El estado de la unión de Bruce Springsteen


Jon Stewart platica con Bruce Springsteen acerca de ‘Wrecking Ball’, la muerte de Clarence Clemons, y el abismo que existe entre la realidad de Norteamérica y el “sueño americano”


POR Staff Rolling Stone México  



Jon Stewart platica con Bruce Springsteen acerca de 'Wrecking Ball', la muerte de Clarence Clemons, y el abismo que existe entre la realidad de Norteamérica y el "sueño americano"

Jon Stewart ha tomado asiento frente al héroe para conversar acerca de ‘Wrecking Ball’, la muerte de Clarence Clemons y el abismo que existe entre la realidad de Norteamérica y el “sueño americano”

Estos dos chicos de Nueva Jersey, hombres muy serios cuyos trabajos son un tanto ridículos, abordarán esta noche numerosos temas. “Cuando se dirige a su público”, dice Jon Stewart, “él invierte tiempo y esfuerzo en dicho diálogo. Quiere que su música gire en torno a ciertos temas”. El anfitrión de The Daily Show se refiere a Bruce Springsteen, pero también a sí mismo: Stewart y Springsteen han hallado ciertas maneras de insertar un propósito férreo en el canto y la comicidad. Pero hay otra manera de ver las cosas, señala Stewart riendo: “Están en un negocio en el que se supone que tendrían que divertirse, ¿qué carajos les pasa?”.

A lo largo de los últimos años, Stewart ha sido testigo de la transformación de su fanatismo en auténtica amistad. “No me parece un asunto surrealista”, dice con marcado sarcasmo. “Es lo más natural del mundo. Es muy difícil reconciliar la posibilidad de sentarse a pescar en un pequeño estanque de Nueva Jersey con el tipo que, durante años, te hizo viajar ‘de aventón’ por la carretera I-95 para verlo sobre en un escenario en Filadelfia. Creo que la única banda que he visto más veces que a Springsteen es al grupo que le rinde tributo, Backstreets. No quiero que él se entere de lo patético que puedo ser”.

Stewart creció en Lawrenceville, Nueva Jersey, 48 kms. al noroeste de la casa de juventud de Springsteen, ubicada en el condado de Monmouth. “Cada uno de los carros mencionados en sus canciones te hacían pensar: ‘Ese lo vi a unas cuadras, en el patio trasero de un vecino”. La primera vez que vio a Springsteen fue durante la gira realizada en 1978 para promocionar Darkness on the Edge of Town, a los 15 años de edad. “La primera vez que escuchas Darkness, no hay opción: Algo te incita a planear tu salida de Jersey”, dice Stewart. (Como Springsteen, Stewart regresó eventualmente y ahora tiene una casa ahí: “Con el tiempo te das cuenta de que, en realidad, ¡Nueva Jersey no tiene nada de malo!”). En el nuevo álbum de Springsteen, Wrecking Ball, sus personajes no desean escapar, sólo quieren encontrar trabajo. Con temas tan ferozmente populistas como “Death to My Hometown” y “Jack of All Trades”, Springsteen pinta un retrato de una Norteamérica en la que “El banquero engorda/Y el trabajador pierde peso”. El cantante quería que las nuevas composiciones abordaran “lo que lo ha ocurrido al tejido social del mundo en el que vivimos”.

Los dos hombres hablaron a lo largo de dos horas y Springsteen reveló los detalles de su proceso creativo, el dolor ocasionado por la muerte de Clarence Clemons y el furioso patriotismo que da fuerza a Wrecking Ball. Al terminar, Stewart le entregó la grabadora a un empleado de Rolling Stone: “Aquí tienes, la mayor parte está ahí”. “Escucharás canciones de borrachos”, añade Springsteen

“Y casi todas en hebreo”, dice Stewart.

Amigo, ¿cómo has estado?

¡Bien! Hemos estado ensayando con todos los miembros del grupo en una base militar abandonada en Fort Monmouth, Nueva Jersey.

Conozco el lugar. Cada vez que paso por ahí pienso en The Andromeda Strain. Pienso en una de esas cintas de horror con estructuras intactas, o un poco retocadas, pero no hay nadie alrededor.
Así es. Hay una sala de ensayo y nosotros somos los únicos pobladores. Somos la única pieza de caza. Y lo gracioso del asunto es que yo toqué ahí, en el club para adolescentes y en el de oficiales; tenía unos 16 años –una tocada entre muchas–. Es chistoso que hayamos vuelto, justo ahora que ya no queda nadie.

Este álbum no parece tanto un trabajo de The E Street Band, sino un proyecto solista, ¿cómo describirías el proceso creativo?
Comenzó como música folk, cantaba estos temas con una guitarra acústica. Incluso, en ese periodo, ya podía imaginar cuando menos un 50% de los arreglos. Cada vez que dejaba de tocar la guitarra, me ponía a jugar con los otros instrumentos, y en una hora ya tenía el esqueleto de lo que podía escuchar en mi cabeza mientras cantaba. Grabé muchas cosas con la acústica, cantando y añadiendo sonidos pregrabados, entre ellos algún ritmo hip hop o country. La batería real vino después, tenía una idea muy clara de los instrumentos que utilizaría. Era libre de tomar cualquier dirección, hacer lo que me viniera en gana, emplear cualquier cosa. El proyecto mantuvo abiertas las puertas de par en par.

Hay canciones que me hacen sentir como si hubieras salido por unas cervezas con The Chieftains. Como si hubieras decidido poner a prueba su influencia.
Me ayudé de muchos elementos folk y celtas, porque la música me sirvió para generar un contexto histórico. “Death to My Hometown” semeja una canción rebelde irlandesa, pero en realidad trata de lo que ocurrió hace cuatro años. Quiero que la gente sienta que esto es algo que ha ocurrido varias veces; lo que pasó en 2008 pasó a finales del siglo pasado, y luego a principios del nuevo siglo, es un ciclo histórico y repetitivo que desciende siempre en las cabezas de las mismas personas.

Pudieron haberla cantado en 1840, 1860…
O ayer mismo. “Shackled and Drawn” es la misma cosa, es como una canción de esclavos, un canto que se extiende por los campos de cultivo.

Al final podemos escuchar el saxofón de Clerence en “Land of Hopes and Dreams”, y su sonido te golpea sin clemencia en la boca del estómago. Es muy poderoso.
Es muy hermoso. Es una pérdida que no seremos capaces de superar.

¿Te hizo pensarlo dos veces antes de salir de gira?
No, yo sabía que volveríamos a los escenarios y sabía que la banda continuaría. Hay dos cosas: El público necesita saber que la banda seguirá viva y que será capaz de seguirles brindando entretenimiento. Además, la gente necesitará extrañar a Clarence, ésa es la otra parte del show, todos lo echaremos de menos.

Pero todo esto es una manera de decir que las corrientes vitales dominan todos los mundos, incluso el plano fantástico y de ensueño de la música pop. No hay opción. Somos como todos los demás. Y sólo intentamos entender. No sé qué ocurrirá la noche que iniciemos la gira, tampoco tengo idea de lo que pasará durante nuestra décima presentación; no hay quien pueda saberlo. Es una experiencia que tendremos que compartir con el público en esta gira.

¿De qué manera afectó su muerte al proceso de grabación del disco?
El disco ya estaba grabado, aunque yo aún deseaba que Clarence participara. La semana antes de su muerte le llamé para verlo cuando regresara de Los Ángeles, en donde estaba trabajando con Lady Gaga. Estaba teniendo problemas con las sensaciones de su mano. Lo sentí preocupado y me preguntó si primero podía ir a Florida a una consulta médica. Fue la única vez en su vida que Clarence canceló su participación en una sesión de grabación. Le dije que sí, que más adelante nos pondríamos al corriente.

Una semana después ya estaba en el hospital. Había sufrido sufrido un paro cardíaco. Volé a Florida y acompañé a su familia mientras lo rodeábamos en su lecho de muerte. Nunca recuperó la conciencia del todo pero, durante los primeros días, solía apretar mi mano cada vez que escuchaba mi voz. Luego todo empeoró. Asistí al funeral y después regresé a casa, porque tenía que volver al estudio para acabar el disco. El productor, Ron Aniello, me saludó y una vez ubicados en el cuarto de la consola, me dijo: “Siento mucho lo de Clarence. No sabía qué hacer cuando fui informado, así que volé a Los Ángeles y salvé esto, que proviene de una de las tomas en vivo de la canción”. Puso en marcha “Land of Hope and Dreams”, y durante la sección de los solos, el saxo de Clarence llenó la habitación. Lloré. Así que él está ahí, gracias a la magia de la tecnología”.

“Hope and Dreams”, así como otros de los temas que conforman la segunda parte del álbum, parecen recorrer un amplio espectro, que va de lo personal a lo político y desemboca en lo espiritual.
Bueno, la primera parte aborda el enojo. El tema abridor, “We Take Care of Our Own”, sirve para que yo formule las preguntas que más tarde intentaré responder. El coro de la canción es un desafío y una pregunta. ¿Sabemos cuidar a los nuestros? ¿Qué ocurrió con el contrato social? ¿Qué nos han hecho los últimos 30 años? ¿Cómo es que todo se ha erosionado de esta forma? ¿Cómo es posible que semejante erosión haya permanecido bajo llave hasta hace muy poco? He escrito acerca de todo esto a lo largo de tres décadas, desde Darkness on the Edge of Town hasta The Ghost of Tom Joad, y ahora de nueva cuenta. Todo esto es producto de la recesión que nos tocó con Carter a finales de los setenta y mientras abordaba este tema por escrito, mi cuñado perdió su trabajo como albañil y se convirtió en el intendente de la secundaria local. Todo esto cambió su vida.

Estas son situaciones que acontecen una y otra vez a lo largo de la historia y que siempre aterrizan sobre los hombros de las mismas personas. En mi música –si es que el propósito de ésta va más allá del baile, el entretenimiento o los sonidos de fondo mientras limpias tu casa– siempre intento medir la distancia que existe entre la realidad de Norteamérica y el sueño americano. El mantra en el que desemboca el último verso de “We Take Care of Our Own” quiere decir: ¿Dónde está todo eso, qué la ha ocurrido a ésto a lo largo de los últimos 30 años? ¿Qué la ha sucedido al tejido social del mundo que habitamos? ¿Cuál es el precio que la gente paga por esto, todos los días?”. Viví con esto cuando niño, intensamente, y tal vez este punto sea la motivación principal detrás de los temas que siempre he tratado.

Alguien señaló en The New York Times que “We Take Care of Our Own” era un tema demasiado patriotero.
No sé quién lo dijo, pero esa persona necesita un compositor pop más inteligente.

[Risas] Lo que nos remonta a las épocas de “Born in the U.S.A.”, un tema sumamente incomprendido.
Claro. Esta vez no lo he sentido tanto, pero uno tiene que dedicarse a componer las mejores canciones, luego publicas los resultados y esperas a ver de qué manera todo vuelve a ti. Últimamente, pareciera que la polarización del país se ha vuelto tan extrema que la gente sólo desea forzar las cosas para que seas un falso “patriota” o una especie de “apólogo”. El diálogo político detallado o la expresión creativa han quedado obstaculizados a causa de la descomposición del discurso político, lo que a su vez ha infantilizado el discurso nacional. No estoy a gusto y por ende no puedo apoyar algo así.

¿Cuál es la línea de pensamiento que subyace a “Easy Money”?
Eso se refiere a la criminalización callejera del dinero con el que se juega en Wall Street. Es acerca del tipo que dice: “Todos se llevan sus tajadas sin dar nada a cambio, yo quiero mi parte”. El ajetreo monetario ha sido legitimado a lo largo de los últimos cuatro años, y ahora algunos experimentan un tremendo nivel de riesgo y codicia, sobre todo en la cima de la industria financiera, y muchos logran escapar sin rendir cuentas. Esta falta de rendición de cuentas es como un veneno inyectado justo en el corazón del país. Se remonta al asunto Watergate, el cual legitimó el jaleo en las cimas y justificó también a los maleantes callejeros. El país estuvo a punto de colapsarse. Todos los hippies radicales, los greñudos, nadie estuvo tan cerca de acabar con Estados Unidos como los trajeados.

No puedes mantener vigente el contrato social con una disparidad tan radical, terminarías cortando al país por la mitad. Sin empleos, sin querer ayudar a la gente en el plano de las hipotecas, sin regulaciones para los bancos, sin reformas para los impuestos. ¿Mitt Romney pagó el 15% en materia de impuestos? Si no abordamos de alguna manera todos estos asuntos, no creo que el país logre mantenerse en pie. Entiendo los efectos de la globalización pero, al final, no puedes tener una sociedad o una civilización careciendo una cantidad razonable de justicia económica, sin empleos seguros, ni un propósito o responsabilidad cívica.

Has compuesto acerca de pobres que quieren ser ricos, de ricos que quieren ser reyes. Y lo has hecho desde los años setenta. Justo esto es lo que me agradó de lo que acabas de comentar, existe una cierta condición universal, incluso atemporal. Tus motivaciones no cambian.
A lo largo de casi toda mi vida he podido atestiguar un aumento en el plano de la inequidad. Esto comenzó a ser noticia recientemente, con el movimiento de Occupy Wall Street, pero ya se veía venir, y me parece que, bien o mal, esta misma dinámica la pude experimentar de niño y jamás pude olvidar. Experimenté lo que ocurre cuando, por ejemplo, la figura masculina de tu casa no encuentra trabajo, a pesar de sus grandes esfuerzos, y cuando la mujer se convierte en la fuente principal del sustento. Eso pasó en casa. Y lo mismo ocurre ahora en miles de casas a lo largo y ancho del país: La gente que trabajaba fuera de casa, que se dedicaba a la construcción, a la manufactura, sobre todo esta clase de gente, comenzó a percatarse de la desaparición de sus oportunidades laborales. Por su actitud o educación no los han preparado para soportar de inmediato la economía de servicios, la economía imperante de nuestro presente. Y esto ha resultado devastador tanto para la clase media como para los trabajadores. Esta fue mi historia, y sólo he escrito al respecto. He contado esta historia a lo largo de tres décadas porque la viví de niño, la atestigüé todos los días y noté sus efectos. Constaté la crisis que generó. Vi cómo se perdía el sentido de la masculinidad. Algo espantoso para un niño pequeño, y a la vez algo cotidiano y que jamás disminuyó.

Creo que la gente puede notar esto y decir: “Pero tú vives confortablemente, ¿cómo podrías entender esto en realidad?” Aunque queda claro que ha quedado marcado genéticamente en tu alma. Tu vida ahora no importa mucho.
Hablamos, escribimos, pensamos e incluso a mi edad, experimentamos a través del velo de nuestros años formativos. Esto nunca se va. Tengo una metáfora. Yo suelo decir: “Miren, están dentro de un carro, sus nuevas maneras de ser, pueden tomar asiento, pero las personalidades viejas no podrán salir jamás”. Puedes brindarle a tu vida una nueva visión, una renovada directriz, pero no puedes perder u olvidar lo que has sido o visto. Gente nueva puede entrar, pero nadie podrá salir jamás: El chiquillo de los años cincuenta permanecerá ahí para siempre. El adolescente, todos han quedado ahí dentro. Estarán contigo hasta que termine el viaje, aunque te hayas olvidado de algunos.

Y siguen ejerciendo una influencia sorprendente.

Lo importante, claro, es saber quién conduce. A veces esperarías ver a uno de tus mejores ángeles al volante. No siempre ocurre, pero hay que hacer un esfuerzo para que así sea. ¿Por qué siempre escuchamos hablar del magnate que acapara los Kleenex, como si fuesen los últimos de la historia? ¿A que se deberá que mi suegra apague todas las luces de su casa? Ella creció durante la Gran Depresión, cuando las malditas luces tenían que ser apagadas y sólo utilizabas la que realmente necesitabas. Esos monstruosos cambios económicos dejan huella en las profundidades de las personas. La gente a la que esto le está ocurriendo en el presente experimentará cambios radicales en su vida; cambiará tu manera de crecer y la forma de pensar, y los cambios serán irreversibles.

Pierdes la confianza.
Y ese malestar se queda contigo aunque la economía mejore, incluso si obtienes una buena oportunidad. El efecto acumulativo de estas recesiones y el castigo recibido por la población constituyen algo tan profundo que, en realidad, estas cosas nunca desaparecen.

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