios más destacados en el mundo.

Por Alicia Quiñones

Salman Rushdie es adicto a Twitter. Contesta de igual forma a invitaciones a encuentros de escritores en el exilio (“¡Yo no estoy en el exilio!”, les dice) que a las dulces palabras de una guapa tuitera, publica retratos con sus amigos (Günter Grass, Nadine Gordimer o Toni Morrison) y es gentil con sus seguidores: Avisa que estará desconectado para terminar su nuevo libro: “See you when it’s done in a year or so”.

Hoy, Rushdie ya no es el autor que vivía escondiéndose y desafiando un edicto islámico. Su historia como escritor fugitivo es conocida, y la detalla con sentido del humor en su más reciente publicación, Joseph Anton (Penguin Random House, 2014), sobrenombre que adoptó cuando la fatwa lo condenó a esconderse detrás del nombre de dos de sus autores favoritos: Anton Chéjov y Joseph Conrad. En este libro recuerda cómo mientras su primera esposa le pedía el divorcio, recibió la llamada de una periodista para avisarle que minutos antes se había emitido una sentencia de muerte en su contra.

Habían pasado sólo unos meses desde la publicación de Los versos satánicos –obra considerada blasfema para los musulmanes–, libro que le valió quedarse sin familia y sin libertad. Era el 14 de febrero de 1989 cuando el imán Jomeini declaró que su cabeza tenía precio. El problema se transformó en un asunto de orden público tan grande, que él no pidió hablar al respecto ni defenderse.





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