El gran monstruo del cine mexicano


Guillermo del Toro, director tapatío, se encuentra en un momento clave de su vida: su película ‘La forma del agua’, es la cinta más nominada al premio Óscar, con 13 menciones, lo que lo consolida como uno de los mejores del mundo y ni los rumores de plagio opacan la extraordinaria reputación de este realizador.


POR Daniela Nuño  



Fotoarte de Claudia Meza

El director siempre soñó con monstruos, pero no estaba seguro de poder convertirse en uno, así que los creó y filmó durante toda su vida. Gracias a ello, hoy, el realizador está transformado en el más grande “monstruo del cine mexicano contemporáneo” y lejos de perder el piso, “El Gordo”, como cariñosamente lo llama todo el mundo, tiene una de las mejores reputaciones en el séptimo arte. “Siempre sonríe”, “Está para todo el mundo”, “Puede pasar horas firmando autógrafos”, “Es el gran genio detrás de los ‘Tres amigos’”, son frases que continuamente se escuchan sobre Guillermo del Toro. Su talento, calidad cinematográfica y humana no están en discusión, ni aún cuando en los últimos meses, que hubo acusaciones de plagio, lo han llevado a estar en el “ojo del huracán”, y es que dicen “que sólo a los más grandes se les pega”.

Y es que el cineasta mexicano está a punto de incrustar su nombre en la historia dorada del cine hollywoodense, las 13 candidaturas al Premio Óscar de la Academia por su más reciente cinta La forma del agua, así lo decretan, y junto a Alfonso Cuarón y Alejandro G. Iñárritu, sus amigos del alma, marca ya una nueva era de oro en el cine mexicano.

“No me siento la punta de lanza de nada o el líder de nadie, lo que es hermosísimo para mí ha sido el sentirme parte de un equipo, recuerdo la primera vez que estuvimos nominados al Óscar; Alfonso, Alejandro y yo, pero era para ver quién anotaba un gol; nosotros nos sentíamos parte del mismo equipo y decíamos ‘a ver quién anota’, era un Mundial, y luego, el año siguiente anotó Alfonso y el descanso que llegó fue gigantesco, o sea a partir de ahí ya no hay una materia pendiente; luego anotó Alejandro y volvió a anotar Alejandro y ya es una repetición maravillosa, o sea, de verdad respiramos”, señala Guillermo en entrevista exclusiva.

Sin falsa modestia, sino con la sencillez que lo caracteriza, Del Toro no busca destacar en solitario, tampoco sólo con su generación, sino que se dedica a coachear a quien viene detrás, a quien lo sorprende y así como es generoso con su público, también lo es con sus colegas. “Yo veo a Carlos Reygadas conquistar los festivales internacionales y me siento con un orgullo enorme, a Amat Escalante cómo crea su propia narrativa y lo admiro, yo sí creo que nuestra generación vive el cine como equipo, se vive como equipo; hay una camiseta que no sé si existía antes, pero sí existe ahorita”.

Un cine adulto
El cine para Del Toro es pasión, es vida, por ello no se sienta en la zona de confort, en el camino que ya tiene andado, comprobado y configurado, sino que busca arriesgarse aunque con ello genere controversias, falsos rumores y hasta uno que otro detractor de su forma de hacer el séptimo arte. “Cuando te preguntas: ‘¿Qué arriesgas como narrador?’, pues es una parte, pero cuando te preguntas: ‘¿Qué arriesgas como persona?’, entonces, es todo. Con la edad, el tiempo, te das cuenta que el fracaso y el éxito son vecinos y es la misma puerta, de hecho no sabes quién va a abrir, tienes que timbrar con la misma fe y entonces arriesgarte”, señala. “Esta película (La forma del agua) se hizo con un presupuesto infinitamente menor del que yo creía que necesitaba, pero se logró que se viera enorme. Es una película en la que por fin hablo de fuerzas adultas, políticas, sociales, sexuales, que es francamente adulta, pero con un corazón muy puro y muy esperanzado”, confiesa. “La esperanza es un riesgo muy grande porque las otras películas de una forma o de otra llevaban desesperanza, pesimismo, desilusión, pérdida y ésta, para mí, habla de la esperanza y la posibilidad”.

Según Del Toro, la forma en que hace su cine también ha cambiado con el tiempo, de cada proyecto aprende y se lleva una enseñanza, no se duerme en los laureles, se compromete cada vez más.

“Yo amo La cumbre escarlata, pero se lanzó como filme de terror cuando era un romance gótico. ¿Por qué? Porque debió haber costado 25 millones de euros y se fue a los 55 millones y se promocionó de forma más vasta. Aprendí. La forma del agua costó 19 millones, fue un rodaje infernal, lleno de sufrimiento, una de mis tres peores experiencias, pero puedo venderla como lo que es, un cuento de hadas adulto y no una película de acción y secuestros. Y al final quedó como yo quería”, comenta.



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